“Vivir con perspectiva de muerte” (M. Heidegger) 1 - Ser ingrato y de amnesias, el humano tiende a relegar al olvido la magnitud y severidad de algunas experiencias, cuando ya se ha recobrado la calma; a la distancia, cuando la furia del huracán deja nuevamente ver el horizonte, pareciera que el hombre relega al desván de la desmemoria a quienes fueron actores y verdaderos héroes de esos momentos. A más de cuatro años de su comienzo, a varios meses de su epicentro más álgido y cruel, la pandemia de la covid-19 parece haber dado al género humano un respiro; ¿temporario, final?, ¿producto del azar, diseño de laboratorio? Los entretelones de este drama mayor de nuestra historia permanecerán vedados al común de los mortales en sus móviles, en sus orígenes. 2 - Fueron meses de zozobra, momentos de angustia, terror e incertidumbre; nos hizo sentir de cerca la precariedad de nuestras vidas, la contingencia de lo humano; no se conocía el verdadero perfil de esa nueva peste que una vez más azotaba a la humanidad; la televisión mostraba a diario el incesante desfilar de camiones repletos de cadáveres desde los principales centros urbanos del planeta hacia improvisados cementerios en la campiña, ya saturados; las máquinas de excavación rápida no daban abasto, la población veía a la muerte a la vuelta de la esquina. El hombre creía ya superadas esas maldiciones del azar, propias de los tiempos del pasado, del atraso de la ciencia. No, no estaban dadas las condiciones que volviera ningún flagelo de envergadura como antaño; pero volvió. 3 - La pandemia de covid tuvo el nefasto privilegio de igualarnos a todos; fue alarmantemente democrática, cada uno de nosotros podía ser su próxima víctima, sin distinción de condiciones; pero hubo un colectivo especialmente expuesto, que libró esa guerra en la primera línea, que se trabó en lucha cuerpo a cuerpo, literalmente, contra ese Goliat renacido y desmedido; designado por las autoridades, sea por decreto, vocación o humanidad, el médico tuvo que estar allí, capeando la tormenta, aprendiendo de manera urgente y sobre la marcha, los modos de aplacar los efectos de ese monstruo; el frente de batalla estaba en los cuarteles, las trincheras, invadidas. 4 - Y así fueron varios los que cayeron; en desigual medición de fuerzas, el virus se cobró las vidas de aquellos encargados de curarnos; facultativos, especialmente del sector público, no sabían si ese día volverían a sus hogares contagiados, si podrían ver, en caso de internación, nuevamente a sus seres queridos; a diferencia de los que estábamos relativamente seguros en nuestras casas, gozando de la “bonanza” de una cuarentena, esos médicos, parientes, amigos o conocidos, cayeron abatidos por la furia de este irracional castigo. No incurramos en conducta tan injusta y frecuente como la ingratitud, no olvidemos, hoy y siempre, a esos héroes.
Fernando Padilla
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