La notoriedad alcanzada en estos momentos por la película La Odisea, de Christopher Nolan, ha convertido nuevamente al poema homérico en un tema de conversación actual. En consonancia con esta recobrada actualidad, nos parece entonces oportuno recordar la recreación de uno de los famosos personajes mitológicos del poema realizada por Julio Cortázar, quien recupera al personaje de Circe en el cuento homónimo, incluido en Bestiario (1951). El nombre de Circe en el título del cuento no aparece como una referencia erudita, sino que funciona como una clave para leer el personaje.
Recordemos que en la Odisea Circe aparece en el canto X. Allí, Ulises y sus compañeros llegan a la isla de Eea después de haber atravesado numerosas dificultades. Algunos de los hombres entran en el palacio de Circe, donde esta los recibe aparentemente con hospitalidad. El banquete que les brinda es una trampa, ya que mediante sus poderes mágicos los transforma en cerdos. Circe no necesita vencer físicamente a los hombres, pues su poder consiste en alterar su naturaleza.
Por otra parte, cuando Ulises se enfrenta a Circe, la situación cambia, ya que el dios Hermes le entrega una planta mágica que lo protege de los poderes de la hechicera. Ulises consigue entonces obligarla a devolver la forma humana a sus compañeros y Circe deja de ser enemiga y se convierte en aliada, orientando al héroe griego sobre el camino que debe seguir.
De Eea a un barrio porteñoLa Circe homérica es, por lo tanto, un personaje ambiguo, pues es peligrosa y seductora, pero también hospitalaria y finalmente colaboradora del héroe. No es simplemente una “mujer malvada” que intenta destruir a Ulises. Su poder es mucho más complejo, dado que puede a la vez transformar, retener, seducir y hasta ayudar.
Cortázar toma el personaje y realiza una operación radical. En su cuento ya no hay una isla ni una diosa; la historia ocurre en un barrio de Buenos Aires. La Circe cortazariana es Delia Mañara, joven cuya vida está rodeada de rumores, pues dos de sus antiguos novios, Rolo y Héctor, han muerto en circunstancias sospechosas. Mario, el protagonista, se enamora de ella pese a las advertencias de los vecinos y a la desconfianza que provocan las muertes anteriores.
Delia prepara licores y bombones caseros, ocupando ese detalle cotidiano en el cuento el lugar que ocupaban las pócimas y los alimentos encantados de la hechicera. Mientras en Homero Circe utiliza aquello que ofrece a sus huéspedes para transformarlos, en Cortázar Delia prepara dulces que pueden esconder algo mortal. Este es un aspecto fundamental que distingue un relato del otro.
La magia antigua se convierte en una posibilidad que puede ser explicada racionalmente. En la versión del escritor argentino no termina de resolverse con claridad si Delia verdaderamente posee poderes especiales. En la Odisea, sabemos que la magia existe. El lector no necesita decidir si el hechizo ocurrió, ya que efectivamente ocurre dentro de las reglas del mundo narrado. Por el contrario, en Cortázar la ambigüedad es constitutiva del relato, pues la Circe moderna puede ser una hechicera, una asesina o simplemente una mujer psicológicamente perturbadora. El cuento se instala en ese espacio incierto donde lo sobrenatural puede estar ocurriendo o puede ser el modo en que los personajes interpretan una realidad que los inquieta.
Persistencia del hechizo
También existe una marcada diferencia entre las relaciones Circe/Ulises y Delia/Mario. Ulises entra en el mundo de Circe y consigue vencer su poder gracias a la protección que recibe de Hermes. Su inteligencia y la ayuda divina son las que le permiten recuperar a sus compañeros y abandonar la isla. En cambio, Mario no dispone de esa protección. Entra voluntariamente en el mundo de Delia porque está enamorado y la atracción no es un obstáculo que deba superar, sino que es precisamente aquello que lo conduce hacia el peligro.
La relación amorosa se convierte así en el cuento en una forma de hechizo y los bombones son el instrumento perfecto para esa transformación. Son pequeños, delicados, domésticos y no tienen nada de sobrenatural. Sin embargo, dentro del cuento adquieren una función semejante a la de los alimentos ofrecidos por Circe en la Odisea, es decir, aquello que se come puede modificar el destino de quien lo recibe.
La Circe de Homero posee un poder que consiste en hacer visible una transformación, pero la de Cortázar posee un poder más inquietante, pues logra hacer que nunca sepamos con certeza si la transformación es real. Los rumores sobre sus antiguos novios, su relación con los animales, sus conocimientos para preparar alimentos y bebidas, su comportamiento extraño y la fascinación que ejerce sobre Mario construyen alrededor de ella una zona de misterio.
En el mundo de Homero, la magia es posible y el héroe debe encontrar la manera de vencerla. En el mundo de Cortázar, la magia se vuelve inseparable de la incertidumbre. Ya no sabemos si en un mundo aparentemente racional y cotidiano seguimos viviendo bajo el poder de viejos encantamientos.
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Carlos Cámpora - Licenciado en Letras (UBA), magíster en Sociología de la Cultura (Unsam) - IG @carloscampora100







