Resumen para apurados
- Psicólogos advierten que la demora al responder mensajes no define el valor personal del emisor, sino que suele deberse a la rutina y gestión del tiempo ajenas.
- La cultura de la inmediatez tecnológica genera una ansiedad excesiva que lleva a proyectar temores individuales de rechazo o una búsqueda constante de validación.
- Comprender que la desconexión o las pausas digitales son saludables permitirá reducir la dependencia emocional de las pantallas y mejorar los vínculos interpersonales.
Las nuevas tecnologías le generaron al silencio un tono negativo. Si un mensaje no es respondido se interpreta que la relación entre el emisor y el receptor no está pasando por un buen momento. Ese posicionamiento lo adopta quien envía el mensaje, pero ¿es para tanto? Desde la psicología advierten que la ansiedad es excesiva en la situación al punto que no permite discernir el abanico de posibilidades que no implican una carga peyorativa en la respuesta demorada.
“Estamos poniendo en un acto comunicativo cualquiera una función muy grande y completamente alejada de la realidad, es decir, estamos evaluando nuestra propia valía como individuo en un contexto que nada tiene que ver con la misma”, explica a la web CuídatePlus Andrea Vega, psicóloga general sanitaria. “El individuo convierte la situación en un examen, de la relación, de los cuidados que recibo o del respeto que merezco”, sintetiza la experta.
Un punto clave que señalan los psicólogos es que la lentitud en responder no suele ser una evaluación del valor personal. Muchas veces proyectamos temores propios (miedo al rechazo o búsqueda constante de validación) en el silencio del otro, cuando la causa suele responder simplemente a la rutina o gestión del tiempo de la otra persona.
A tener en cuenta
Para que enviar un mensaje vía celular no se vuelva algo insano porque no hay una pronta respuesta del otro lado, es mejor concientizar que hay muchos motivos que justifican la ausencia del otro. Ocupación real y gestión de tareas: Estar trabajando, conduciendo, reunido o realizando actividades que requieren atención inmediata.
La persona decide priorizar su tarea actual antes de ponerse al teléfono, por ejemplo. Muchas veces sucede que hay una postergación consciente, pero benévola, ya que el mensaje llegó en un momento de prisa. La persona piensa en responderlo más tarde con más calma o detenimiento, y terminar olvidándose momentáneamente.
También puede haber un deseo deliberado de reducir el tiempo frente a las pantallas. La necesidad de desconexión digital por saturación de notificaciones es muy propio del cansancio de la inmediatez tecnológica que lleva al uso de modos "no molestar" retrasando la respuesta por un “respiro”.
Apatía
Dentro de los patrones está el desinterés o falta de reciprocidad, lo que sí es complejo porque la persona no muestra iniciativa ni cuidado en la relación porque así lo quiere. En algunos casos, responder a ciertos mensajes (por su contenido o compromiso) genera tensión, por lo que la persona posterga la respuesta para evitar el malestar momentáneo. “Puede ser más frecuente en personas con un gran temor a no ser suficiente, a ser rechazadas o abandonadas o, lo que es lo mismo, personas con un gran anhelo: sentirse constantemente validadas y queridas como forma de asegurar su valía y sensación de ser queridas”, dice Vega. Eso sí, tardar varias horas en responder un mensaje no tiene por qué ser necesariamente una señal de desinterés.







