“Las mujeres occidentales tenemos ahora más posibilidades, lo que no implica verdadera paridad de género

Acaba de ganar el Premio Internacional de Poesía Antonio Viccaro en Quebec por su poemario En attendant le matin vert / Esperan la mañana verde y viene de participar del 33º Festival Internacional de la Poesía en Canadá. Aquí habla de esa experiencia, del galardón y del rol de la mujer ENTREVISTA A MARÍA ROSA LOJO.

14 Ene 2018
1

EN CANADÁ. Lojo agradece el Premio Internacional Antonio Viccaro 2017 en el Festival de Poesía deTrois Rivieres. facebook Marìa Rosa Lojo

- Recibiste el Premio Internacional de Poesía Antonio Viccaro.

- Es un premio que se otorga en cada nueva edición del Festival Internacional de la Poesía a poetas de diferentes regiones del mundo que hayan sido traducidos al francés. En 2017 la región fue América del Sur, y me tocó a mí, y en particular a la edición bilingüe de mi libro Esperan la mañana verde/En attendant le matin vert (2015). Es una hermosa manera de promover y dar a conocer a un poeta extranjero en el mundo francófono desde ese verdadero baluarte de la francofonía que es el Canadá francés. Con las reservas del caso porque, claro, tampoco se trata de una “sucursal de Francia”, sino de una cultura original y con potencia propia. Hablan su dialecto de la lengua francesa, así como nosotros hablamos en nuestro español rioplatense. Y tienen una vida artística e intelectual intensa y variada, con apoyos del Estado a estas iniciativas y eventos muy importantes, mundialmente reconocidos, como este festival en el que participé.

- ¿Cómo fue la experiencia en el 33º Festival Internacional de la Poesía que patrocina este premio, en la ciudad de Trois-Rivières (Quebec)?

- El Festival mismo me pareció magníficamente organizado y muy original en la forma de llevarse a cabo. La ciudad de Trois-Rivières es un lugar encantador, tranquilo, de hermosas construcciones. Recibe muchos turistas, por su atractivo histórico, paisajístico, los eventos culturales y de interés general que se realizan allá, y también por la gastronomía. Hay muchos bares, pubs, restaurantes, de diferentes estilos y variada oferta, donde se desarrollan, precisamente, las lecturas poéticas. También se hacen en la Maison de la Culture (Casa de la Cultura), que tiene una sala amplia, con mesitas donde la gente puede sentarse a escuchar y a tomar algo. Algunas veces nos acompañaron con piezas musicales los alumnos del Conservatorio Municipal de la ciudad, que es excelente. Y, en menor grado, hubo lecturas en otros espacios institucionales y en algunas librerías. Al principio me sorprendió que las lecturas (un montón por día, yo tenía siempre dos o tres, y así todos los poetas) se hicieran en tantos entornos gastronómicos. Pero la gente realmente escuchaba con la mayor atención aunque estuviese comiendo. Las y los coordinadores de mesa, así como los poetas, llegábamos siempre diez minutos antes. Todo se preparaba con tranquilidad y también terminábamos disfrutando de las comidas después de nuestras intervenciones. El Festival tiene el respaldo del Ministerio de Patrimonio, del Ministerio de Turismo, del Consejo Nacional de las Artes de Canadá y por supuesto de la Intendencia de Trois-Rivières y de sus legisladores. Hay un gran compromiso público para sostenerlo, y un equipo impecable que se ocupa concretamente de la realización, liderado por dos presidentes: el ya mencionado Gastón Bellemare, y Maryse Baribeau.

- ¿Había muchos poetas de distintos países? ¿Cómo se manejaban con las diferentes lenguas?

- Sí, hubo una gran concurrencia de invitados internacionales. De la Argentina viajamos Aldana Gaggero (como representante de la SEA: Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina) y yo; Paula Giglio, una poeta joven, se agregó unos días después. Y hubo representantes de China, Rusia, Polonia, Bélgica, Francia, Italia, Palestina, España, Italia, Isla Mauricio, Mauritania, Australia, Escocia, Japón, Cuba, Estados Unidos, México (entre ellos, Gustavo Iñíguez y Luis Armenta Malpica, que dirige la editorial Mantis y que fue galardonado, en este Festival, con el Premio Jaime Sabines / Gatien Lapontie). Por supuesto, también había muchos canadienses, del área francófona, y también de la anglófona. Salvo el caso de los que escribían en francés, las lecturas se hacían siempre en dos lenguas: la original en la que los poemas fueron escritos y la traducción francesa de cada poema, que -salvo casos de bilingüismo- los poetas dejan a cargo del coordinador/a de mesa (siempre un nativo). Esto era lo habitual, exceptuando algunas sesiones especiales en las que se leía solo en lengua materna. A mí me ocurrió algo curioso: además de la presentación exclusivamente en castellano, me programaron para una sesión solo en lengua inglesa que tuvo la particularidad de celebrarse en una antigua iglesia protestante reconvertida en centro cultural, pero donde todavía se celebran misas a veces. ¡Toda una experiencia! Por suerte tenía a mano la traducción al inglés del libro premiado (publicada en 2007 en Estados Unidos), así que me tiré a la pileta y leí lo mejor que pude junto a escoceses y australianos.

- ¿Es una elección escribir poesía en prosa o el poema se manifiesta de esa manera?

- Escribo poesía desde la adolescencia. Los primeros textos fueron en verso libre. Tuve incluso una época en la que experimenté con la rima (aunque nunca publiqué nada de esto). Finalmente, la poesía en prosa se impuso como un ritmo necesario, una respiración prolongada y ondulante que el corte de verso no me permitía. Desde hace unos años, muchos de los textos que yo consideraba “poemas en prosa” se han publicado en diversas antologías de microficción y/o microrrelato. El generoso paraguas de la “microficción” permite albergar hoy, para beneficio de autores y lectores, los textos breves en general, incluso los más líricos. En mi caso me sería difícil distinguir entre poesía y microficción porque creo que casi todas mis microficciones son muy poéticas. Si las comparo con los trabajos de autores que son claramente microrrelatistas no líricos, encuentro por ejemplo que suelen buscar giros sorprendentes en la acción, efectos humorísticos, sorpresas eruditas. Me parece que en mis textos en prosa predomina, sobre todo, el efecto lírico transfigurador.

- Como escritora destacada, madre, docente, ensayista, y tantos roles más que desempeñás, ¿qué lugar te parece que juega la mujer en este momento de la historia?

- Agradezco mucho tus palabras, ante todo. Creo que hice lo que pude. Algunas cosas salieron mejor y otras peor. No es fácil cumplir tantos roles, en efecto. Pero elegí hacerlo y privilegiar la intensidad a la comodidad. En cuanto al momento histórico, me parece que las mujeres occidentales tenemos ahora más posibilidades que en cualquier otro momento. Lo que no implica, necesariamente, verdadera paridad de género en las retribuciones materiales y simbólicas y en el reconocimiento de logros. En ese aspecto desconfío de los “post-feminismos”. El “techo de cristal” sigue existiendo. Y a veces las mismas mujeres contribuyen a mantenerlo con sus propias rivalidades internas.

© LA GACETA

PERFIL

María Rosa Lojo es escritora, investigadora del Conicet, doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, directora del Centro de Estudios Críticos de Literatura Argentina y miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Es autora de una veintena de libros por los que recibió, entre otros, el Premio de Poesía de la Feria del Libro, la Medalla del Bicentenario, el Premio Nacional Esteban Echeverría por toda su obra y el Kónex, como una de las figuras de las letras.

Comentarios