"El rap es una forma libre de sentir lo que decís"

El Karaoke Literario del Mayito de las Letras tuvo como protagonistas a dos adolescentes que expresan sus conflictos familiares con la música.

19 May 2017
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LETRA Y MÚSICA. Brian Vélez y Tomás Pérez comparten el camino de rapear para desahogarse de sus conflictos. Ente Tucumán

Viven en el mismo barrio, van a la misma escuela, y comparten el mismo gusto musical. Pero hay algo mucho más profundo que comparten los amigos Tomás Pérez y Brian Vélez: los dos vienen de familias con padres separados y en algún momento comenzaron a sentir que ellos no les prestaban la atención que necesitaban. Había dos opciones: caer en el casi irremontable precipicio de las drogas y la ausencia de proyectos, o agarrar el micrófono y ponerse a cantar sus problemas. Y optaron por el segundo camino.

Tommy y Brian han encontrado en el rap el lugar para expresarse. Un estilo para nada local, pero que cada vez suma más productores y adeptos, se ha convertido en la tribuna para pregonar lo que les pasa. Y, tal vez porque son muchos los que se sienten como ellos, cada vez que se suben a un escenario se llevan aplausos, buena onda del público y selfies.

Ayer han sido parte del Mayito de las Letras, el apartado infantil y adolescente del Mayo de las Letras que organiza todos los años el Ente Cultural. Figuraron entre los protagonistas del evento llamado Karaoke Musical, un espacio de diversidad e inclusión, donde los chicos y adolescentes pudieron interactuar con la música y la literatura. El encuentro estuvo coordinado por la escritora Mónica Cazón y contó además con la participación de la Orquesta Popular “Chivo Valladares”, dirigida por Roni López.

“Teníamos los mismos problemas familiares, con nuestros padres, y nos gustaba muchísimo el rap para expresar lo que sentíamos. Así que juntamos plata entre los dos para comprar un micrófono medio chombi para empezar y nos pusimos a escribir”, cuenta Tomás, de 14 años. Esta aventura comenzó hace alrededor de un año, y si bien todavía sienten que les falta caparazón para participar de las batallas de raperos que se organizan en las plazas de la ciudad, sí han conseguido otras cosas.

“Yo puedo decir que gracias a una canción que hice para mi papá él se empezó a poner las pilas mucho más. Ahora tengo una relación mucho mejor con él, nada que ver con lo que era hace dos años. Me hizo sentir mal tener que escribir una canción para que él entienda qué me pasaba, pero también me dio a pensar que yo nunca había tenido una charla con él sobre todo esto”, agrega Tomás.

Brian, en cambio, ha recibido el visto bueno de su papá en su nueva afición por el rap, pero no ha visto que la relación con él haya cambiado de manera sustancial. “El rap me ha servido mucho para expresar lo que me pasaba con mi viejo, como que él no estaba en los momentos que lo necesitaba, porque nunca tenía tiempo. Escuchó una canción que hice para él, me decía que estaba piola, pero no ha cambiado mucho”, dice Brian, de 15 años. No tiene rencores, porque al menos se ha podido expresar y sacar afuera lo que siente. Eso es para ellos el rap: “es lo más sincero para escribir, para desahogarse, porque muchas veces las personas no tienen con quién hablar sus cosas”.

Como referente indiscutible lo tienen al rapero español Porta. Su música y sus letras los lograron seducir mucho más que la cumbia o el reggaetón que escucha la mayoría de sus amigos de Villa Mariano Moreno. Muchos de ellos intentaron comenzar a rapear, pero quedaron en el intento, principalmente por vergüenza o por la imposibilidad de expresarse con un lápiz y un papel para escribir las letras.

“El rap es una forma libre de decir lo que sentís, y nos alegra mucho que la gente de nuestra edad se cope y nos escuche -subrayó Tommy-. Siempre que vamos a las escuelas a cantar recibimos muy buena onda de parte de todos. Y si les sirve lo que decimos, está buenísimo para todos”.

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