Libros: siempre hay vueltas de tuerca en la relación madre-hija

La tucumana Estefanía Aráoz Falcón las explora en “Intersticio”, su primera novela.

VÍNCULOS COMPLEJOS. Aráoz Falcón bucea en un seno familiar.
VÍNCULOS COMPLEJOS. Aráoz Falcón bucea en un seno familiar.

Las relaciones familiares suelen estar atravesadas por afectos contradictorios, silencios, culpas y zonas difíciles de nombrar. En “Intersticio”, su primera novela, Estefanía Aráoz Falcón se adentra en ese territorio complejo a partir del vínculo entre una madre y una hija, construyendo un relato que explora la enfermedad, la muerte y las tensiones emocionales que emergen cuando la vida y la pérdida conviven en un mismo espacio. Son temas que surgieron durante esta entrevista con la autora.

- ¿Cómo fue el proceso de convertir tantos sentimientos en materia literaria sin caer en lugares comunes?

- Fue un proceso complejo, porque además yo no vengo del palo literario. Nunca había tenido la experiencia de la escritura hasta que comenzó a volverse una necesidad. Entonces decidí mostrar el material que tenía y comencé tutorías con Camila Fabbri. Fue a través de esos encuentros donde pude hacer una diferenciación entre escribir con culpa y liberarme de ella; también intentar no caer en la catarsis ni en el recurso del diario o carta a la madre. Leí mucho a autoras que escribieron sobre el vínculo con sus madres: Annie Ernaux, Silvia Arazi, Vivian Gornick, María Negroni, Milena Busquets, Marina Mariasch, Adriana Riva, entre otras. Pude hacer el paso de pensar: escribo sobre mi madre, a pensar: escribo sobre la madre -como personaje literario-. Eso marcó un antes y un después en mi proceso. Me dio una licencia que me habilitó a “poder decir” sin el censor interno que me obligaba a pedir permiso.

- ¿Qué recursos narrativos utilizaste para transformar una historia íntima y doméstica en una experiencia capaz de interpelar a cualquier lector?

- Es una narración cargada de simbolismo, me interesaba desmenuzar imágenes que incomodaran. Hay algo que se vuelve muy visual y hasta físico a la hora de leer, y es el tipo de escritura que más me interpela. Por ejemplo, me parecía importante ahondar en el mundo audiovisual a la hora de escribir de la manera en la que quería hacerlo. También hacer el cambio de persona entre la primera, la segunda y la tercera e ir dándole a la narradora la libertad de manifestar pensamientos y opiniones propias en medio del relato. Poder dirigirse de repente a la madre y hablarle espontáneamente mientras al mismo tiempo narra una situación determinada. Y por último podría sumar el recorrido en el tiempo, que va y vuelve a lo largo de la vida de estos dos personajes desde la infancia hasta su vida adulta.

- Camila Fabbri destaca que en el libro la muerte aparece como “otra forma de hablar de la vida”. ¿Qué lugar ocupa la muerte en la novela y qué reflexiones te interesaba provocar a través de ese tema?

- Creo que si bien la columna vertebral de esta historia es lo que se teje entre el vínculo de esta madre -primero sana y luego enferma- y esta hija, hay una tema universal que la atraviesa y es la muerte, y como consecuencia de esta, el duelo. Hay una escena muy particular en la que la madre está en coma, alguien acerca un budín a la habitación del sanatorio como regalo -para quien por supuesto no puede comerlo- y la hija tiene la necesidad imperiosa de probarlo y además, de disfrutarlo. Las últimas horas de vida de la madre están enlazadas al fuerte deseo de vivir de esa hija y a todas las sensaciones de culpa que eso le provoca. Es la pulsión de muerte de la madre en contraposición a la pulsión de vida de la hija. Y ser testigo de ese antagonismo en esta particular escena es ser testigo de que la vida misma está repleta de polaridades y de grises que conviven en el medio.

- ¿De qué manera tus experiencias artísticas y profesionales previas influyeron en la construcción de “Intersticio”?

- Es un relato que invita a mirar los espacios, las formas y colores. Durante años mi mundo artístico fue visual, pintando y dando clases de pintura, sacando fotos, y eso se plasmó naturalmente a la hora de presentar distintos escenarios en esta historia. Por otro lado, el hecho de ser actriz y haberme formado poniendo el cuerpo, como así también haber estudiado tres años de la carrera de Medicina y profundizar acerca de la naturaleza humana a niveles físicos, está presente en la manera de narrar. El cuerpo de ambos personajes aparece en muchas escenas del relato como protagonista, como medio y canal que manifiesta pensamientos y sensaciones.

- ¿Qué te gustaría que permaneciera en los lectores después de cerrar el libro: una emoción, una pregunta o una nueva mirada sobre los vínculos familiares y la fragilidad humana?

- Una mezcla de todas. Me gustaría que quedasen preguntas sin responder y que eso esté bien, que no exista la urgencia de querer aclarar todo. Los vínculos humanos son complejos y ambiguos, tanto más entre familia. Y creo que es justamente en esas contradicciones donde podemos, si así lo elegimos, llegar a un punto de encuentro con el otro.

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