El riesgo de las apuestas online para la juventud

Hace 6 Hs

Durante años, cuando se hablaba de adicciones en adolescentes, la preocupación se centraba casi exclusivamente en el consumo de sustancias. Sin embargo, la irrupción de las apuestas online modificó el escenario y abrió un nuevo frente de alarma: miles de chicos y chicas hoy pueden acceder a plataformas de juego desde la intimidad de sus habitaciones, a cualquier hora y con apenas un teléfono celular.

El fenómeno crece de manera silenciosa. No hay olor, ni signos físicos evidentes, ni ausencias prolongadas del hogar. Todo ocurre detrás de una pantalla. Y justamente allí reside uno de los mayores desafíos para las familias. Muchos padres descubren el problema cuando las consecuencias económicas y emocionales ya son profundas: deudas, pedidos constantes de dinero, cambios abruptos de humor, aislamiento, trastornos del sueño o un deterioro en el rendimiento escolar.

Los testimonios de especialistas y familias muestran que el sufrimiento puede alcanzar niveles dramáticos. La desesperación, la culpa y la sensación de haber perdido el control son elementos recurrentes en quienes desarrollan una conducta compulsiva vinculada al juego. Las escenas que antes se asociaban a otras adicciones hoy también aparecen en hogares atravesados por las apuestas digitales.

La tecnología, que ofrece innumerables beneficios y oportunidades, también está transformando hábitos de manera acelerada. Los adolescentes manejan billeteras virtuales, realizan transferencias instantáneas y operan con dinero digital con una naturalidad impensada hace apenas una década. Esa autonomía financiera temprana, sumada a la lógica de inmediatez propia de las plataformas digitales, genera condiciones inéditas. El dinero deja de percibirse como algo tangible: ya no son billetes que se entregan, sino números que desaparecen de una pantalla con un solo clic.

Los datos confirman que no se trata de casos aislados. El informe nacional “Apostar no es un juego”, realizado entre mayo y julio de 2024 en las 24 provincias argentinas, reveló que cuatro de cada 10 jóvenes de entre 15 y 29 años apostó recientemente o lo hace de manera habitual. El estudio, que relevó a más de 9.000 personas, mostró además que tres de cada cuatro apostadores consideran que esta práctica puede convertirse en una adicción y que un 30% experimentó ansiedad o estrés cuando no pudo realizar una apuesta. Estas cifras reflejan que el problema ya dejó de ser una preocupación marginal para convertirse en un fenómeno social que atraviesa escuelas, hogares y grupos de amigos, y que exige respuestas urgentes desde el Estado, las instituciones educativas y las familias.

Este cambio exige nuevas formas de acompañamiento adulto. Supervisar ya no significa únicamente conocer con quién salen los hijos o a qué hora regresan a casa. También implica interesarse por las aplicaciones que utilizan, los movimientos de sus cuentas virtuales, el tiempo que pasan conectados y las dinámicas de los videojuegos y redes sociales que frecuentan.

Frente a esta realidad, la respuesta no puede limitarse a la prohibición. Hace falta educación digital, campañas de prevención sostenidas, controles más estrictos sobre las plataformas y espacios de escucha dentro de las escuelas y las familias. Pero, sobre todo, se necesita presencia. Porque detrás de cada adolescente atrapado en las apuestas suele haber un pedido de ayuda que no siempre logra expresarse con palabras.


Tamaño texto
Comentarios
Comentarios