Se fue de Tucumán hace seis años y volvió a sentirse en casa gracias a la selección argentina

Instalado en Estados Unidos, Emmanuel Medina atravesó una separación, trabajó como mecánico, se refugió en la religión, aprendió inglés a los golpes y encontró en el deporte una fuente laboral

EL MOTOR QUE LO AYUDÓ A AVANZAR. El tucumano Emmanuel Medina se mudó hace seis años a Estados Unidos y cuenta que, practicar y enseñar fútbol lo ayudó a atravesar las dificultades que se le presentaron en su nuevo hogar. la gaceta / fotos de matías auad (enviado especial)
EL MOTOR QUE LO AYUDÓ A AVANZAR. El tucumano Emmanuel Medina se mudó hace seis años a Estados Unidos y cuenta que, practicar y enseñar fútbol lo ayudó a atravesar las dificultades que se le presentaron en su nuevo hogar. la gaceta / fotos de matías auad (enviado especial)
Por Matías AuadEnviado especial Hace 3 Hs

Resumen para apurados

  • El tucumano Emmanuel Medina se sintió como en casa al asistir al Fan Festival de la Selección argentina en Dallas, tras haber emigrado hace seis años a los Estados Unidos.
  • Tras superar la barrera idiomática y una separación, el tucumano se asentó en Texas trabajando como electricista y entrenador de fútbol, apoyado por su fe y su actual pareja.
  • El caso expone cómo el fútbol funciona como puente cultural y de contención para los emigrantes, facilitando su integración y desarrollo laboral en el exterior.
Resumen generado con IA

Emmanuel Medina lleva una sonrisa dibujada en la cara. Durante el entretiempo del partido entre Argentina y Austria recorre el FIFA Fan Festival de Dallas con una alegría que no solo se explica por la victoria parcial de la Selección en medio de los más de 30 grados de la siesta texana. Sí, Argentina gana 1 a 0 con un gol de Lionel Messi, pero a su alrededor se multiplican las camisetas celestes y blancas, las banderas y las canciones. Y hace seis años que vive en Estados Unidos: quizás nunca estuvo tan cerca de casa como en ese momento.

A pocos pasos lo acompaña Samantha, su novia, una joven oriunda de New Jersey con la que hoy vive en Austin, Texas. Ella también eligió vestir la camiseta argentina. Los dos observan el movimiento de los hinchas mientras esperan el comienzo del segundo tiempo. Emmanuel mira alrededor, sonríe y ensaya una explicación del brillo de sus ojos. “Me emociona ver a mi gente, perro”, dice a LA GACETA.

Tiene 29 años, nació en Tucumán y llegó a Estados Unidos hace seis años. Viajó junto a quien era su pareja. Poco después la relación terminó. El proyecto con el que había cruzado el continente se desarmó antes de que pudiera acomodarse. Sin familiares cerca, sin hablar inglés, tuvo que empezar desde cero. “Quería independizarme y demostrar que podía hacer las cosas por mi cuenta”, recuerda.

Los primeros meses los pasó trabajando con un mecánico. También encontró refugio en la religión porque necesitaba un sostén mientras intentaba adaptarse a una vida completamente distinta. A eso se sumaba una barrera que aparecía todos los días, incluso en instancias tan simples como salir a comprar comida. “Me acerqué mucho a Dios para pedir por mi vida y por mi salud mental. Había muchas cosas que me estaban pasando en ese momento. No sabía ni siquiera el idioma. Iba a comprar algo y terminaba llevándome otra cosa. A veces pedía comida y no era lo que quería. Todo lo aprendí por mi cuenta”, cuenta.

El fútbol volvió a cruzarse en su camino cuando más lo necesitaba. En Tucumán había jugado en Almirante Brown de Lules. Después de recuperarse de una lesión de rodilla retomó la actividad. Una vez instalado en Estados Unidos, el deporte terminó convirtiéndose en la puerta de entrada a una nueva etapa. “Vengo de mi padre, el profe Medina. Siempre voy a estar agradecido por los consejos y por todo lo que me dio”, afirma.

Esos aprendizajes todavía lo acompañan. A través del fútbol conoció entrenadores, compañeros y amigos de distintos países latinoamericanos: ellos quienes empezaron a mostrarle opciones laborales que hasta entonces no imaginaba. “Había gente mexicana, hondureña y de otros países que me ofreció ayuda. Me abrieron la cabeza. Me hicieron ver que había otras oportunidades”, explica.

Hoy el fútbol ocupa un lugar central en su rutina. En Austin trabaja como entrenador en academias y equipos, donde dirige a chicos y jóvenes, y también participa en campus y clínicas deportivas. Hace pocos días formó parte de un campus de verano organizado por una academia vinculada al Barcelona, una experiencia que le permitió seguir creciendo como formador y ampliar su red de contactos. “Me dijeron que quieren que empiece a trabajar más seguido con ellos. Vamos a tratar de hacerlo de la mejor manera posible”, comenta. Al mismo tiempo complementa sus ingresos con trabajos como electricista.

Se fue de Tucumán hace seis años y volvió a sentirse en casa gracias a la selección argentina

Consultado sobre qué le diría a un tucumano que hoy piensa en emigrar buscando nuevos rumbos, Emmanuel evita vender una historia edulcorada. “No la va a pasar bien, pero es un proceso que te hace madurar como persona. Nunca hay que bajar los brazos”, asegura.

Aunque lleva varios años viviendo en Estados Unidos, sigue convencido de que el futbolista argentino conserva algo que resulta difícil de copiar. No se refiere a títulos ni a figuras. Habla del potrero. “Acá tienen más físico. Nosotros tenemos más técnica. El potrero te da creatividad. Te enseña a resolver situaciones que en una cancha perfecta no aparecen”, compara.

Cuando la conversación gira hacia Argentina, el fútbol deja de ocupar el centro de la escena. Tampoco aparecen el asado, el dulce de leche o los paisajes. Emmanuel dice que lo que más extraña son las personas. “El amor, la humildad que tenemos nosotros. No porque tengas dinero vas a ser mi amigo. Somos amigos porque te siento. El amigo del barrio, el amigo de la secundaria. Nos criaron así nuestros padres”, reflexiona.

Hace seis años que no vuelve al país. Las cuestiones migratorias todavía le impiden viajar con tranquilidad. Esa distancia se vuelve más díficl de sostener cuando Emmanuel habla de su familia. “Llegás a tu casa y no tenés a nadie, loco. Mirás el techo y pensás en tu familia. Lo que más quiero es volver a abrazar a mis padres”, confiesa.

Durante toda la charla mira varias veces a Samantha y en más de una ocasión contiene las lágrimas. La señala cuando recuerda los momentos más difíciles que atravesó desde que emigró. “Ella me ayudó en los momentos en los que no estaba nadie”, destaca. La joven, con quien hoy comparte su vida en Austin, escucha la conversación en silencio.

Cuando la entrevista termina decide sumarse: cuenta que antes de conocer a Emmanuel sabía muy poco sobre Argentina. Tampoco seguía el fútbol. “Desde que lo conocí descubrí un mundo completamente nuevo. No sabía nada sobre Argentina ni sobre el fútbol. Él me enseñó todo eso y me pareció algo hermoso”, dice.

Desde el anfiteatro principal del Fan Festival vuelven a escucharse los primeros acordes de “Muchachos”. Los hinchas regresan frente a las pantallas gigantes. El segundo tiempo está por empezar. Emmanuel y vuelven.  a mezclarse entre la multitud. Durante un par de horas, Dallas queda bastante más cerca de Tucumán. 

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