Esta obra es buena, hay que cuidarla para que funcione

05 Abr 2019 Por Guillermo Monti
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Tapada de afiches y de mugre, la fachada del Buen Pastor se mantuvo invisibilizada durante años en la esquina de Mendoza y Salta. El destino del edificio es una incógnita que algún día deberá develar el Arzobispado, pero puertas afuera la impresión que contagiaba era de profunda tristeza. Hoy, el exterior del antiguo “instituto de orientación juvenil” le propone otra sensación al transeúnte gracias a la revalorización realizada por el municipio. Desalojaron la cartelería, limpiaron el frente y pulieron cuidadosamente las pequeñas cerámicas que ornamentan la base de los muros. Es uno de los impactos positivos que está generando la obra en Mendoza al 800, pronta a inaugurarse porque luce prácticamente lista.

Hablamos de la cuadra de la discordia, sujeta a constante debate desde que se redireccionó el tránsito con sentido este-oeste. De una u otra forma, la intersección con Salta es un embudo que eclosiona en las horas pico. Algo había que hacer con esos 100 metros, un híbrido urbano en el que se acostumbraron a convivir cuatro guarderías, un boliche, verduleros ambulantes, containers de basura, un supermercado, una miniferia y una iglesia. Y como dato histórico vale apuntar que allí agonizó, hasta cerrar sus puertas, el cine Candilejas. El primer impulso, revelado por el intendente Germán Alfaro, fue prolongar la peatonal Mendoza. Pero queda claro que lo pensaron mejor y la decisión final fue la más acertada: una semipeatonal, idéntica a la de Buenos Aires primera cuadra en lo estructural y en lo estético.

¿Cuánto le rinde al Intendente, en materia electoral, pelearse con el Gobernador? Lo sabrán él y su equipo. Pero los ciudadanos no son estrategas de las mesas de arena de la política, lo que piden es un poco de calidad de vida. En otras palabras, obras. La sensación es que Alfaro se pasó la primera mitad de su mandato demasiado ocupado en culpar de todos los males de la ciudad a terceros, empezando por Juan Manzur. En realidad son disparos a los propios pies, porque Alfaro se heredó a sí mismo, teniendo en cuenta que era secretario de Gobierno de Domingo Amaya. Tras las elecciones de 2017 se notó en el Intendente una mayor concentración en el devenir de la capital y esa sí es ganancia neta. Menos cotorreo político y más gestión. Toda una lección para un dirigente que hizo pública su ambición de sentarse en el sillón de Lucas Córdoba en 2023.

El microcentro tucumano es caótico, por lo general sucio, ruidoso, embotellado y desperfilado. Las señas identitarias que se salvaron de la piqueta se mezclan con una arquitectura cambiante. Nada encaja demasiado. Iniciar una transformación real y profunda de ese conjunto de manzanas es un lindo desafío para quien le toque comandar el municipio durante los próximos cuatro años. Y no pasa sólo por ordenar el tránsito, una tarea que, hasta aquí, sólo acumuló fracasos. Para el microcentro, un cambio de imagen puede resultar determinante.

Otra realidad

Imaginemos el diseño de Buenos Aires primera cuadra y de Mendoza al 800 replicado a escala. Aceras el doble de anchas, arboladas, bien iluminadas, con bancos al paso y dotadas de veredas homogéneas. Cuadras accesibles e inclusivas, con rampas en las esquinas y guías para ciegos en el piso (esa franja sobre la que pueden transitar con plena confianza gracias al diseño en relieve). Las calzadas, adoquinadas y prolijas, sólo permiten el paso de un vehículo a la vez. Adiós a las dobles filas y al transporte pesado. ¿Por qué no pensar en un diseño similar para otras cuadras del microcentro, como 25 de Mayo, 9 de Julio, San Martín, Maipú, Junín, Córdoba o Crisóstomo Álvarez?

Para eso sería imprescindible, de una vez por todas, modificar el recorrido de varias líneas de ómnibus, iniciativa que le cuesta horrores al poder político. También redefinir las “paradas tubo” de los taxis, en su localización y en su extensión. Y, de paso, avanzar en medidas que desalienten esa manía de los tucumanos de llegar con el auto a donde no se puede llegar. Una ciudad más verde y amigable para ciclistas y peatones.

La circulación de autos particulares por zonas comerciales y cascos históricos es un dolor de cabeza en todo el mundo. Algunas ciudades, directamente, la prohiben. Otras la restringen por franjas horarias o por la numeración de las patentes. En Estados Unidos van más allá. “Nueva York, la ciudad más densamente poblada del país, les cobrará a los conductores para ingresar en los barrios más congestionados de Manhattan, una forma de recaudar fondos para invertir en transporte público y desalentar el uso de autos. La medida entrará en vigor en 2021”, informó el New York Times. Los Ángeles y San Francisco también seguirán el sistema de “peajes urbanos”. Saben que es una medida impopular y de alto costo político, como consigna el artículo, pero confían en los resultados a mediano y largo plazo.

El problema es que, mientras el mundo apunta a la descentralización, Tucumán se aferra al ombliguismo. El intento de instalar la sede del Ministerio de Defensa en el corazón de barrio Norte escapaba al sentido común, más allá de la fascinación que podía generarle al funcionario de turno la posibilidad de trabajar frente a la plaza Urquiza. La consigna de alejar la administración pública de las cuatro avenidas está lejos de prender, cuando debería ser al revés. Es una cuestión conceptual. Pongamos un ejemplo: ¿por qué no localizar ese ministerio en algún sector poco desarrollado la ciudad? ¿Al sur de la avenida Roca tal vez? Está comprobado el efecto positivo que genera esta clase de movidas urbanas en las zonas de influencia.

La pelota en nuestro campo

La semipeatonal de Mendoza al 800 puede nacer con las mejores intenciones, pero su éxito dependerá de la actitud de los vecinos. Entre la ciudad y sus habitantes se erigen pactos de convivencia tácitos que en Tucumán no suelen respetarse. En Buenos Aires primera cuadra es el propio municipio el que está en deuda, porque un inmueble abandonado de su propiedad (la ex Dirección de Tránsito) alberga un fecundo criadero de ratas.

Hay varios riesgos que se ciernen sobre Mendoza al 800. La fachada del Buen Pastor quedó muy bien, pero sin vigilancia será pasto de pegatinas y pintadas, más en épocas de elecciones. Quienes salen del boliche los fines de semana toman por asalto la cuadra y no con las mejores intenciones. Lo mismo: no puede faltar la seguridad. La higiende dependerá de la relocalización de los containers amontonados en la esquina de Junín. ¿Y qué será de los vendedores ambulantes de frutas y verduras? Los bancos de madera son muy lindos, pero no parecen pensados para que los verduleros acomoden sus cajones encima. Pero es lo que viene percibiéndose durante los últimos días, y eso que la calle está colmada de empleados municipales que van y vienen supervisando los trabajos. En cuanto al cuidado del arbolado, es una materia que los tucumanos venimos reprobando. ¿Correrán la misma suerte los flamantes ejemplares plantados allí?

La geografía tucumana es bellísima y todos pretendemos vivir en una ciudad que esté a esa altura. El problema es que la mayoría hace poco y nada para colaborar en ese sentido. Será que en Tucumán, del dicho al hecho, hay mucho más que un trecho. Pero cuidar un rinconcito urbano con olor a nuevo no puede ser tan difícil.

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