Sexualmente hablando: de que las hay, las hay

Sexualmente hablando: de que las hay, las hay

“Yo no creo en las brujas, pero que las hay, las hay” dice un refrán. Lo que, como sabemos, significa que aunque algo parezca difícil de creer, de comprobar o de explicar racionalmente... no podemos negar con total seguridad su existencia. Una suerte de escepticismo con reservas.

Unas “reservas” que, sin duda, tomaron protagonismo en las más diversas expresiones populares durante los partidos de la selección argentina en este mundial de fútbol, a través de infinidad de cábalas y supersticiones.

Así, están los que repiten la misma compañía, comida, ropa y hasta lugares frente al televisor si les parece que trae suerte. Otros lo rocían con agua bendita, rezan y hacen promesas para que ganemos. Incluso llegó a haber una cadena para “congelar” al arquero de un equipo rival.

De nuevo, “haberlas, haylas”, para decirlo en la versión gallega.

Suerte en el amor

Por supuesto que el pensamiento mágico, casi tanto como en el fútbol, se pone en juego a la hora del amor romántico. Sin llegar al extremo -discutible, polémico- de los que buscan una “profesional” que haga “amarres” (o que usan “agua de tanga” para atraer a su enamorado), son varios los que se mantienen fieles a ciertos mitos o rituales para tener suerte en el amor.

“Algo nuevo, algo usado, algo azul y algo prestado”: aún hoy muchísimas mujeres se aseguran de cumplir con esta sencilla check list el día de su casamiento. Del mismo modo, casi ninguna se atrevería a romper la costumbre y dejar que su futuro esposo vea el vestido antes de tiempo.

¿Un clásico? La idea de que tener hortensias en la casa o sentarse en una esquina de la mesa es garantía de quedar soltero/a (preocupación que, en los nuevos contextos, suena un poco antigua). Hace unos años se viralizó la teoría de que hacer un viaje en pareja a Colonia del Sacramento, Uruguay, era yeta: seguro terminaba en separación. La bombacha rosa en año nuevo tiene fama de ser muy auspiciosa, también para el amor.

Pero hay una creencia que sería importante erradicar: considerar de mala suerte llevar un preservativo a una cita (si se quiere tener sexo, claro). Como si energéticamente esta precaución expusiera el deseo de un modo que hace peligrar los planes. Pensar que llevar protección es “mufa” tiene más que ver con el tabú, la represión y la vergüenza que con una cábala eficaz. ¡Siempre es mejor estar preparados!

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