La insoportable levedad del Excel

La insoportable levedad del Excel

Entre los récords que exhibe el Gobierno y los que padecen muchas familias se ensancha la distancia entre los datos acumulados y las particularidades de la vida cotidiana. Mientras Milei reivindica “la mejor película de la historia argentina”, el endeudamiento y el temor al desempleo marcan el humor social. A catorce meses de las presidenciales, un creciente “ningunismo” revela una sociedad que no quiere volver atrás, pero tampoco encuentra cómo seguir adelante.

Daniel Dessein
Por Daniel Dessein 23 Agosto 2026

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

Consumo récord, exportaciones récord, 14 millones menos de pobres. Este jueves, durante su exposición en el Council de las Américas, el Presidente subrayaba las que consideraba cumbres de “la mejor película de la historia argentina”, sin disimular la irritación propia de un incomprendido. Mientras Milei presume con ciertas marcas, un alto porcentaje de las familias argentinas sufre otros récords, como el de endeudamiento o el de morosidad. Más que una disonancia cognitiva en esta aparente contradicción, hay sesgos en las miradas.

El consumo récord abarca rubros que la gente consume igual, o menos, que antes. La luz, el gas, el transporte, la educación privada o las prestaciones de salud valen mucho más que hace tres años. Ciudadanos que pagan más pero consumen menos bienes y servicios. El Indec indica consumo general al alza mientras crece el número de los que no llegan a fin de mes, y que explica la caída del consumo masivo. La ambigüedad semántica y la recriminación implícita en el discurso presidencial generan una fuerte fricción con un amplio segmento de la población.

Hay precios que suben y otros que, en términos relativos, bajan. Entre los últimos, de mano de la apertura comercial, los de rubros como tecnología o indumentaria. El problema es que el salario disponible sufre primero los costos fijos que absorben de arranque sus márgenes. El deterioro del poder adquisitivo y los temores ligados al empleo treparon a los primeros puestos de la lista de preocupaciones ciudadanas, dejando bastante abajo a la inflación, preocupación prioritaria en los inicios de la gestión.

Contrapuntos

Más allá del desacople entre macro y micro, entre el Excel y el humor social, hay también una distancia entre el discurso de funcionarios y referentes del Gobierno con el del conductor. El ministro de Economía admitió la necesidad de reactivar la actividad, Patricia Bullrich dijo que se necesita otra velocidad para que los resultados se sientan en la vida cotidiana, Agustín Laje advirtió que si la derecha latinoamericana no transforma el metro cuadrado de la gente habrá un movimiento pendular hacia la izquierda. La mayoría de los funcionarios se esfuerza por mejorar su plasticidad política. Voces y gestos que desentonan con la metáfora homérica que usa Milei sobre su decisión de atarse al mástil para no sucumbir a los cantos de sirena de la monetización y las formas.

Para su última aparición pública, este viernes, el Presidente eligió la Bolsa de Comercio de Rosario, otro escenario históricamente amable que se pobló de murmuraciones sobre la viabilidad electoral de un discurso deficitario en empatía. Hablaba ante una audiencia que reconoce, como una mayoría de la población, la importancia de haber recuperado el equilibrio de las cuentas públicas y el impulso de una inflación a la baja como base de una imprescindible estabilización. Son manos que aplauden pero que no se meten en sus propios bolsillos para invertir.

¿Nos vamos a seguir psicopateando?, preguntó Milei en alusión a las amenazas expropiatorias de un gobernador como Ricardo Quintela. Esas amenazas son la mejor propaganda para el oficialismo y un espantapájaros para la inversión.

Milei describió las preocupaciones sobre la morosidad como una operación política y mediática. Sostuvo que los retrasos en los pagos no son mayores que los de un país como Estados Unidos y desvinculó al Gobierno de cualquier responsabilidad. Negar una crisis que afecta a más de cinco millones de argentinos desconecta el discurso oficial de las inquietudes ciudadanas y mina la posibilidad de regenerar expectativas. El Gobierno prometía a esta altura los “mejores meses de la historia”.

El trilema argentino

El economista Esteban Domecq describe el callejón en el que está atrapada la economía como un trilema. Es muy difícil equilibrar las cuentas, bajar la inflación y dinamizar la actividad al mismo tiempo. El Gobierno apostó a los primeros dos vértices del triángulo pero la opinión pública acumuló atención en el vértice aletargado. Ese foco explicaría las caídas de imagen de la gestión en todas las encuestas.

La convicción del Presidente es que los números que él destaca implican un proceso en el que los sectores estratégicos vuelcan los beneficios de su crecimiento en el conjunto. Esa es la gran discusión en esta coyuntura. “Vaca Muerta termina en el colchón y Punta Cana” contrapone un economista como Carlos Melconian. O sea, las nuevas divisas generadas por la energía y la minería en particular, que complementan a las del agro, mejoran notablemente la balanza comercial y la disponibilidad de dólares pero no acabarían traduciéndose, al menos en el corto plazo, en adquisición de bienes y servicios que motorizan la economía.

No lugar

Faltan catorce meses para las elecciones presidenciales. Una eternidad para la Argentina. Sin embargo el debate público está lleno de especulaciones sobre las perspectivas del oficialismo. En los últimos catorce meses, el Gobierno pasó de merodear el nocaut en septiembre del año pasado a pronósticos de reelección asegurada que duraron hasta el final de la luna de miel reformista con el escándalo Adorni. Después de su renuncia y del limbo del Mundial, la discusión pública pasó a la cancha económica, como buscaba el oficialismo. Pero el mileísmo pareció desacoplarse de la ciudadanía frente a inquietudes profundas como el endeudamiento o el enfriamiento de la actividad. Aunque desconectados, la caída del consultor Fernando Cerimedo, coincide con una fuerte crisis de la potencia digital del oficialismo, su marca de fábrica. Del otro lado, la reunión del tridente Kicillof - Massa - Máximo Kirchner actualizó en el imaginario la posibilidad de un movimiento pendular. A unos les cuesta “farmear aura” mientras los otros dan “cringe”, dirían los adolescentes de hoy.

Aparece una creciente orfandad en los sondeos. Una encuesta de Pulsar UBA muestra a un 42% de los consultados desprovistos de identificación política. Es un creciente “ningunismo”. Ciudadanos en “modo avión” que ante un mandatario que da la espalda a sus dramas y una oposición que toca canciones viejas, practican ensimismamientos paralelos, una desapropiación progresiva de lo público.

“La gente no quiere volver atrás pero no puede seguir hacia adelante”. La frase capta una extendida sensación en la sociedad argentina de hoy. La Tierra prometida por el mileísmo ha perdido sus destellos originales para muchos y los fantasmas del pasado siguen asustando. Lo que no aparece todavía es un discurso que sintonice con amplias franjas de una sociedad cansada que aguarda el futuro, en desesperanzada espera.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios