“El arquetipo de la princesa continúa; lo que cambia son las actitudes”

La investigadora Pola Schiavone muestra el costado “no ingenuo” de aquellos relatos que han acunado a muchas generaciones

14 Ene 2018
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la gaceta / foto de antonio ferroni

La hermanastra de la Cenicienta tuvo que cortarse el talón para que le entrara el zapatito de cristal. Y ni aún así logró el amor del príncipe. Y Hansel y Gretel no sólo se escapan de la vieja malvada en los bosques alemanes; también hay émulos de “Hansel y Gretel” en la selva misionera. Esas son algunas de las sorpresas que depara la lectura entrenada de Pola Schiavone sobre las historias que acunaron en la infancia a numerosas generaciones; y que hoy lo siguen haciendo desde otros formatos y dispositivos.

Sorprende que a una millennial (tiene 32) le interesen “Hansel y Gretel”, “La Bella Durmiente” y “Caperucita”, entre otros cuentos que para casi todos los mortales llevan la firma de los hermanos Grimm, de Hans Christian Andersen o de Charles Perrault. Pero ella advierte que los “cuentos infantiles” que nos acunaron en la infancia son, en realidad, el folclore de los pueblos, reversionado.

Pola es tucumana, comenzó la licenciatura en Letras en la UNT y la siguió por un convenio en Alemania (y una beca de la DAD) con la Universidad de Colonia, donde hoy transita la mitad del doctorado. De paso por su Tucumán natal, le cuenta a LA GACETA que llegó a ese territorio porque le interesaba la mitología, en particular la nórdica, más que la literatura infanto-juvenil. Por cierto que la memoria de la infancia ha hecho lo suyo en las elecciones de Pola: no tiene que esforzarse demasiado para recordar esos libros grandes, coloridos, de los hermanos Grimm (el azul) y de Andersen (el amarillo). Y Perrault completa el trío, con seguridad.

- ¿Cómo llegaste de tu interés por los símbolos y mitología nórdica a los hermanos Grimm?

- No encontraba bibliografía.Y mi profesora, que es alemana (Susana Thiemann), me dijo: “si te interesa el tema folclórico, donde lo mitológico está metido en el medio, podés trabajar con los cuentos de Grimm”. Y yo le dije: “no, porque no me interesa la literatura para chicos”. Y ella me retrucó y me dijo, “no: son cuentos folclóricos que luego se adaptaron para los chicos”. Sí es verdad que los Grimm los coleccionaron con la idea de que pudieran contárselos a los niños, pero con la idea de transmitir el legado alemán.

- Entonces, ¿lo de los hermanos Grimm no es literatura para chicos?

- Viene del folclore, pero lo que ellos hacen es compilar. Se dan cuenta del valor que estos relatos tienen a nivel identitario. Hay grandes compiladores de las numerosas versiones y variantes de todos esos cuentos. Los hermanos Grimm están entre ellos. Con el objetivo de unificar, para que no se pierda este relato, toman todas las variantes, las juntan en un cuento y surge editada como una versión original. Pero no existe tal versión original; porque el folclore, por sus características, está destinado a modificarse. Tiene una estructura lo suficientemente estable como para persistir en el tiempo, pero lo suficientemente flexible como para que admita cambios.

- ¿Hay sustratos comunes entre los cuentos que hemos leído en la infancia? ¿Entre los europeos y los latinoamericanos?

- Sí, hay un índice de tipos y motivos del folclore universal. La idea era reunir la mayor cantidad de cuentos de todo el mundo y encontrar esa estructura común subyacente, con todas las variantes de cada país. La última actualización es de 2004, y se sigue actualizando. Es muy útil para los que trabajamos en esto. Por ejemplo, a mí me sirve porque estoy trabajando con “Hansel y Gretel”, con literatura comparada, tratando de encontrar elementos estables entre distintos relatos. He tomado un corpus de versiones y trato de encontrar puntos comunes.

- ¿ Qué es lo que más te ha sorprendido en tus búsquedas?

- Yo no sólo comparo. También analizo la función que tiene la comida en distintas versiones; y para ello recurro a herramientas de la antropología, de otras disciplinas.

- En el caso de “Hansel y Gretel”, las miguitas de pan...

- Y la casita de chocolate, que es comestible... y la bruja que los quiere comer. Eso es parte de lo que estoy analizando hoy.

- ¿Analizás qué pasa con los chicos de hoy ante esos relatos?

- No. Hay muchas lecturas y reinterpretaciones de género; y reinterpretaciones a partir de cómo esos relatos llegan al cine. Pero eso es tema para otra investigación. Justo escribí un artículo para un blog de escritura femenina que se llama wewave. No es algo problemático la reinterpretación del cuento folclórico llevada al cine. Lo que yo cuestiono es la necesidad de criticar todo lo anterior como retrógrado. Como que por culpa de los cuentos de Disney somos todos machistas. Los motivos se van transformando a medida que la cultura se va modificando. Si fueran elementos anquilosados, la cultura los descarta. Eso es lo que dice Walter Ong; en la cultura de la oralidad, los elementos que no sirven salen de circulación. Lo que no invalida que no quede el material para ser analizado por los investigadores. Es verdad que en los siglos XX y XXI los cambios han sido vertiginosos. Y como el feminismo está teniendo una voz tan fuerte, es fantástico que se reinterpreten los cuentos; pero, si ves lo que se ha volcado al cine, el arquetipo de la princesa sigue estando. Lo que cambia son las actitudes. Vos seguís reconociendo el arquetipo, al punto que cada reversión es motivo de pelea, y en particular los adultos dicen: “no, es así”. Pero, insisto, no existe el original, antes de los Grimm estaba en la tradición oral, se convirtió una y otra vez, y los primeros que lo escribieron, que lo sacaron de la tradición oral, fueron los Grimm, Perrault... Y este es otro tema, pero hay que tener en cuenta que los Grimm escriben en momentos del intento de consolidación de una esencia de la identidad alemana en el siglo XIX, en el momento de formación nacional en Europa. Los Grimm están convencidos de que la esencia de la identidad alemana está ahí, en la voz del pueblo.

- ¿Y Perrault?

- Creo que lo que él quiso fue sacar esos relatos del circuito de las clases campesinas. Pero tenía que trabajar mucho en las adaptaciones, porque tenía que presentarlas a la Corte francesa, que era muy exigente.

- La Cenicienta con la que hemos crecido es la de Perrault...

- Sí, la de Grimm es bastante más brutal. En la versión de Perrault la hermanastras se van probando el zapatito y no les entra. En la de Grimm, como las hermanastras saben que el zapato no les va a entrar, la madre le dice a una de las hermanas: “cortate el talon”, y cuando el príncipe la lleva le va cayendo sangre; y ahí hay alguna interpertación de la sangre como pérdida de la virginidad. Y a la otra hermana, que tiene el dedo más grande, la madre le dice: “cortate el dedo”. Además, en el cuento alemán no está el elemento sobrenatural del hada madrina. Lo que le llega es el mensaje de su madre muerta, que le llega desde un peral. Lo que encontré en los cuentos alemanes es que los elementos sobrenaturales están muy vinculados con tradiciones más paganas; eran creencias rurales preexistentes que circulaban. Algo que me llamó mucho la atención es la vinculación del europeo con el espacio boscoso. Más de una vez surge esto de que hay un vínculo entre el árbol y la tumba.

- Volvamos a la comida. ¿Cómo llegaste a este tema?

- Mi directora me ayudó muchísimo. Salió de una charla de café; me llamaba la atención cómo en la casa de un ex novio, cada vez que había un asado, los roles estaban muy diferenciados. Los varones hacían el asado; las mujeres, la ensalada. Y hasta la distribución de los lugares para sentarse estaban muy delimitados. Así, por casualidad, me llegó el interés por analizar el tema de la comida en los relatos de los hermanos Grimm.

- ¿Qué has descubierto de eso en relación con los relatos folclóricos?

- Yo comparo las versiones alemanas con las argentinas, a las que no conocía de antes; lo que muestra cuán grande es la influencia de lo europeo sobre nosotros. Hay trabajos muy ricos de las argentinas Susana Chertudi y Berta Vidal de Battini. Chertudi, que desarrolla cada una de las variantes argentinas de los relatos populares europeos más conocidos, ha encontrado 30, 40 versiones de Hansel y Gretel, por citar algunas, con modificaciones mínimas. Yo estoy trabajando con la versión de Hansel y Gretel de los Grimm y con dos versiones de Chertudi, una de Córdoba y otra de Misiones. Por ejemplo, algo que me ha llamado la atención es que en Hansel y Gretel el pan es omnipresente. En la versión argentina, en la de de Misiones, el pan casi nunca aparece; en una de las versiones, el niño tira porotos, en otra, pasitas de uva. Sólo aparece el pan cuando una vieja le dice: vamos a poner el horno para cocinar el pan. Los contextos también cumplen un rol; y es el tema que tengo que ahondar ahora, porque el pan en el contexto europeo cumple un rol central. Y en estos pueblos argentinos habrá que preguntarse por qué las pasitas de uva y los porotos, y no el pan.

- ¿Cómo se cuela el folclore tradicional en las nuevas producciones de animación?

- Esto es intuitivo. Creo que las nuevas producciones han entrado en el circuito del folcore urbano. Es el folclore de la ciudad, que reversiona o toma los motivos universales, y los reinterpreta.

- ¿Y en el universo de las series? ¿Por dónde se filtran las mitologías?

- Por todas partes. Pensemos en “Dark”, la alemana. Ahí se toma el motivo del hilo de Ariadna. Los chicos están en el colegio y hacen una representación de la historia de Teseo y Ariadna, mito al que me acerqué por primera vez cuando mi abuela me dio a leer “La casa de Asterión”, de Borges. En “Dark”, el centro es el hilo de Ariadna. ¿Qué le dice Ariadna a Teseo? “Esa es la forma en que vas a poder entrar al laberinto, matar al minotauro y salir. Yo te doy un hilo rojo”. Y al tiempo que los chicos están interpretando el mito de Ariadna, por otro lado hay alguien que está siguiendo un hilo rojo.

- Y las reinterpretaciones son piezas en sí mismas...

- La reinterpretación no es menos válida. Cuando ves la película “Maléfica”, la trama es bastante parecida a la de La Bella Durmiente. Aparece un changuito por ahí, y las haditas, como saben que el beso de amor verdadero es el que la va a salvar, hacen que la bese. Pero no despierta con ese beso, sino con Maléfica, que no es mala, sino que está enojada con el padre de La Bella Durmiente; lo que ella tiene es un dolor profundo; es ella, y no el “príncipe forzado” el amor verdadero que viene a salvarla. Eso es un cambio respecto de los arquetipos tradicionales.

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