Pumas-Japón: una llamada y una misión para “Alberto” Hashimoto

Pumas-Japón: una llamada y una misión para “Alberto” Hashimoto

Radicado en Tucumán desde hace casi 50 años, este oriundo de Fukuoka se vio sorprendido con un encargo: cocinarle a sus paisanos.

VOCACIÓN DE SERVICIO. Kazumasa Hashimoto, actual presidente de la Asociación Japonesa de Tucumán, no dudó en ayudar a sus compatriotas.  la gaceta / foto de federico espósito VOCACIÓN DE SERVICIO. Kazumasa Hashimoto, actual presidente de la Asociación Japonesa de Tucumán, no dudó en ayudar a sus compatriotas. la gaceta / foto de federico espósito
08 Octubre 2023

Las visitas de los equipos internacionales que llegaban a Tucumán para medirse contra los famosos Naranjas propiciaban toda clase de historias accesorias, muchas de las cuales ni siquiera tenían que ver con el rugby. Cabe recordar, por ejemplo, al seleccionado de Fiji respondiendo encuestas de los censistas en un hotel por encontrarse en Tucumán al momento de llevarse a cabo el censo nacional de 1980. En el caso de la visita de Japón en el 93, uno de esos relatos secundarios tuvo como protagonista a Kazumasa Hashimoto, un oriundo de Fukuoka que llegó a Argentina junto a su familia hace más de 60 años, previo paso por Paraguay. “Nos fuimos de Japón porque a mi padre no le gustaba estar con japoneses. Decía que tenían mentalidad de isleños, de pueblerinos”, explica “Alberto”, sobrenombre con el que muchos lo conocen desde pequeño. Sucede que Kazumasa resultaba muy difícil de pronunciar para sus compañeros de escuela en Moreno (Buenos Aires), por lo que se hizo una votación en el aula para adjudicarle un nombre más amigable.

¿Y cómo fue que Hashimoto-san llegó a Tucumán, cuya Asociación Japonesa hoy lo tiene como presidente? Por una epifanía casual que experimentó cuando un amigo lo trajo para mostrarle un emprendimiento de apicultura que tenía en El Naranjo. “Cuando vine, me llevó a conocer San Javier. Y mientras recorría, encontré un punto desde donde se ve un paisaje idéntico al de Hiko-san, una montaña muy famosa de Fukuoka donde hay un templo sintoísta. Me sentí como si estuviera de nuevo en mi casa de la infancia. Y encima después me enteré de que San Javier está a la misma altura sobre el nivel del mar, y que Tucumán está a la misma distancia de Buenos Aires que Fukuoka de Tokio. Así que no lo dudé. Volví a Buenos Aires y le propuse a mi esposa: vamos a vivir a Tucumán. Y tres meses después, en agosto del 74, estábamos llegando a Tafí Viejo con los muebles”, cuenta don “Alberto”, que hoy sueña con plantar un sakura (flor de cerezo) en ese lugar de San Javier.

Casi dos décadas después, Japón lo vino a buscar. “Muchos japoneses que vivían en Tucumán se fueron después de la crisis de Alfonsín, así que en el 93 no quedábamos muchos aquí. Un día recibí una llamada telefónica en la que me preguntaron si podía cocinar comida japonesa para el seleccionado de rugby, porque con la argentina 'no salía fuerza'. Por esa época yo me la pasaba todo el día trabajando en el vivero, así que ni me había enterado de que venía Japón a Tucumán”, cuenta.

Hashimoto-san nunca tuvo interés en el rugby, pero no dudó en ayudar a sus compatriotas. “Me gusta sentirme útil, es una satisfacción cuando las cosas salen bien”, explica. Por supuesto, no iba a poder cumplir con semejante encargo solo. “Le pedí ayuda a mi esposa y a la de un amigo, Shigenobu Kamiya. Hicimos una ollada de arroz blanco, acompañamos con nishime (verduras cocidas y cortadas en trozos grandes) y se la llevamos al hotel Carlos V. Se comieron todo, no dejaron ni un grano de arroz”, recuerda Kazumasa entre risas.

Además de cocinero, también fue requerido como intérprete durante la ceremonia de despedida en el Jockey Club. Por supuesto, antes fue invitado a presenciar el partido junto a su esposa. Pero no pudo ir: “de rugby no entendía nada y además tenía que atender el vivero. Mi trabajo era mi vida”.

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