Continuando con este interesante intercambio de misivas con el título “El sector agropecuario”, del lector José Manuel García González, celebro este encuentro de divergencias y de posiciones geopolíticas diametralmente opuestas, porque es el mayor logro del pensamiento crítico y de la evolución filosófica del ser humano; porque no hay nada peor para el desarrollo de un ser, de un gobierno o de una sociedad, que el encuentro sistemático de “igual pensantes”, para darse la razón entre ellos o -lo que es peor- a su máxima autoridad de turno. Ahora bien y, en la intención de darle a este debate un marco de seriedad, reitero que en mi carta (16/01), hablo de la inequitativa y escandalosa distribución de tierras que se hizo en la joven Argentina, mientras que en la del 19/01, el lector García González se focaliza en negocios inmobiliarios que en definitiva están en manos del sistema judicial. Apunto a algo más profundo aún: luego de la Ley de Enfiteusis con Rivadavia (por quien lleva su nombre el sillón presidencial, inexplicablemente), nuestra “Casta Lacra” quedaría constituida, llegando hasta nuestros días. En Argentina, 825 propietarios oligarcas tenían en sus manos 52.000 millas cuadradas de terreno, cuando en Inglaterra, 45.000 propietarios eran dueños de 19.000 millas. En cuanto a la red ferroviaria, el gobierno de Rivadavia contrajo un empréstito con Gran Bretaña por un millón de libras esterlinas y solo recibió 22.000. Los piratas, siempre piratas, cobraron de ese mismo dinero y en forma anticipada, intereses y amortizaciones, mientras que el resto fue a parar a los bancos, en forma de Letras, las que -a su vez- fueron a parar a manos de comerciantes ingleses que compraban productos industrializados en Inglaterra, para ser vendidos en el interior de nuestro país. Millones de hectáreas de las mejores tierras en la Pampa húmeda fueron también entregadas a los ingleses, quienes manejaban no solo el transporte, sino también la cadena de frigoríficos y comercialización. A esa Argentina no la quiero. Por último, y focalizándonos en sus referencias a las retenciones que se cobraban durante el Gobierno de Néstor Kirchner y las que se cobran actualmente, termina el lector dándome la razón sobre la increíble quietud del Campo hoy en día, cuando es evidente que la política mileísta es netamente recaudatoria, cuando la de Néstor y luego Cristina, era una invitación a la reconversión productiva: pasar de país primario a país industrial, que es en definitiva el núcleo de este intercambio. Un saludo cordial y muchas gracias.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
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