Ayudas que engrandecen a Tucumán

Los especialistas en patrimonio sugieren que se deben involucrar empresas, organizaciones y la sociedad en general.

05 Nov 2019

La iglesia de San Francisco excede su condición de templo: es un patrimonio arquitectónico y cultural de los tucumanos. De allí que la urgencia por rescatarla deba ser responsabilidad de todos: del Estado en primer lugar, de las instituciones públicas y privadas, de las empresas y de la sociedad en general.

Aunque pocos lo saben, en este edificio histórico están todos los estratos de las distintas épocas de la vida urbana y arquitectónica de la ciudad, desde 1685, cuando llegaron los jesuitas desde Ibatín y construyeron allí. A partir de 1785 pertenece a los franciscanos, quienes, casi 100 años después y hasta 1902, fueron levantando la iglesia y el claustro que hoy vemos frente a la plaza Independencia.

Es una huella irreemplazable de nuestra historia. Especialmente si tenemos en cuenta que quedan pocos testimonios del Tucumán antiguo. La modernidad arrasó con la mayoría de las casas y edificios que formaban parte del casco céntrico.

Entre los espacios aún conservados -que se cuentan con los dedos de la mano- están la Iglesia Catedral (es el templo más antiguo de San Miguel de Tucumán), el Salón de la Jura de la Casa Histórica, una vivienda (que perteneció a la familia Alurralde y que hoy es el Museo Folklórico, en 24 de Septiembre 565), la fachada del inmueble donde funciona la Peña El Cardón (Las Heras 60), la escuela Sarmiento (Virgen de la Merced 53) y el Museo Casa Padilla (25 de Mayo 36), según consta en el Catálogo del Bicentenario-Patrimonio Edilicio y Urbanístico de Tucumán.

La iglesia de San Francisco -hoy clausurada por su mal estado- ha ido sufriendo una serie de daños producto del paso del tiempo. Debería haber recibido trabajos de conservación permanentes. Sí se han hecho distintas tareas, pero de manera intermitente. Hoy es un “enfermo en terapia intensiva”. Por eso, la comisión de puesta en valor del conjunto franciscano sacó a la venta una serie de bonos para que la sociedad pueda aportar con su granito de arena a la recuperación del templo. Además, se pueden hacer donaciones por transferencia bancaria. Mientras tanto, se espera que se resuelva el trámite de licitación de un aporte de la Nación por $ 5 millones. Ese monto permitirá reabrir el templo y realizar estudios para el saneamiento de la parte estructural del conjunto.

Legalmente, la preservación de las catedrales, parroquias, santuarios y capillas declarados “monumento histórico nacional” corresponden al Estado nacional. Pero, como es sabido, las necesidades de estos inmuebles no suelen ser atendidas con la debida celeridad que se requiere. No hay una política de conservación edilicia sostenida en el tiempo.

Por eso, los especialistas en patrimonio creen que el empeño debe ser mancomunado: deben involucrarse también empresas, organizaciones y la sociedad en general. Pensemos en Notre Dame. El incendio de este edificio ha despertado inmediata reacción de parte de la sociedad francesa y del mundo entero para sumarse económicamente a su reconstrucción. Nos cuesta imaginar las implicancias de comprometer una pequeña cantidad de nuestro dinero para una causa común. En el caso de la iglesia de San Francisco, se puede colaborar desde $100. Vivimos tiempos difíciles. Pero, por ínfima que parezca una ayuda económica, si se multiplica puede tener grandes resultados. Es necesario correr el foco. Se trata de favorecer la conservación del patrimonio histórico y cultural. Se trata de cuidar un pasado muy valioso para nuestra identidad.

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