Apuntes personales sobre las relaciones entre textos e imágenes

entre la autobiografía y el catálogo MISCELÁNEAEXCESOS LECTORES, ASCETISMOS ICONOGRÁFICOSJOSÉ EMILIO BURUCÚA(Ampersand – Buenos Aires).

14 Ene 2018
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EN SU BIBLIOTECA. El historiador del arte encara una autobiografìa parcial, de lecturas e interpretación de imágenes.

Pocos géneros (tal vez ninguno) más egocéntricos que la autobiografía, ya que peca a partir del intento, se fortalece con la escritura y se consolida con la publicación. Sin embargo es una disciplina que tiene un buen número de lectores. Hay personas que leen sobre otras personas, de las que nunca escucharon hablar, pero igual se interesan en esas narraciones, tal vez buscando alguna empatía no demasiado clara.

El ensayista francés Philippe Lejeune habla de pactos entre autores y lectores, requisito verdaderamente necesario para disfrutar de un libro; y se centra en el pacto autobiográfico, una suerte de contrato en el que el autor se compromete a decir la verdad, a la vez que el lector garantiza creerle. Quienes hayan leído La muchacha de las bragas de oro, magnífica novela de Juan Marsé, descreerán de las autobiografías.

Ninguno de los dos ejemplos citados tiene que ver con este libro de José Emilio Burucúa, pero nos ayuda a entrar en tema. En este caso estamos ante una autobiografía parcial, sólo de lecturas y de interpretación de imágenes. Escritor y docente multipremiado con el Konex y con otros galardones envidiables, Burucúa hace un relevamiento de cuanto leyó a lo largo de su vida; y, como si respondiera al pacto autobiográfico ya mencionado, subtitula su libro con lo que es su intención: Apuntes personales sobre las relaciones entre textos e imágenes. He aquí un asunto importante: lo personal puesto en formato libro para que otros lo consuman. Y como bien sabemos que no hay dos lecturas diferentes de un mismo libro, sería interesante saber qué lectura puede hacer cada uno de un texto de estas características. Los parientes, amigos y alumnos del autor harán una lectura salpimentada con algunos hechos que tal vez no se encuentren en la narración. Pero ¿y los otros lectores, colegas o no? Tal vez muchos de ellos lo lean como hice yo (pido disculpas por la autorreferencia); y, una vez superadas las primeras páginas, esas que Borges aconsejaba brindarle a cualquier libro, sólo se preocupen por ir encontrando títulos de obras o descripciones de imágenes conocidas, como una suerte de ayuda memoria. Pequeña empatía con un autor que menciona y comenta los libros que recuerda (más de 400) convirtiendo sus apuntes autobiográficos en un catálogo que, a medida que avanzan las menciones, va perdiendo interés. El propio autor llega a definir este libro como “mera biografía libresca y lectora”.

La edición, impecable, incluye algunas ilustraciones de pinturas clásicas.

© LA GACETA

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