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"Es más rentable ser feliz en el trabajo"

No sólo un salario digno es motivo para sentirse contento en un empleo. Los trabajadores necesitan también el reconocimiento y el respeto de sus superiores y de sus compañeros. Según una experta, las empresas y las organizaciones, al igual que las personas que las conducen, deben preocuparse por el bienestar de sus empleados.
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Las emociones son contagiosas. Debe ser que, por esa razón, nuestro estado de ánimo depende mucho de nuestro entorno e, indudablemente, de nuestra posición frente a los conflictos, a los problemas o los desafíos. Y la felicidad no es una cuestión individual, al decir de Margarita Terragona, coordinadora del Diplomado en Psicología Positiva en la Universidad Iberoamericana, que el 11 de este mes llegará a Tucumán. Más aún, la conferencista intenta romper tal vez un preconcepto muy asociado a ámbitos competitivos o con cierta atmósfera negativa: no se puede ser feliz en el trabajo. Por el contrario, Terragona asocia las emociones con el bienestar laboral. "Es más rentable ser feliz", indica en una entrevista concedida a LA GACETA.

-¿A qué se debe que a tantas personas les cuesta ser feliz en la oficina?

-Influyen diferentes factores. En general, es más la población que dice sentirse contenta en su trabajo, pese al estrés, que aquellas que sostienen que no siente felicidad. Una vez hicieron una encuesta internacional con la siguiente consigna: si te sacaras la lotería, ¿dejarías de trabajar? Un número sorprende de personas contestó que no. Sucede que el trabajo contribuye a nuestro sentido de vida y, en los mejores escenarios, nos permite matar varios pájaros de un solo tiro. Hay una necesidad imperiosa de conexión con los otros. El trabajo, además, nos permite enfrentar retos cotidianos y nos ayuda a sentirnos capaces de lograr el fin, la meta, el objetivo o el proyecto. En buenas circunstancias, podemos decir que es una fuente importante de satisfacción de la vida.

-Pero en algunos ámbitos, la negatividad es más fuerte...

-Eso está relacionado con los excesos, con la exigencia o con esa sensación de que nunca se acaban las tareas y que siempre se debe hacer más y más. O, tal vez, porque no nos sentimos bien remunerados o que percibamos que no somos reconocidos como debiéramos ni escuchados. Ese es un error habitual, tal vez el peor, que puede cometer un jefe que no analiza las fortalezas y las debilidades del personal que tien a cargo.

-¿Es decir que en este juego de las relaciones interpersonales también juega, un papel importante, el salario emocional?

-Indudablemente. No hay que minimizar la importancia de lo económico, pero además de gozar de un buen salario, hace falta que las organizaciones (y las personas que las conducen) se inclinen por los reconocimientos y hagan sentir que sus empleados son importantes y que tiene sentido trabajar allí donde se les ofrece el puesto.

-¿Cuáles son las herramientas que tenemos para construir una zona de felicidad en el trabajo?

-Debemos abordarlo desde distintos aspectos. Por ejemplo, cultivar las relaciones con nuestros compañeros de trabajo. Somos sociales por naturaleza y no hace falta tanto esfuerzo. En las relaciones interpersonales es fundamental conocer y apreciar las capacidades y las fortalezas de la gente, y también las nuestras. Hay que tomar en cuenta qué les hace bien, qué les gusta o apasiona y aprovechar esa información para generar un buen clima de trabajo. Las personas que usan más sus fortalezas y sus habilidades, generalmente son las más felices de la oficina. En la medida de lo posible, hay que crear oportunidades para explotar el talento de la gente. Pero, paralelamente, no debemos descuidar la relación con el trabajo mismo. Sin descuidar el balance entre bienestar laboral y personal, es fundamental que se generen retos para las habilidades del personal. Si no es retadora, tal vez nos aburramos y si la tarea es difícil, probablemente nos pongamos ansiosos. El equilibrio es la clave. Pero también la concentración.

-¿El celular o las redes pueden ser considerados factores de distracción?

-Hay que propiciar un uso correcto de la tecnología. Tal vez sea buenísimo estar informado al instante, pero también si estamos todo el tiempo en Facebook, Twitter, chequeando los mail o los mensajes del celular, seguramente perderemos concentración. El equilibrio, en este aspecto, es la base de la productividad. La tecnología nos conecta con los que están lejos y, muchas veces, nos desconecta con las personas que tenemos cerca. Me acuerdo de esa abuela que, durante las reuniones familiares, obliga a sus integrantes a poner en un cesto sus celulares, para que todos dialoguen. Hay que encontrar maneras de manejar la tecnología. -¿Es más rentable ser feliz? -Definitivamente. Hay indicadores en las organizaciones que demuestran que los lugares felices tienen menos rotación de personal. Por lo tanto, no deben reclutar y entrenar a nuevos. A su vez, las personas que son felices en el trabajo tienden a ser más creativas. Y esto les conviene a las empresas en términos de productividad. El trabajo no puede ser un término contrario a la felicidad. Las buenas relaciones en la vida contribuyen al bienestar general.

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