Reflexiones sobre la música electrónica

María Elvira Mónaco y Griselda Barale. Docentes e investigadoras Conicet y UNT.

30 May 2016 6 8
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DE FIESTA. La más popular es la dance, o música electrónica para bailar.

Después de los desafortunados hechos ocurridos en un local bailable en Buenos Aires, donde perdieron la vida varios jóvenes por consumo de drogas altamente tóxicas, hemos visto, con no poco asombro, que inmediatamente se estigmatizó a la música electrónica o las fiestas “electrónicas”. Como investigadoras de la estética y el arte en general y, de manera puntual, sobre música contemporánea, nos parece necesario hacer un recorrido histórico social de la música electrónica con el objeto de contribuir a levantar ese estigma y hacer una defensa de quienes producen y disfrutan dicha música.

Los primeros registros de proyectos de música electrónica datan de mediados del siglo XX, en Europa en el marco del arte experimental. Algunas de las experiencias famosas, son las de los músicos europeos de formación académica que comenzaron a incorporar técnicas electrónicas de composición con el interés principal abrir y extender los límites espacio-temporales de la materialidad de la obra y destruir cánones tradicionales ya que las nuevas tecnologías permiten la manipulación de las propiedades del sonido y sus combinaciones, lo que se expande aún más con la revolución digital. Estos proyectos nacen y se desarrollan dentro del ámbito masivo de la radiodifusión y la televisión, que les da a los artistas la posibilidad del acceso a nuevas tecnologías para componer y para exponer: micrófonos, fonógrafos, grabadores de cinta magnética, etcétera. Ejemplos son los músicos Boulez, Stockhausen, Posseur, quienes compartían proyectos artísticos en la RAI de Milán; Pierre Schaeffer, con su grupo de investigación de “música concreta” en la emisora Radiodiffusion-Télévision Française en París; y también John Cage, en Norteamérica con gran difusión en los medios.

Desde sus comienzos “cultos”, la música electrónica es experimental, siendo la masividad su medio propio de desarrollo. Podemos decir que la mediación masiva, la atraviesa y, a lo largo de su historia, progresivamente, esta masividad incorporó otro aspecto, el de gran cantidad de diferentes públicos y consumidores.

Con el correr del siglo XX y XXI los nuevos recursos tecnológicos impregnaron todo el ámbito del arte y en especial la producción musical, generando nuevas mezclas y fusiones. La música electrónica se involucra con muchos de los géneros populares mundiales: con el rock, el pop, la música negra: reggae, jazz, etcétera, y especialmente con el post-punk. Algunas y varias de todas estas relaciones, fueron generando lo que actualmente es la veta más popular de la música electrónica: la música dance o, mejor, la música electrónica para bailar.

Un antecedente importante está en Jamaica en los ‘80 con las fiestas espontáneas que se hacían en las calles, con discos que reproducía un discjockey y personas que cantaban arriba de estas bases musicales, de donde surge el drum&bass que se hace popular y, luego, pasa a Europa. Otro foco de desarrollo de la música electrónica masiva-popular fue en la década de 1990 en Inglaterra (1989 fue llamado el “Segundo verano del amor”, en Londres, en alusión al “Verano del amor” de 1967 inspirado por la psicodelia, en San Francisco) En un peculiar estado de crisis económica y social, comienzan a hacerse populares las fiestas masivas con música electrónica para bailar en las inmediaciones de estadios de futbol o en fábricas abandonadas: las raves, que transformaron en fiesta masiva lo que ya en los ‘50, en Londres, tenían los cultores del beat y del mod pero no masivo sino underground.

Las nuevas raves de los ‘90 tenían la particularidad de ser de gran convocatoria, organizadas por las mismas personas que concurrían y la mayoría de las veces eran clandestinas (no autorizadas por organismos oficiales) e incluían en su realización música tocada por Djs acompañada con luces rítmicas o arte visual como complemento. Estas raves, al ser combatidas por las autoridades, se expandieran hacia las zonas rurales. La palabra rave también es utilizada para hacer alusión a la parte final de una canción que se acelera al extremo (a la inversa de lo que tradicionalmente se hace en las canciones grabadas o tocadas por orquestas para bailar, donde, al final de la canción se va ralentando el ritmo), lo cual es típico de la música electrónica para bailar y de algunos sub-géneros, he ahí la intima relación que tienen con estas fiestas; algunos sub-géneros populares para bailar son el house, acid-house, drum&bass, jungle, new rave, techno, techno hardcore, trance, psychodelic trance, etcétera.

Con la revolución digital y el desarrollo de redes, la música electrónica masiva-popular se expande, se produce y consume globalmente y, entre otras expresiones, aparecen las fiestas electrónicas. Es innegable que allí se consumen drogas legales e ilegales que tienen que ver con la alteración de la percepción, con la euforia y el delirio (la palabra “rave” significa “delirio”, “locura”, ‘”alteración”). Sin embargo, esto no constituye una novedad, puesto que podemos relacionar diferentes tipos de expresiones artísticas a lo largo de la historia, (ya sea en su proceso de creación o en su proceso de fruición) con distintas sustancias alteradoras de los estados “normales” del ser humano: la psicodelia con el ácido lisérgico LSD; el rock con el alcohol; el pop con la cocaína; el tango con la ginebra; el reggae y de nuevo el rock, con la marihuana; etcétera. Podríamos traer más ejemplos, pero, por larga que sea la lista, es del todo imposible demostrar que existe una relación unívoca o determinista entre la música y algún tipo de sustancia o droga, es decir, podemos relacionar la música con la droga pero de ninguna manera afirmar que todo o algún proceso musical está atado, de manera necesaria, a un proceso de alteración por drogas.

La gravedad de los hechos que ocurren permanentemente nos exige responsabilidad y seriedad en nuestros análisis y conclusiones y, para hacerlo, es necesario tener en cuenta muchas variables no sólo música electrónica / droga en una relación lineal determinista sino considerar el contexto sociocultural, lo que supone variables macros y micros tales como capitalismo, neoliberalismo, sociedad de consumo, mundo narco, ineptitud y/o complicidad de organismos para combatir el tráfico, control de la venta y consumo de drogas legales, como el alcohol que altera los estados perceptuales y se consume en grandes cantidades y masivamente en las fiestas, como otros tantos aspectos de la trama social y la subjetividad de nuestro tiempo.

Combatir la fiesta electrónica o, lo que es peor, la producción y disfrute de la música electrónica no hará cambios significativos en el circuito de la venta-consumo de drogas legales, sintéticas, ilegales, etcétera, sólo conducirá a que se cambie de escenario. Sí habrá cambios cuando el Estado y la sociedad toda se comprometan en regular y/o combatir el consumo de drogas.

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Griselda Barale
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clarín #6 30 May 2016 02:59 Hs

En cuanto a la contaminación sonora, no sólo produce perjuicios directos y acumulativos sobre la salud, sino que además tiene efectos socioculturales, estéticos y económicos: aislamiento social, pérdida de privacidad, desaparición de culturas sonoras, pérdida de señales sonoras acertantes, etc. Con niveles de ruido altos, la tendencia natural de la gente hacia la ayuda mutua, disminuye o desaparece. El resultado es un asalto deliberado y directo hacia la integridad de la persona, dado que la intención de las políticas de disminución demográfica, es exaltarla y paralizar su conciencia, sumergiéndola en un océano sonoro; con fines puramente comerciales y enajenantes. Me pregunto qué es lo que van a reivindicar estas investigadoras, sobre estos ruidos letales?

clarín #5 30 May 2016 02:56 Hs

Continúa señalando que estos ritmos muchas veces van acompañados por cantos que expresan ideas, sentimientos o estados anímicos negativos, causando desequilibrio nervioso en el estado físico y mental del joven, que redunda en una verdadera ebriedad, con exaltación de los sentidos y de la imaginación. La personalidad se transforma (sin la validez social que esto aporta a la ritualística) y se mimetiza con la de los compañeros y la de los espectadores, resultando en consecuencia que el individuo se convierte en un simple elemento de una entidad colectiva; en una partícula de una multitud en estado de embriaguez. Esta "música" convierte a los jóvenes oyentes, en autómatas, porque en ese momento se paraliza el proceso mental de la conciencia. Llegados a este punto, son fácilmente conducidos al sexo inconsciente e irresponsable, al alcohol, a la droga, etcétera

clarín #4 30 May 2016 02:55 Hs

Tal Informe señala que los ritmos perpetuos de la M.E. , retarda las funciones orgánicas causando (ritmo cerebral, circulación, respiración, digestión y metabolismo), alteración de la presión arterial y del ritmo cardíaco; vasoconstricción, depresión del sistema inmunológico y alteración de los niveles de segregación endocrina; irritabilidad, cansancio, estrés y perturbaciones del sueño, que conducen a conductas agresivas, dificultades para la comunicación, problemas mentales y estados depresivos, disminución del rendimiento y de la concentración, altera la actividad neuronal en las zonas del cerebro implicadas en la emoción, e incrementa la resistencia para el trabajo y para las actividades de alto rendimiento, con una alta repercusión en el deterioro social y elevados costos en productividad laboral.

clarín #3 30 May 2016 02:55 Hs

La M.E (Música Electrónica), al igual que la música comercial es un producto industrial que únicamente persigue la complacencia de las demandas del mercado. De consumo masivo es uno de los instrumentos de persuasión oculta más eficiente. Un estudio publicado en una famosa revista de ciencias por el departamento de investigación de la Cátedra sobre Contaminación Sonora de una destacada universidad yanqui ( que no menciono para no ser censurado por Spam), concluye que el escuchar durante dos o más horas la M:E., monótona y con un bajo rítmico acompañado de escasos acordes que se repiten de principio a fin, guarda una toxicidad orgánica integral.

clarín #2 30 May 2016 02:20 Hs

“ la alteración de la percepción” “pero de ninguna manera afirmar que todo o algún proceso musical está atado, de manera necesaria, a un proceso de alteración por drogas” ¿Es posible que la Gaceta publique este veneno de destrucción de la personalidad ? Contestá moderador…..

anarcovision #1 30 May 2016 01:50 Hs

Muy bueno! Agregaría otro origen importante de la música electronica en el BBC Radiophonic Workshop que en los 50 y 60 hizo enormes avances en la evolución de esta música. También que antes del verano del amor inglés, el house (la fusión de la música electrónica y la música disco que es el antecedente directo de la que se baila hoy) tuvo su origen en las comunidades negras de Chicago y Detroit. Finalmente que las raves originales tenían lugar en la inglaterra de los años 50 al ritmo del "trad-jazz" la lectura inglesa y revisionista del jazz de New Orleans.