El pádel la llevó al éxito

Fue la jugadora N°1 de Tucumán y después de años de ausencia decidió volver al deporte que la hizo feliz

14 Jun 2018

Si se habla del pádel tucumano de principios y mediados de los 90, pleno auge de la disciplina, el nombre de María Eugenia González resulta imprescindible. Ganó mucho de lo que jugó, fue fuente de inspiración de muchas mujeres, se convirtió en profesional y mostró un camino. Un día, “Gugui” se retiró. Y hace poco tiempo decidió volver. De todo esto trata este reportaje, en el que la deportista enfrentó las preguntas con la misma pasión con la que se mueve en una cancha.

- ¿Cómo empezaste con esta “locura” del pádel?

- Enseñaba tenis, estaba bien con eso, y un día una amiga me invitó a ir a un club de Yerba Buena, para ver un partido de pádel. Fui, las vi a mis amigas jugar, me gustó y me entusiasmé. Mi primera vez fue en ese lugar: fui y no sabía en qué categoría anotarme. Finalmente lo hice en Segunda, pero me dijeron que mi juego era para Primera. ¡Yo no tenía ni idea de todas las reglas! Jugué bastante y la conocí a Viviana Di Benedetto; desde que formamos dupla, ganamos todos los torneos en la capital y en el interior.

- En la memoria de mucha gente quedó ayer torneo que ganaste con Viviana en Caja Popular. ¿También es un fuerte recuerdo para vos?

- Será un momento que no me voy a olvidar más en la vida. Lo del título de Segunda en Tucumán fue quizás la emoción más grande que me dio este deporte. Ese “¡Tucumán Tucumán!” que gritaban para alentarnos las 3.000 personas presentes cuando íbamos perdiendo todavía está en mi cabeza. Lo recuerdo y todavía se me pone la piel de gallina. Le pusimos toda la garra, nos dijimos “sí se puede” y le dimos para adelante.

- ¿Y qué hay de tu etapa como profesional? ¿Te marcó?

- Jugar en Primera profesional fue durísimo. Pero era lo que estaba buscando. Que el deporte sea una profesión, con al menos ocho horas para dedicarle (cuatro de físico y cuatro de cancha) era una alta exigencia. El ritmo era tremendo. Los circuitos empezaban un jueves y seguían hasta el domingo, todos los fines de semana. Nadie se podía perder una fecha, porque sino se perdía puntaje y había que jugar después con la dupla Cecilia Bacigalupo-Virginia Mazzuchi, que era la mejor. Fue un privilegio jugar en ese nivel. Lástima que Viviana, que enseñaba pádel, no podía acompañarme tantas veces como exigía el circuito. Entonces, empecé a jugar con una porteña, Isabel Pueyrredón. Yo estudiaba, también enseñaba pádel, por lo que todo se me complicaba. Pero seguí.

- ¿Y cómo fue esa etapa?

- Viajábamos mucho. El pádel me ocupaba todo el tiempo, y no me daba cuenta de eso. Compartía muchas cosas con todos los que jugaban, a toda hora. Fue un tiempo hermoso. Por este deporte conocí muchísimos lugares, recorrí la Argentina de punta a punta, porque había torneos en todos lados. Al pádel le daba, por día, al menos tres horas. El resto de las horas estudiaba y enseñaba el deporte en Catalinas. Mis entrenamientos me ocupaban al menos tres días a la semana.

-¿Cuál fue el secreto de tu éxito?

- Me esforcé y me sacrifiqué mucho. Entrenaba a fondo. Le puse muchas ganas, porque me gustaba el deporte. Mi cabeza pensaba para adelante, me importaba ganar, pero mucho más disfrutar. El éxito viene con esa fórmula. Haber jugado antes al tenis me facilitó las cosas con el pádel. La técnica fue clave en eso, diría que el 80%. Por ello avancé. Una vez que se domina el tema de las paredes, lo demás sale rápido.

-¿Hiciste dinero con el pádel?

- Tenía muchos auspiciantes. Me pagaban pasajes de avión para ir a los torneos, tenía un comercio que me daba la ropa, otro me acercaba el calzado. Nunca tuve problemas con ninguno. Pude vivir bien de ser profesional. Pero lo del estudio era importante.

- Hasta que un día te retiraste...

- Sí, un día todo terminó. Era una vida de locos la que llevaba. En realidad, no tenía vida propia, por todos los compromisos: torneos, viajes, estudio, exhibiciones en todos lados, sobre todo por las inauguraciones de canchas. Llegó un día en que me cansé de todo eso, sólo quería quedarme en casa a ver televisión. Pensé en parar un poco. Vino Verónica Ponce de León y me dijo que vayamos a Santiago del Estero a una inauguración de cancha. Pero decidí no ir. Ella no podía creerlo, pero yo ya había tomado una decisión. Corría 1994/1995.


- ¿Qué pasó luego del pádel?

- Me casé, tuve tres hijas. La vida me fue llevando por otro lado. Me dediqué a criar a las chicas, a trabajar en un salón de fiestas, y a atender unas canchas de pádel.

- ¿Por qué decidiste volver al tenis?

- Lo hice hace seis años. Fue para reencontrarme con mis amigas y con los circuitos nacionales. Todo renació porque llevaba a mis hijas a Lawn Tennis y veía a mis amigas de siempre. Ellas me dijeron: “volvé” y les hice caso. Nos está yendo bien. Y, para completar este regreso, hace un mes me empezó a dar vueltas en la cabeza otra vez el pádel. No sé por qué. Vi las fotos, los recortes, las paletas. Y me dije: “¿por qué no volver?” Y aquí estoy, averiguando cosas del deporte de hoy, cómo está, qué organización hay, cómo están los circuitos. Mis hijas están felices con que vuelva y yo me siento emocionada. Vienen a mí muchos recuerdos lindos. Fui afortunada de vivir grandes momentos, de que me fuera bien. Jugué en la etapa del auge, gané torneos, fui profesional. Si volviera el tiempo atrás, elegiría otra vez el camino que hice.

- ¿Qué sabés del pádel de hoy?

- Sergio Mambrini es mi referente hoy; él está como referente de la Asociación. Siento que está haciendo bien las cosas, con su gente. Le pedí que me dé datos de la actualidad y quedé sorprendida: hoy, los jugadores de pádel de Tucumán están viajando a los sudamericanos, a los mundiales. Él me pidió volver. Y yo me prendí enseguida. Además, ya estoy enseñando: hay varias escuelitas en funcionamiento y otras que se están organizando. El semillero se está armando, nadie quiere que esto sea sólo un hobby.


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