La salteña Olga María Acosta debuta en la narrativa con “Del otro lado del tiempo”, novela editada por el sello tucumano Gerania en la que enlaza la Asturias contemporánea con el pasado del Imperio Inca. Formada en la arquitectura, la música y la danza, Acosta construye una historia que rescata aspectos poco conocidos de la civilización incaica y propone una reflexión sobre el tiempo como una experiencia que trasciende los límites de una sola vida. De todo eso -y mucho más- habló en esta entrevista.
- “Del otro lado del tiempo” entrelaza dos historias separadas por cuatro siglos y por continentes distintos. ¿Cómo surgió la idea de conectar Asturias con el mundo del Imperio Inca a través de una trama que desafía las fronteras del tiempo?
- Quería escribir una novela dentro de un marco histórico. Elegí la civilización incaica por la riqueza de su legado. El idioma de los incas, el quechua, no es solo una lengua: es el pilar fundamental de la identidad y la memoria de los pueblos andinos. Y con respecto a Asturias, tuve la oportunidad hace unos años de conocer esta comunidad del norte de España, y tomar contacto con sus tradiciones y su dialecto, el bable. Me pareció interesante rescatar a través de la novela estos aspectos de ambas culturas.
- ¿Qué preguntas personales o inquietudes te impulsaron a explorar estos temas en tu primera obra narrativa?
- Creo en la existencia de vidas pasadas, por consiguiente, creo también en la reencarnación. Creo que el cuerpo es un vehículo de existencia breve, limitada. Y que el alma, usando distintos cuerpos como vehículo, va transitando a lo largo de siglos, milenios, por diversos procesos de aprendizaje a través del tiempo. Y creo que de alguna manera se puede acceder a los recuerdos de esas vidas pasadas. Esas vidas que experimentamos están guardadas en nuestra memoria.
- A partir de tu intensa formación artística vinculada a la música, la danza y la arquitectura, ¿de qué manera esas disciplinas influyeron en tu forma de construir escenas, personajes y atmósferas?
- La novela es el producto de la sinergia de estas expresiones artísticas. La arquitectura me ha dado las herramientas para pensar y describir espacios naturales y arquitectónicos. Y la música y la danza me han impulsado a desarrollar la sensibilidad para construir los distintos escenarios y personajes, para darles determinadas características, para dotarlos de identidad
- ¿Cómo fue el proceso de investigación sobre el mundo de los incas y qué desafíos encontraste al trasladarlo a la ficción?
- Cuando elegí el componente histórico de mi novela -el Imperio Incaico- dediqué meses a profundizar mis conocimientos sobre esta civilización. Quería ir más allá de todo lo conocido. Y encontré información sobre la existencia de una institución llamada Acllahuasi (aclla, virgen; huasi, casa): la casa de las vírgenes o Casa de las Escogidas, que era la residencia permanente de las Vírgenes del Sol. A lo largo y ancho del imperio se reclutaban niñas de 9, 10, 11 años, que eran llevadas al Cuzco para servir al Sol. El desafío estuvo en rescatar ese aspecto casi desconocido de la civilización incaica y reflotar la existencia silenciosa de esas mujeres.
- ¿Cómo apreciás el panorama actual de la narrativa escrita por mujeres en el NOA y qué significado tiene para vos publicar esta obra desde una editorial independiente tucumana?
- Actualmente en el NOA no hay muchas mujeres que escriban novelas. Es más frecuente encontrar cuentos y poesía escritos por mujeres. Por otra parte, en estos tiempos de libros digitales y audiolibros, es todo un desafío publicar en formato papel. Gerania sigue apostando por el libro impreso y creo que eso es valiosísimo.
- ¿Qué representa para vos este debut literario y qué esperás que encuentre el lector cuando cruce, como sugiere el título, “del otro lado del tiempo”?
- Publicar un libro por primera vez implica transitar por diversas sensaciones. Es asomarse a lo desconocido. Creo que una obra literaria es un puente entre el escritor y el lector. A través de ese puente se transmiten experiencias, ideas, emociones. El escritor interactúa con el lector mediante un diálogo silencioso a través de la construcción narrativa. Me gustaría que la novela interpele, que deje interrogantes, que el lector elabore sus propias hipótesis de lo que sucede en la historia, que transite emociones, que surjan dudas, certezas. Que aporte riqueza en relación al conocimiento de un aspecto poco difundido de una civilización, y también en relación al lenguaje y a los guiños idiomáticos de la novela. Fundamentalmente, que muestre una mirada distinta sobre la concepción ortodoxa del tiempo.













