›› EDITORIAL

Una obra inconclusa causa problemas en Concepción

Compartir
LA GACETA

En algunas partes del mundo, como en Tailandia, es sagrado. Se cuenta que antiguamente los reyes de esa comarca asiática, cuando no estaban satisfechos con un vasallo, le regalaban uno. Este debía darle una comida especial y permitir el acceso a aquellos que quisieran venerarlo, lo cual tenía un costo que muchas veces arruinaba al feudatario. Este animal pasó a Occidente como sinónimo de algo costoso de mantener y que no produce utilidad alguna. El elefante blanco no es un desconocido en nuestras tierras. En Concepción, hay, por lo menos, uno, como la travesía urbana sobre la ruta nacional 38 que comenzó a construirse hace unos años y sigue inconclusa.

La obra, iniciada en 2009, debía estar terminada en 2012, pero ello no sucedió; se estima que aún resta un 20% para su concreción, y es motivo de crítica de los vecinos a causa de sus deficiencias.

La travesía, financiada por el Gobierno nacional, cuenta con una doble trocha principal de tres kilómetros que se extiende desde el puente del río Gastona, al norte, hasta el empalme con la ruta nacional 65; con dos colectoras laterales, una iluminación Led, pasarelas en dos cruces de mayor tránsito, cinco complejos semaforizados y extensos sistemas de desagües. Inicialmente se presupuestaron $45 millones, pero el monto se elevó a $150 millones; la empresa constructora le ha reclamado al municipio $33 millones por demoras en el pago de certificados.

Un vecino y usuario de la obra atribuyó la compleja circulación vehicular a la falta de señalización en toda la extensión. “Las pasarelas no son usadas por los peatones, que prefieren atravesar la carretera corriendo. Es una inconducta que agrava la situación de caos con la proliferación de los motociclistas que desconocen las reglas de tránsito”, sostuvo.

Un hombre de 70 años señaló que las pasarelas son elevadas y que se transformaron en refugio de ladrones y en baño para los linyeras. “Para mí es una pesadilla subir por esos pasos aunque te brindan seguridad. Tendría que estar en mejores condiciones físicas y además debería haber cámaras de seguridad. Por algo casi nadie las usa”, indicó. Otro vecino manifestó que la travesía le parecía muy linda, pero que tenía la sensación de que el tránsito se había vuelto más complicado por la cantidad de motociclistas -se estima que unos 3.000 por día- que pasan de un lado al otro sin mirar los semáforos. “Me parece que a lo largo de la avenida hacen falta mayores controles de la Municipalidad”, aseveró.

La actual intendencia ha iniciado una auditoría conjuntamente con el Gobierno nacional, para saber cómo se invirtieron los cuantiosos dineros de esta obra, que viene envuelta desde hace un tiempo en denuncias por sobreprecios.

El anteproyecto de la travesía debería haber contemplado previamente varias de las críticas que formulan los vecinos, como por ejemplo, aquellos, que por la edad o por problemas motrices, no están en condiciones de subir a la pasarela. El hecho de carecer de señalización pone peligro la vida de conductores y peatones.

Es positivo que se haya iniciado una auditoría; también sería oportuno que se citara a los responsables para que explicaran a sus conciudadanos por qué este elefante blanco sigue inconcluso tras siete años de iniciado, cuando el plazo original era de cuatro. El hecho de que no continúen en el gobierno municipal no los libera de la obligación de rendir cuentas ante la sociedad.