Un policía baleó a un supuesto ladrón frente al Lillo

El uniformado, que hacía servicios adicionales en el Instituto Lillo, actuó luego de presenciar el ataque de motochorros a un vecino.

06 Dic 2017
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“TIERRA DE NADIE”. Alumnos y personal de la Facultad de Ciencias Naturales aseguran que transitan con miedo por las calles cercanas al edificio. LA GACETA / FOTOS DE ANTONIO FERRONI

La secuencia duró apenas unos segundos y dejó atemorizados a los vecinos de la zona del ex Mercado de Abasto, en el barrio La Ciudadela. En la noche del lunes, un policía se enfrentó con un presunto asaltante y lo hirió en una pierna, cuando intentó evitar el ataque a un vecino.

Quienes transitan a diario esas calles aseguran que los asaltos son cosa de todos los días. Los estudiantes y personal de la Facultad de Ciencias Naturales, ubicada a pocos metros, aseguran que tuvieron que aprender a convivir con ese temor y permanecer en alerta constante cada vez que salen a la calle, para evitar a los motochorros que rondan la barriada.

A las 21, el cabo Octavio Herrera recorría los pasillos de la casa de altos estudios, donde presta servicios adicionales como custodio, cuando un vecino le avisó que dos desconocidos estaban asaltando a un hombre al que sorprendieron cuando bajaba de su auto. El policía fue hasta la entrada del edificio ubicada sobre calle Miguel Lillo, a la altura del pasaje Gutiérrez y allí sorprendió a uno de los sospechosos que encañonaba a su víctima.

Según consta en la denuncia, el uniformado le dio la orden de “alto policía”. Entonces, el ladrón le apuntó y disparó. El cabo extrajo su arma y respondió, hiriéndolo en una pierna. Mientras, su cómplice huyó en una moto de baja cilindrada hacia la avenida Alem. Herrera solicitó apoyo al 911 y pidió una ambulancia del 107.

El asaltante herido fue llevado hasta el hospital Centro de Salud, donde los médicos constataron que presentaba una herida de arma de fuego en la pierna izquierda que le había causado una fractura expuesta y que se encontraba fuera de peligro. “Los arrebatos son constantes. No hay un horario específico, te puede pasar en cualquier momento”, contó Juan Elías, que desde hace 20 años custodia una distribuidora de calle Las Piedras al 1.400, a media cuadra del lugar del tiroteo. “Se necesita con urgencia más seguridad en estas cuadras. Desde que empezaron a cerrar los boliches, se nota que la presencia policial disminuyó; se los ve muy poco”, agregó.

“No podés salir con una cartera, porque apenas salís te roban. Creo que la siesta es un horario donde es más peligroso caminar por la zona”, contó Eugenia S. O., quien conoce bien ese sector, ya que es investigadora; y además, allí cursó sus estudios universitarios. “A estas calles las camino de toda la vida. Siempre fue peligroso, pero ahora es mucho peor”, aseguró.

“Los estudiantes que vivimos cerca de la avenida Roca, por ejemplo, estamos expuestos a que nos asalten desde que salimos de casa. Todas las calles son peligrosas en ese trayecto, más cuando te vas acercando a la zona de la facultad”, contó Fernanda Giménez.

“Yo tengo que manejarme en taxi desde mi casa al trabajo y a la vuelta, lo mismo. Estoy atenta cuando van a llegar mis hijos. Para mí, la poca iluminación es impresionante y los ladrones se dan cuenta de eso y se aprovechan. Lo mismo pasa con la falta de puestos policiales fijos”, opinó Esther Fernández, quien desde hace más de 30 años vive en la populosa barriada.

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