A San Martín de Tucumán le faltó picante y ahora debe correr desde atrás

A San Martín de Tucumán le faltó picante y ahora debe correr desde atrás

El "santo" no hizo pie en Morón y se llevó un empate con gusto a nada, porque ya no depende de sí mismo.

A San Martín de Tucumán le faltó picante y ahora debe correr desde atrás Fotos Matías Nápoli Escalero. Especial para La Gaceta

Dependiendo del cristal con el que se mire, el empate que se llevó San Martín de Tucumán de la cancha de Deportivo Morón puede tener un sabor más o menos amargo.

Dulce seguro que no: el “santo” necesitaba imperiosamente ganar para recuperar la cima y seguir dependiendo de sí mismo en esta trepidante carrera hacia la final por el primer ascenso, y no lo hizo. Más aún: de no ser por ese tiro en el palo de Pío Bonacci sobre el final, ni cerca hubiera estado de hacerlo. Porque la cruda verdad es que a San Martín le pesó demasiado el contexto y no estuvo a la altura de lo que la situación demandaba.

Lo intentó, sí, pero se quedó muy corto, y prácticamente no generó opciones claras en el arco de Bruno Galván. Y eso es un pecado capital para un equipo que se postula al premio gordo de la categoría. En castigo, ahora le toca correr desde atrás a Agropecuario y a Almirante Brown, que le llevan dos puntos cuando quedan seis en juego. Si hay una buena noticia, es que al menos recibirá a la “Fragata” el próximo domingo, por lo que aún tiene chances de pasarlo en la tabla, siempre y cuando se quede con los tres puntos. La mala noticia es que sobre el destino del “sojero” no tiene nada que hacer salvo prender velas.

¿San Martín se conformó con el empate?

A ver, la sensación incómoda que quedó cuando se apagaron las luces del “Nuevo Francisco Urbano” fue que por momentos San Martín pareció conformarse con un empate que de poco le sirve. Con rescatar un poroto antes que salir a buscar la bolsa entera. Ni siquiera cuando Morón se quedó con uno menos en el segundo tiempo por la expulsión de Sebastián López se vio a un “santo” verdaderamente sediento, al punto de que la superioridad numérica nunca llegó a notarse realmente. En lugar de jugar por abajo y abrir la cancha para aprovechar el hombre de más, se empecinó en dividir la pelota. Y eso fue negocio para un “gallo” que mostró más ganas de ganarlo que el equipo de Pablo Frontini.

Y si uno se pone a repasar, bien pudo haberse vuelto sin nada San Martín. Porque aunque en el primer tiempo mostró intenciones de ser protagonista, le faltó claridad y precisión para llevarlas al plano material. Le costó acomodarse en el campo, hubo cortocircuitos de mitad de cancha para adelante y por momentos quedó mal parado en el retroceso, tanto así que el “gallo” se quedó dos veces con el grito atravesado en la garganta. Dicho en corto: si San Martín no se fue al vestuario perdiendo 2-0 después del primer tiempo fue por obra y gracia de Darío Sand. El “1” se vistió de santo milagroso para sacarle dos chances clarísimas a Leonardo Ramos.

En la primera, Brian Orosco habilitó al “9”, que enganchó para adentro y sacó un zurdazo a colocar que parecía inatajable para todos, menos para Sand. Y poco después, el habilidoso Orosco envió un centro venenoso que el grandote Ramos conectó de lleno, a quemarropa y hacia abajo, como manda el manual. Y otra vez guantazo de Sand, para esperanza del “santo” y desazón del “gallo”.

Reflexiones finales del empate de San Martín de Tucumán en Morón

Mal síntoma es que tu figura sea el arquero. Y eso que entre Orellana y Meritello contuvieron bastante, pero es que al “santo” le costó demasiado tener la pelota y elaborar algo concreto. Faltó el aporte de los hombres de buen pie, como Bucca y Banegas, que para colmo aportó otra roja al mal crónico de las expulsiones.

Pasó la primera de las tres finales. No fue el resultado que se esperaba, pero todavía quedan dos.

Lo mejor que puede hacer el “santo” ahora es poner la cabeza en remojo y enfocarse en hundir a la “fragata”.

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