Todos para el mismo lado

25 Mar 2020 Por Marcelo Aguaysol

Tres maneras de enfrentar una crisis como la pandemia del coronavirus. La primera está relacionada con la misma enfermedad que ha puesto en vilo al mundo y que todavía no encuentra remedio. La angustia se apoderó de cada uno de los habitantes de este planeta. Algunos exteriorizan más que otros, pero la terrible sensación de vulnerabilidad nos invade por igual. Y entonces surge el segundo efecto, el de la coordinación de acciones, de tareas, de misiones y de sentimientos.

En una familia, que por la magia del aislamiento social obligatorio ha podido, en muchos casos, fortalecer vínculos y olvidarse de viejas rencillas. De tirar todos para un mismo lado y de concientizarse de que esa es la única manera de salir adelante cuando no se sabe qué o quién es la amenaza.

En el trabajo pasa algo parecido. Las relaciones se potencian para alcanzar los objetivos. A pocos les gustará la cuarentena, pero ese estado contribuye a la reflexión para valorar al otro, al que permanentemente contribuye al fortalecimiento de las relaciones, al que arma y desarma equipos hasta encontrar el punto de equilibrio, al que alegra las reuniones -y ahora lo hace a través del WhatsApp-, al que le pone esa dosis de adrenalina para que el equipo salga a la cancha, aun en los momentos más adversos.

En el Estado todo esto se replica. Un gobernante debe estar con todos los sentidos puestos, porque está en juego la vida de todos los habitantes. Para cumplir su misión, tiene un gabinete de colaboradores que deben trabajar armónicamente en base a un protocolo y en base a iniciativas que surjan colectiva o individualmente. Y, mejor aún, si se abre el juego hacia otros sectores, más allá de las responsabilidades que les corresponden a cada uno. De allí se pondera el gesto de los principales referentes del sector privado, de coordinar acciones con el Gobierno para que no se produzca desabastecimiento de productos en la provincia. También la actitud del diputado nacional José Cano de aceptar la invitación del gobernador Juan Manzur para analizar la situación del coronavirus e intercambiar impresiones, dejando de lado las diferencias políticas y electorales.

La evolución de la pandemia ha dejado en un segundo plano cualquier estimación oficial sobre la cantidad de afectados. El ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, hizo cuentas y estimó que este año puede haber unos 250.000 infectados por coronavirus en el país. ¿Y en Tucumán? Algunas estimaciones oficiales daban cuenta de que el escenario de mínima podría incluir solamente 40 casos detectados. El de máxima preveía un escenario de hasta 2.000 infectados. Sin embargo, las matemáticas se guían de datos duros, que no pueden garantizar resultado alguno si se mantiene la inconducta de los ciudadanos de incumplir el aislamiento obligatorio y de no hacer cuarentena.

El tercer aspecto está vinculado con esa inconducta, con la posibilidad de que el aislamiento se extienda hasta Semana Santa, y el efecto que eso profundizará en la economía hogareña. Con un Riesgo País más allá de las nubes (4.295 puntos básicos), la Argentina en cuarentena se financia con más emisión para cubrir las mayores necesidades de cobertura de todos los agentes económicos. Sin salud no hay trabajo y, en consecuencia, tampoco producción. El Gobierno ha priorizado medidas que tiendan a preservar el tejido social, de abajo hacia arriba, como el caso de los jubilados, los pensionados, los beneficiarios de programas sociales y los monotributistas. Para todos ellos, y también para las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, el futuro es hoy. No hay proyección que valga. Todo es cuestión de supervivencia frente a una crisis que no es una más, de esas que los argentinos estamos acostumbrados a sobrellevar.

Las provincias no son la excepción. Aún espera que la Casa Rosada redistribuya unos $ 72.000 millones en Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y que los habilite a ampliar el margen de recursos y el plazo para operar en descubierto en los bancos que funcionan como agente financiero. Esa es la otra cara de la emergencia, de la cuarentena por una enfermedad que no registra antecedentes en la historia.

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