El boom real estate lifestyle

El boom real estate lifestyle

Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística

Esta semana, una noticia que llegó desde el mundo del espectáculo terminó abriendo una conversación mucho más amplia: Emilia Mernes decidió expandir su carrera más allá de la música y crear su propia empresa vinculada al mercado inmobiliario. La artista, una de las figuras más populares del pop actual, conformó una sociedad orientada al real estate llamada “Perra Exclusive S.A.”. Lo hizo junto a su entorno familiar, con un perfil empresarial que va desde la compra y venta de propiedades hasta el desarrollo y la gestión de proyectos.

El movimiento de Emilia se inscribe en una lógica que hace tiempo atraviesa al mundo del espectáculo, el deporte y las grandes fortunas a nivel global. Figuras como Lionel Messi construyeron portafolios inmobiliarios que incluyen hoteles, oficinas y viviendas en distintos países. También artistas como Beyoncé y Jay-Z protagonizaron algunas de las operaciones residenciales más costosas del mercado estadounidense. Angelina Jolie y Brad Pitt apostaron al real estate como proyecto de largo plazo al adquirir propiedades icónicas en Europa.

Detrás de estas elecciones hay razones que van más allá de la inversión. El real estate funciona como refugio de capital frente a la inflación y la volatilidad financiera, permite diversificar ingresos más allá de la actividad principal y ofrece un potencial de crecimiento sostenido en el tiempo. Pero, además, responde a una búsqueda cada vez más marcada, la de habitar espacios que expresen una identidad, un modo de vivir y una experiencia cotidiana deseada. Residencias en destinos exclusivos, desarrollos con servicios premium o propiedades pensadas para disfrutar y producir valor al mismo tiempo muestran que hoy invertir en bienes raíces también es una forma de elegir cómo vivir.

El boom real estate lifestyle

La propiedad dejó de pensarse únicamente como un bien patrimonial para convertirse en una decisión de vida. Hoy, invertir en real estate también es elegir cómo vivir, cómo habitar el tiempo y qué tipo de experiencia cotidiana se quiere construir.

Según explicó Eva Schvabbauer, broker inmobiliaria dueña de Evabauer Real Estate, tras varios años de crisis y estancamiento que comenzaron en 2018 y tocaron su punto más bajo entre 2019 y 2020, el sector inició en 2024 una recuperación lenta pero sostenida, que empezó a consolidarse en 2025. “La incipiente estabilidad económica y la reaparición de los créditos hipotecarios generan hoy un escenario muy alentador”, señaló. En ese contexto, el foco de los desarrollos ya no está puesto únicamente en los metros cuadrados, sino en la propuesta de vida que ofrecen: cómo se habita el espacio, qué dinámicas promueve y qué tipo de comunidad construye: “hoy el real estate ya no vende metros, vende calidad de vida”.

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Del metro cuadrado al estilo de vida

Esta transformación se refleja con claridad en el modo en que hoy se piensan muchos desarrollos inmobiliarios. Los amenities tradicionales —como el SUM, el gimnasio o la piscina— dejaron de ser un diferencial para convertirse en el punto de partida. “Ya no alcanzan”, advirtió Eva Schvabbauer. El foco se desplazó hacia propuestas integrales que ven la vivienda como un espacio de encuentro, pertenencia e intercambio, donde la experiencia cotidiana va mucho más allá de la unidad privada.

Así, empiezan a aparecer proyectos que incorporan prácticas vinculadas al bienestar, al ocio y a las nuevas formas de trabajar: espacios de yoga y meditación, áreas de coworking, salas de streaming, cafés de especialidad, propuestas gastronómicas y servicios pensados para resolver la vida diaria sin salir del entorno. La lógica es crear ecosistemas residenciales donde trabajo, descanso y disfrute conviven, y donde el estilo de vida se vuelve tan importante como la propiedad en sí. Se trata de una mirada que toma referencias del exterior —especialmente de mercados como Estados Unidos— pero que no replica modelos de manera literal, sino que los reinterpreta y adapta al contexto local.

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Algunos desarrollos urbanos, por ejemplo, incorporan grandes espejos de agua y entornos verdes para recrear una experiencia de playa dentro de la ciudad. Incluyen, de esta manera, lagunas artificiales con sectores recreativos, espacios deportivos y áreas comunes pensadas para el encuentro. Otros ponen el foco en el disfrute del deporte con propuestas que incluyen olas artificiales para surf, circuitos aeróbicos, espacios al aire libre y una fuerte impronta vinculada al movimiento y la vida saludable.

Por otro lado, aparecen complejos residenciales que combinan vivienda y hotelería de lujo, integrando residencias privadas con servicios propios de un cinco estrellas: gastronomía de alto nivel, spas, gimnasios de última generación, piletas, canchas deportivas y espacios dedicados al relax, la meditación y el cuidado personal. En estos casos, el lujo ya no se expresa solo en el diseño o en los materiales, sino en la posibilidad de vivir una experiencia completa sin salir de ahí.

Ejemplos de eso pueden verse en desarrollos como Remeros Beach, en la zona de Tigre en Buenos Aires, que lleva la experiencia de playa a un contexto urbano a través de una gran Crystal Lagoon integrada a un proyecto residencial con espacios verdes. En cambio, en Punta del Este, iniciativas como El Nido Punta del Este incorporan una ola de surf artificial y, en esa misma línea, pero con un enfoque de alta gama, Cipriani Punta del Este integró residencias privadas con un hotel de lujo.

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Esa lógica tiene sus antecedentes en mercados como Miami, donde proyectos como Faena Residences marcaron un antes y un después en la forma de concebir el real estate residencial. Marcas como Porsche, Bentley o Mercedes-Benz trasladaron su ADN al mundo inmobiliario, reforzando la idea de que el verdadero valor ya no está solo en el metro cuadrado, sino en la experiencia de vida que cada proyecto propone.

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Qué tipo de propiedades crecen hoy

Hoy no existe un único modelo dominante, el mercado inmobiliario actual se caracteriza por la diversidad. A pesar del alto costo de construcción, la actividad no se detuvo: mientras algunos inversores encuentran oportunidades en el producto usado con potencial de reconversión, otros apuestan a nuevos proyectos pensados para responder a demandas que el stock existente ya no cubre.

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“No hay un solo tipo de desarrollo que lidere el crecimiento, sino propuestas que se adaptan a las necesidades de cada zona”, explicó Schvabbauer. En áreas premium predominan proyectos de alta gama, mientras que en otros sectores urbanos crecen las unidades más chicas, orientadas a un público joven y con perfil inversor. En paralelo, los desarrollos destinados a renta temporaria ganan protagonismo, impulsados por la demanda de estadías cortas y experiencias más flexibles.

En este escenario, el diferencial ya no está únicamente en el producto, sino en la lectura del contexto y del estilo de vida que se busca acompañar.

Vivir, invertir, alquilar: todo al mismo tiempo

Una de las claves del nuevo real estate es la flexibilidad. Hoy, vivir en una propiedad, invertir en ella o destinarla a renta temporaria ya no son decisiones excluyentes. “Un mismo proyecto puede cumplir múltiples funciones si está bien ubicado, correctamente diseñado y alineado con un estilo de vida que el mercado valore”, señaló Schvabbauer.

Esa versatilidad se convierte en uno de los principales atributos de inversión. El real estate vuelve a posicionarse como un activo sólido no solo por su capacidad de resguardar valor, sino porque ofrece propuestas que generan demanda real. “El nuevo lujo no es solo cómo se vive una propiedad, sino su capacidad de mantenerse vigente, atractiva y rentable en el tiempo”, afirmó.

“En un país cíclico como Argentina, el real estate vuelve a consolidarse como una alternativa sólida, capaz de preservar valor y generar ingresos”, concluyó Schvabbauer. Ya no se trata solo de comprar una propiedad, sino de entender cómo se vive —y se elige— ese espacio. Y en ese cruce el real estate se afirma, cada vez más, como una decisión de lifestyle.

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