Hace un par de días, leía una carta de Susana Trimarco a su hija Marita Verón (Cartas de Lectores - LA GACETA 14/12, en un nuevo aniversario de su desaparición en democracia) y era imposible no conmoverse con sus palabras. Porque no solo recordaba lo que Marita era, sino que - además - imaginaba lo que podría haber sido si la hubiesen dejado ser. Pensaba también en Paulina Lebbos y en aquella noche de un merecido festejo, que terminó con su vida, con sus sueños, con sus planes y con sus familias. Tanto Marita como Paulina dejaron hijas. No sé si se reflejan en ellas, pero sí estoy convencido sobre que - definitivamente - mantienen viva la memoria de sus madres. En mi comentario en el foro, escribí: La “no justicia”, es el mayor acto de injusticia que un Estado puede permitir contra cualquier persona, porque ese impedimento de no determinar los hechos de un crimen, sus responsables, la verdad (palpable y contundente), desgarra el espíritu y el físico de la persona impedida de aquel acto que llamamos Justicia. Al día siguiente, Juan Carlos di Lullo (admirado Pichi), hacía un paralelismo entre nuestra actualidad y la letra de “Cuando pase el temblor” (G. Cerati), esperanzado en que la memoria del pueblo argentino se activara y reaccionara ante las tropelías del actual gobierno libertario. Lamento no compartir tal esperanza, porque un alto porcentaje de argentinos, lamentablemente, olvidó terremotos (como el de Menem y el derrumbe de todo, de la mano de De la Rúa), o incluso tsunamis (como los del '55; del 66 o del 76). Por consiguiente, nada hace pensar que no olvidarán también este temblor llamado Milei (aunque geológicamente sea muy temprano para calificarlo y cuantificar su poder de daño y destrucción). Mientras tanto, pasaron cuatro décadas de democracia y aún no aprendimos a cuidar a nuestras infancias y juventudes, a nuestras ancianidades, a nuestro arte y cultura; a nuestras mujeres y niñas. Paola Tacacho y tantas más. Ahora Karen Rodríguez. ¿Hasta cuándo? Barajar y dar de nuevo, sería lo ideal en este país, pero primero tendrá que suceder algo mucho más poderoso que un temblor, un movimiento que concluya esta fatídica y larga partida, que ya lleva 200 años y monedas.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
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