¿Por qué se ataca al periodismo si supuestamente las redes son las que mandan?
Mientras habla, María Teresa Ronderos levanta el pie derecho y lo baja en un golpe seco contra el piso. Es un movimiento rápido, casi instintivo. Retuerce la suela con fuerza haciendo el gesto de una bota que intenta aplastar a un insecto. Pero en su relato, el insecto no es un bicho: es un periodista. Y la bota no es de cuero, es de poder absoluto. “¿Por qué le tienen tanto miedo a un periodista si ellos ya tienen todo el poder? -se pregunta, y su voz, que supo navegar por las aguas más turbulentas de Colombia y el continente, suena más a desafío que a duda.
La colombiana, experta en periodismo de investigación, no habla desde el escritorio cómodo del que opina por inercia. Con cuatro décadas de trayectoria, reconocida por su trabajo en América Latina, opina con la certeza del dato verificado. A lo largo de su carrera ha visto a Colombia desangrarse en guerras recicladas y al poder que cambia de ropaje, pero mantiene siempre el mismo colmillo para atacar al que cuenta lo que ellos quieren callar.
“Dicen que con la era de las redes sociales, el periodismo se murió, que ya no tiene importancia, los políticos dicen ‘a mí no me importa hablar con el periodismo porque yo hablo con las redes, hablo directo’, todo eso dicen, pero después al primero que quieren callar es al periodista; entonces si nosotros no importáramos ¿por qué nos persiguen tanto?, ¿por qué lo primero que hace un presidente cuando empieza a perder popularidad es atacar al periodismo? Es lo que ha pasado aquí en Argentina y ha pasado en varios países. ¿Por qué se ataca al periodismo si supuestamente el periodismo no importa lo que diga, si las redes son las que mandan? –resalta-. Creo que el periodismo es un blanco fácil, un blanco débil, uno que no tiene armas, ni poder económico, es un blanco que lo único que tiene son sus palabras y sus verdades, verificadas, y cuando habla con la verdad, se vuelve muy potente para un presidente o para un gobierno que está debilitándose e inmediatamente empiezan a criticar al periodismo, a reprimirlo. El caso más extremo es el de los dictadores, que ya no toleran que quede ni siquiera un periodista, alguien que les diga la verdad en la cara; por ejemplo, en Nicaragua está Daniel Ortega que es un dictador y forzó al exilio a todo el mundo, a los periodistas más fuertes les quitó la nacionalidad, que se supone que es un gobierno de izquierda. Y en El Salvador con Nayib Bukele, que es un gobierno de derecha, lo hizo con El Faro. Ambos son dictadores. Ortega forzó al exilio a Fernando Chamorro y le quitó su nacionalidad, es como silenciar algo hasta el extremo, destriparlo pisando con la bota (aquí es donde hace el gesto con el pie). ¿Por qué le tiene tanto miedo si él ya tiene todo el poder, todos los canales? ¿Por qué le tiene tanto miedo a un periodista? Creo que algo estamos haciendo bien los periodistas, porque todavía los gobiernos sienten la necesidad de atacar, callar o demandar a periodistas, persiguiéndolos”, insiste.
Los algoritmos dictan sentencias y los presidentes gobiernan a golpe de tuit, saltándose el peaje de la prensa. Dicen que el periodismo ha muerto, que es un cadáver irrelevante en el banquete de las redes sociales. Sin embargo, María Teresa Ronderos sonríe con la sabiduría de quien conoce el truco. Si estuviéramos muertos, razona, no gastarían tantas balas en nosotros. Si no importáramos, no habría exilios forzados en Nicaragua ni cuentas congeladas por decreto. “No tenemos armas ni fortunas –insiste-. Lo único que tenemos son palabras verificadas. Y cuando esa palabra es verdad, se vuelve un espejo donde el poder, cuando empieza a desmoronarse, no soporta mirarse”.
Verificar, verificar y volver a verificar
Ronderos pasó por la ciudad de Córdoba, donde fue invitada al Congreso de Periodismo Multiplataforma de Fopea. La conversación con ella es un viaje por la experiencia del oficio. Advierte que la trampa más seductora para el periodismo es el espejo deformante de la oposición. En Venezuela, en Colombia, en Argentina, el periodista corre el riesgo de abandonar su puesto de vigía para bajar a la trinchera del activismo. Y ahí, advierte, es donde el poder gana, porque cuando el periodismo se vuelve partido, pierde su único escudo: la credibilidad.
“Debe seguir haciendo su trabajo, el periodismo tiene que tener mucho cuidado -pasó en Venezuela- de no ponerse a jugar el papel de la oposición. Cuando un gobierno logra que la prensa se vuelva opositora gana porque pierde credibilidad. En Venezuela pasó eso porque los medios ya no se dedican a contar qué pasa y por qué pasa, que es la tarea del periodista: repetir lo que pasa todos los días y no engancharse en la pelea de ustedes contra nosotros. La prensa no es de oposición –remarca-, la prensa cuenta lo que pasa y si al gobierno no le gusta que se sepa lo que pasa realmente, pues siempre lo va a criticar”.
Pero no hay amargura en su relato, sino una invitación al banquete. Según la fundadora del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), el periodismo de investigación no está en el funeral que muchos profetizan. “Nunca habíamos tenido tantas herramientas –asegura-. Antes investigar era un camino de espinas. Hoy, la tecnología nos permite seguir el rastro de un avión presidencial en tiempo real, mapear contrataciones dudosas entre miles de datos, usar la inteligencia artificial como un microscopio potente.
“El arma mayor del periodismo es verificar, verificar y volver a verificar. No difundir falsedades por la velocidad, porque las redes dijeron… el periodismo de investigación y el periodismo en general lo que hace es contar un cuento de algo que está pasando y que generalmente alguien quiere mantener oculto. Es ponerlo a la luz pública y contar con la misma audiencia para que también te cuente lo que pasa y que puedas investigarla y verificarla. Por fortuna el periodismo de investigación está ahora en una fiesta, porque nunca habíamos tenido tantas fuentes abiertas para investigar. Antes investigar era dificilísimo, ahora hay herramientas maravillosas. Por ejemplo si quieres saber sobre el avión presidencial qué viajes ha hecho no tienes que preguntarles a la Casa Rosada, hay varias aplicaciones que están siguiendo a los aviones y puedes saber por la matrícula o el dueño, adónde fue. Quieres saber de las contrataciones públicas y puedes hacer búsquedas sistematizadas, puedes coleccionar data gigantesca y procesarla y encontrar quién está favoreciendo a quien con subsidios sociales”.
Lleva consigo los premios, los libros y las décadas de historia, pero sobre todo lleva la certeza de que el oficio sigue siendo el mismo: poner luz donde alguien quiere oscuridad. Su mensaje es un eco para los que vienen. Mientras el poder siga calzando botas para aplastar verdades, el periodismo tendrá la obligación de seguir siendo el insecto que no se deja pisar, porque al final del día, lo que el poder teme no es a un medio o a un nombre, sino a esa pequeña y persistente costumbre de contar las cosas tal como son.
LA GACETA
PERFIL
María Teresa Ronderos fue la primera mujer en ocupar el cargo de editora de la sección política de El Tiempo y luego fue editora general de Semana. También fue columnista en El Espectador y una de las pioneras en el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ). Entre 2014 y 2018 dirigió el Programa de Periodismo Independiente de Open Society en Londres. Es maestra de periodismo y miembro de la junta directiva de la Fundación Gabo. Obtuvo, entre otras distinciones, el premio Rey de España (1996), el Lorenzo Natali de la Unión Europea (2007), el María Moors Cabot de la Universidad de Columbia (2007) y el Ortega y Gasset (2020).







