La escuela que se construyó a fuerza de festivales

A puro folclore, trabajo a destajo, sacrificio y entrega sin concesiones, profesores y alumnos de la ENET N1 de Concepción recaudaron los fondos para construir el edificio propio de esa escuela. Ni la lluvia fue un escollo para suspender los festivales que organizaron entre 1966 y 1975, y que convocaban a multitudes

01 Dic 2014 Por Alberto Horacio Elsinger
El pastor estadounidense Martín Luther King Jr. (1929-1968) sabía repetir que “si no puedes correr, camina; si no puedes caminar, gatea. Sin importar lo que hagas, sigue avanzado hacia adelante”. A lo mejor Luther King Jr., que desarrolló una labor crucial en el gran país del norte al frente del movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos, fue quien inspiró al ingeniero Antonio Hernán Rodríguez Muedra, para conformar, motivar y liderar, en su calidad de rector de la Escuela de Artes y Oficios de Concepción, la comisión pro edificio propio. Y lo hizo mediante la organización de festivales folclóricos. Estas fiestas, que se extendieron desde 1966 a 1975, permitieron juntar los fondos para levantar el edificio.

Quizá Luther King Jr., que además participó como activista en numerosas protestas contra la guerra de Vietnam y la pobreza en general, también fue un espejo para ese equipo de profesores, que en el transcurso del tiempo y después de que alcanzaran el objetivo, continúan reuniéndose y alentándose.

“El primer festival lo organizamos y concretamos en las instalaciones del Tiro Federal, de Concepción, en 1966. Después hicimos nueve más. El último fue en 1975. Pero el segundo, que estaba previsto en el gimnasio que existía en la plaza Pablo Haymes, al final se llevó a cabo en la Sociedad Española, debido al temporal que se desató el día de su inicio”, describió el arquitecto Carlos Villaluenga, de 79 años, que además de docente también fue director de la ENET N° 1 e intendente de la “Perla del Sur”.

Alquilaron una carpa

“Como la lluvia comenzó a perseguirnos en la concreción del festival, en 1974 resolvimos alquilar una carpa de circo, que se encontraba en Las Termas de Río Hondo, Santiago del Estero. El propietario era un señor Gallo, al cual le hicimos el ofrecimiento de alquilarle la carpa. Nos cedió el toldo por un mes. Durante ese período organizamos durante cuatro fines de semanas el festival. En el mismo lapso el circo estuvo sin funcionar. Y así nos despreocupamos de las precipitaciones o del frío que algunas noches de la primavera solía sorprendernos”, contó el arquitecto Rubén Pott, de 82 años, que ejerció la docencia -según su prodigiosa memoria- durante 46 años, tres meses y 17 días, e integró la Comisión Pro Edificio Propio.

La idea de contar con instalaciones propias se gestó en 1939, cuando les donaron un cuarto de hectárea en la intersección de las calles Stewart Shipton y Nasif Estéfano, aunque esta última arteria por entonces tenía otra denominación. Aún más, tres veces cambió su nominación. “Primero fue Londres, después Libertad, luego Eva Perón y por último se le impuso el nombre de nuestro máximo referente del automovilismo deportivo nacional, el querido ‘Califa’ Estéfano”, añadió Pott.

El predio que hoy ocupa la ENET N° 1, en un principio fue donado al municipio. Pero este lo devolvió a su propietario original -Correa-, quien luego lo cedió sin cargo al Estado nacional.

Lo cierto es que recién en 1961 se motorizó el proyecto y la ejecución de la obra. “Existía un inconveniente, la Nación carecía de fondos para construirlo. Entonces, el ingeniero Rodríguez Muedra decidió que si las cosas eran así entonces lo haríamos nosotros. No teníamos otra salida. Ahí se creó la comisión de construcción de la sede”, acotó Leonardo Reynoso, 76 años, tesorero de la escuela.

Un equipo homogéneo

Ana María Cuello, que durante varios años se desempeñó como secretaria del establecimiento, subrayó que “muchos nos preguntan aún en la actualidad por qué se concretó esta faraónica idea y proyecto educativo. Y la respuesta es la misma: porque conformamos un equipo de trabajo homogéneo, donde no cabía el egoísmo y ninguno sobresalía sobre el otro. La única excepción era nuestro líder, el ingeniero Rodríguez Muedra”.

Anécdota

En días o meses previos al evento se organizaban rifas, bonos contribución, loterías familiares o se solicitaban donaciones para afrontar los costos de construcción y provisión de mercadería de cada uno de los kioscos que les correspondía atender durante el festival, como ser locales de comidas, bebidas, sandwiches, golosinas, etcétera. “Recuerdo que competíamos por quién lograba mejores resultados para que la Comisión Pro Edificio Propio no tuviera que afrontar costo alguno al respecto. También todos pagábamos la entrada. Al concluir cada festival, tanto organizadores como colaboradores -había varios que eran no sólo de la escuela sino también vecinos, o de otros establecimientos, o comedidos- participábamos de un asado de camaradería”, agregó Cuello.

La profesora Gladys Villaluenga de Namur, enfatizó que también les colaboraban otras instituciones, como el Rotary Club y el Club de Leones.

“En la campaña por 100.000 ladrillos, recuerdo al señor Sánchez. Él era propietario de una tienda y hacía, a quienes compraban en su negocio, que donen materiales para la construcción o efectivo. La campaña estaba organizada por nuestra Asociación Cooperadora. Los alumnos también debían colaborar con un ladrillo. ¡Vaya a saber de qué obra los sacaban!”.

“El viernes previo a la segunda edición, en 1967, se largó una tormenta impresionante. que hizo que las bordalesas de cerveza flotaran en el agua que se había acumulado en el predio festivalero. No había un lugar seco y al día siguiente había que largar el festival. Mientras observábamos las consecuencias del temporal se acercó al ingeniero Rodríguez Muedra el señor Palacios Mazo, que presidía la Sociedad Española de Socorros Mutuos y ofreció el local de esa entidad. Al instante decidimos trasladar todo y nos fue muy bien”, se explayó el arquitecto Pott.

Esa noche, según contó el ex intendente Villaluenga, “decidimos hablar con Mercedes Sosa y Los Chalchaleros, para que cobraran la mitad de sus cachets. Los integrantes del conjunto salteños aceptaron sin mucho preámbulo; pero la Mercedes nos hizo hablar tres horas hasta que logramos convencerla”.

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