Humor negro inglés y la excelente pluma de McEwan

14 Ene 2018

El argumento es simple; Trudy es una mujer que está embarazada, su esposo John es un poeta mediocre, editor de poesía, y un nostálgico pusilánime que trata todo el tiempo de complacer y conmover a Trudy. Claude es un amigo de la pareja y es amante de Trudy. Estos últimos conciben un tenebroso plan: asesinar a John envenenándolo, de modo que Trudy heredará una mansión gregoriana valuada en ocho millones de libras de su difunto esposo.

Pero el narrador de la historia es el hijo no nato de Trudy, un feto aún sin nombre que relata desde sus aposentos placentarios las intrigas de los confabuladores, todo ello intercalado con observaciones ágiles y cínicas, con el mejor humor negro británico, con una excelente pluma y una mordaz visión crítica del mundo cultural contemporáneo.

Como se ve, Borges había recalado en la profundidad espacial, metafísica o mística de la cita de Hamlet. McEwan lo hace desde lo dramático y brinda una excelente reversión de la anciana historia que cuenta la confabulación entre amantes para matar a un padre, a un potentado, o a un rey.

En Hamlet, es el hijo quien sufre la injusticia y la maldad de sus mayores; en Cáscara de nuez, también.

© LA GACETA

NOVELA

CÁSCARA DE NUEZ

IAN MCEWAN

(Anagrama - Barcelona)

 


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