Alumnos tucumanos buscaron influencers para hablar sobre apuestas online: “Todos nos dijeron que no”
Resumen para apurados
- Estudiantes de Tucumán, Argentina, convocaron a influencers para concientizar sobre apuestas online, pero todos rechazaron al promocionar ya esos sitios de juego.
- Los jóvenes buscaron alertar a sus pares sobre los riesgos del juego digital en redes, evidenciando el rol clave que cumplen figuras públicas en la difusión de las apuestas.
- La negativa evidencia la fuerte presencia del patrocinio de casinos virtuales en redes, dificultando las campañas para frenar el avance de la ludopatía juvenil.
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La idea parecía lógica: si los adolescentes pasan buena parte del día en las redes sociales, el mensaje sobre los riesgos de las apuestas online también debía circular por ahí. Por eso, un grupo de estudiantes tucumanos buscó a figuras públicas e influencers de la provincia para que participaran de una campaña dirigida a otros jóvenes.
Incluso habían previsto pagarles por el contenido, pero la respuesta no fue la que esperaban. “Todos nos dijeron que no porque ellos promocionan estas cosas y hacer un video diciendo que está mal o que busquen otras alternativas es contradecirse”, contó Agostina Denise Carrizo, alumna del Colegio San Isidro Labrador, durante una conversación con “Panorama Tucumano”, el programa de televisión de LA GACETA.
La negativa les permitió detectar una contradicción: algunas de las personas con mayor capacidad para difundir un mensaje sobre los riesgos de las apuestas ya tenían vínculos comerciales con ese mundo. El intento de campaña no salió como esperaban, aunque la respuesta de los influencers terminó convirtiéndose en parte de lo que buscaban mostrar.
Los jóvenes forman parte del concurso “Territorio Digital: ¿Quién tiene el control?”, organizado por COMFYE. En ese marco, trabajaron en sus escuelas sobre el uso responsable de la tecnología, los riesgos del entorno digital y la importancia de tomar decisiones conscientes.
También realizaron talleres y actividades entre sus compañeros. A partir de esa experiencia, pensaron una campaña que pudiera llegar a más adolescentes a través de las personas que siguen todos los días.
Cuando la publicidad parece un contenido más
Los influencers ocupan un lugar importante en este fenómeno porque muchas veces promocionan plataformas de apuestas dentro de contenidos que los adultos no consumen, pero que sí forman parte de la rutina de niños y adolescentes. Además, esa publicidad no siempre se presenta como un aviso claramente identificable.
Puede aparecer como una recomendación, una conversación cotidiana, una demostración durante una transmisión o una historia asociada al éxito y al dinero fácil. Al mezclarse con el lenguaje habitual de las redes sociales, la promoción puede pasar más inadvertida.
“Los jóvenes ingresan a las redes para verlos, para seguir lo que promocionan, su vida”, dijeron los estudiantes durante la conversación. Por eso pensaron que una figura conocida podía ayudar a que el mensaje llegara a públicos difíciles de alcanzar por otros medios.
Sin embargo, descubrieron que algunos influencers ya utilizaban ese mismo alcance para promocionar juegos online. La campaña quedó frenada, pero la respuesta que recibieron mostró hasta qué punto las apuestas ya forman parte de los contenidos que circulan en las redes.
Las apuestas también aparecen en la cancha
La presencia de las casas de apuestas no se limita a internet. Los estudiantes también observaron que sus marcas aparecen en transmisiones deportivas, carteles, camisetas y patrocinios de equipos y competencias.
Trinidad De Camillo, alumna del Colegio Pablo Apóstol, señaló la contradicción que se produce cuando un adolescente se acerca al fútbol como una actividad saludable, pero al mismo tiempo queda expuesto a promociones de apuestas. “Muchos dicen: veo el fútbol porque soy deportista y busco una vida, y ver eso, las promociones de apuestas, nos llamó mucho la atención”, explicó.
Cuando esa presencia se repite, puede terminar pareciendo parte natural del espectáculo. Las apuestas dejan de aparecer como una actividad separada del deporte y empiezan a convivir con el resultado, las camisetas, las transmisiones y las figuras admiradas.
Perder millones frente a una audiencia adolescente
La conversación también llegó a los streams. María Lucía Lazzarano, alumna del Colegio Pablo Apóstol, recordó un video viral en el que Neymar mostraba cómo participaba en distintos juegos dentro de una plataforma online.
En unas dos horas, el futbolista perdió más de 5,6 millones de reales. Para los estudiantes, lo que más llamó la atención no fue solamente la cifra, sino también su reacción: fingió llorar, se rio de lo ocurrido y continuó jugando.
Trinidad se preguntó cómo puede interpretar esa escena un chico de 13 años. Si una figura mundial pierde millones y sigue apostando como si nada hubiera pasado, una pérdida mucho menor podría parecer poco importante para quien mira.
La manera de mostrar las pérdidas también puede contribuir a naturalizar el juego. Bianca Luna, alumna del Colegio San Isidro Labrador, agregó que durante el trabajo observaron las reacciones que pueden aparecer después de perder, incluidos comportamientos violentos y dificultades para aceptar el resultado.
Buscar otra voz
La respuesta de los influencers llevó a los estudiantes a modificar el proyecto. Para la instancia final, prevista para octubre, intentarán contactar a profesionales del fútbol que estén dispuestos a participar de la campaña.
El objetivo seguirá siendo llegar a los espacios donde los adolescentes reciben buena parte de los contenidos que consumen diariamente. Si las apuestas ya aparecen en las camisetas, los partidos, los streams y las redes sociales, el desafío será encontrar voces capaces de hablar sobre sus riesgos en esos mismos lugares.
Este artículo forma parte de una producción especial de LA GACETA que analizará, a través de distintos envíos, el crecimiento de las apuestas online entre menores. La serie abordará sus formas de acceso, sus consecuencias y los desafíos que el fenómeno plantea para las familias, las escuelas, el Estado y las propias plataformas.











