Israel le enseña a Europa cómo convivir con el terrorismo

DOLOR. Así se recuerda a las víctimas en Niza. ¿Qué pasó con la prevención? reuters DOLOR. Así se recuerda a las víctimas en Niza. ¿Qué pasó con la prevención? reuters
23 Julio 2016

Isabel Kershner y James Glanzo / The New York Times

Para muchos israelíes, las horrendas imágenes de un camión pasando por encima de la muchedumbre en Niza (Francia) tocaron una fibra macabramente familiar. “¡Nosotros teníamos tractores!” dijo Ami Zini, quien administra una boutique en Jerusalén. Niza fue un eco directo, aunque mucho más letal, de una carnicería de 2011 en una calle de Tel Aviv, en la que murió una persona y otras 17 sufrieron heridas.

A esto siguió una ola de ataques, utilizando vehículos de construcción pesada y automóviles como armas. Según Shin Bet, la dependencia de seguridad interna de Israel, al menos 32 palestinos han lanzado vehículos sobre personas en paradas de ómnibus y retenes militares.

El primer ministro de Francia dijo que después del ataque en Niza, el tercer asesinato masivo en su país en 18 meses, Francia debe vivir con el terrorismo. Eso es lo que han estado haciendo los israelíes durante décadas. Las modalidades fueron numerosas: secuestros de aviones en los años 70; atacantes suicidas de la segunda intifada, que empezó en 2000; y los apuñalamientos y tiroteos de lobos solitarios de los últimos 10 meses.

Siempre alertas

En Israel sienten que lo han visto todo y dicen que se han adaptado a una amenaza perenne, aunque siempre cambiante. Hablan de mantenerse alerta constantemente, ser cautelosos y acostumbrarse a seguir adelante.

“Hubo tiempos en que temíamos detener nuestros autos en un semáforo en rojo junto a un autobús”, recordó Zini. Es que los ómnibus eran un frecuente objetivo de bombazos. “Vivimos con el terrorismo. Sin embargo, no tememos. Forma parte de nuestra rutina diaria”, enfatizó Zini.

Esa rutina incluye someterse a revisiones y pasar a través de detectores de metal en estaciones de tren o de ómnibus, centros comerciales y complejos de salas de cine. En la cúspide de los bombazos suicidas, los clientes pagaban un pequeño cargo adicional en cafés y restaurantes para subsidiar el costo de un guardia en la puerta.

Cientos de guardias civiles armados han sido desplegados para proteger el transporte público en Jerusalén durante los últimos meses, en medio de la ola de ataques que han sido glorificados por algunos palestinos en las redes sociales. Los guardias cuentan con las mismas facultades para cachear y arrestar que la Policía.

Israel también ha invertido enormemente en inteligencia, con una evolución de sus tácticas a medida que los enemigos van cambiando las suyas.

Varios estudios psicológicos en Israel han arrojado que la gente se habitúa rápidamente a las amenazas haciendo ajustes a la vida diaria. Por ejemplo, mantener en casa a los hijos, en vez de enviarlos al campamento de verano.

Hábitos de la población

“Si no termino estallando, te veré en el centro Dizengoff en alrededor de 45 minutos”, dijo un pasajero de ómnibus en Tel Aviv a un amigo por el celular, en una conversación que psicólogos israelíes escucharon casualmente en investigaciones de las consecuencias de la segunda intifada.

El sondeo entre 458 personas, dirigido por Yechiel Klar (Universidad de Tel Aviv), indicó que el 55% había modificado su conducta: pasaba menos tiempo fuera de la casa, por ejemplo, o efectuaba menos viajes largos en transporte público. El otro 45% no había hecho cambio alguno.

Un estudio aparte, en la Universidad Ben Gurion, reveló que quienes vivían cerca de objetivos militares -por ejemplo, en asentamientos israelíes en la Franja de Gaza- exhibían una menor sensación de amenaza personal y de tensión que los residentes en Tel Aviv o Hebrón. La investigación sugirió que el fervor religioso de los judíos de Gaza pudo haber sido un factor clave.

Consejos de expertos

Algunos políticos israelíes han estado despotricando con respecto a lo que ven como negligencia europea en cuestiones de seguridad. Después de los ataques en Bruselas en marzo, por ejemplo, un prominente ministro, Israel Katz, dijo que Bélgica no sería capaz de combatir el terrorismo islámico si seguían comiendo chocolate, gozando de la vida y pasando por grandes demócratas y liberales.

En una entrevista radial, Yaakov Perry, ex jefe del Shin Bet, recomendó a ls europeos supervisar con mayor celo los barrios donde viven musulmanes, refugiados y partidarios del Estado Islámico (EI). Además, sugirió que la Policía francesa era complaciente, remarcando el hecho de que el chofer de Niza les había dicho a los oficiales que estaba entregando helado. “Si el chofer dice que lleva helado, abran el camión y revisen que el helado esté ahí”, dijo Perry.

Que el ataque haya ocurrido en una reunión masiva durante un feriado (el Día de la Bastilla) dejó a los israelíes meneando la cabeza. Micky Rosenfeld, portavoz de la Policía israelí, explicó que para custodiar celebraciones como el Día de la Independencia, cuando decenas de miles de personas se reúnen a lo largo de la costa de Tel Aviv para ver un despliegue aéreo y naval, se hacen labores de inteligencia durante las semanas previas y se erige un cerco de 360 grados del área, con varias capas de seguridad alrededor del perímetro.

Lior Akerman, alguna vez jefe divisional del Shin Bet, sostuvo que si bien un ataque como el de Niza ciertamente podría ocurrir en Israel, vale apuntar que en Francia, como en el resto de los países europeos, no se conducen de esta manera ni en lo más mínimo.

Desde la infancia

Shaul Shay, ex subjefe del Consejo de Seguridad nacional de Israel, destacó que los israelíes están mejor preparados para el terrorismo que los ciudadanos de otras sociedades occidentales. “Aquí estamos viviendo con eso desde la infancia”, sintetizó.

Hay un convencimiento de que si el aparato de seguridad de Israel no hubiera prevenido un ataque como el de Niza, habría terminado mucho antes… y con muchas menos bajas. “Sería imposible aquí porque hay buena seguridad”, dijo Muhammad Anati, residente palestino del campo de refugiados Shuafat, en el oriente de Jerusalén.

Inbal Berner, bibliotecario escolar de Israel que estaba bebiendo un café helado en una parada del autobús cerca de ahí, dio voz a la nueva normalidad que los franceses pueden enfrentar. “Veo cómo están las cosas a mi alrededor; no voy a lugares atestados sino tengo que hacerlo”, dijo. Ha sido así desde siempre, agregó.

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