El modelo de escuela en el que los chicos sienten que aprender no es un suplicio

La Escuela Secundaria del Barrio Policial exhibe otro paradigma educativo. Con uniformes, normas de trato social e historias de vida diferentes.

02 Jun 2012 Por Teresita Carabajal
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OTRA DISCIPLINA. Con el mate en la mano y la mesada como asiento, los chicos de 5° año de la Escuela Secundaria del Barrio Policial trabajan en clase. LA GACETA / FOTOS DE INES QUINTEROS ORIO

Un mural registra la frase "Libre expresión". Es un rostro anónimo. Atraviesa la boca una cadena negra. Rota. Alrededor, cientos de manos impresas en colores. Lo hicieron los alumnos en el taller de plástica. Y quedó allí, en una pared de ladrillos que enmarca la entrada a la Escuela Secundaria del Barrio Policial. Acceso abierto, con patios deportivos donde, en simultáneo, unos practican el voley, los otros el fútbol, que envalentona a chicos y chicas frente a un arco imaginario.

En un aula, los chicos de 5° se concentran en sus netbooks buscando ecuaciones y gráficos. No es un aula común. El mate circula de mesa en mesa. Una alumna decidió estar cómoda cerca de una ventana y sentada sobre el pupitre. Se respira aire de libertad, pero a simple vista uno se confunde. En realidad están trabajando. Son 40 alumnos en el curso, pero no parece. "Las matemáticas -dicen los chicos- son algo serio; nada menos que ecuaciones". La "profe" Gabriela Víscido, apenas se distingue de los alumnos. Usan todos ropa informal. El trato es por el nombre. Romina (16) y sus compañeras de mesa, sonríen ante un error en el ejercicio. Llegó de otra escuela, y confiesa que en esta secundaria, se le "despertó la inteligencia".

"Me costaba aprender, y aquí toda me parece más fácil porque los docentes son más claros, nos hacen entender los temas", dice Natalia (16). "Tenemos seminarios, talleres y actividades fuera del aula, y nos gusta esa forma de enseñar", agrega Yanina (16).

"Lo novedoso para nosotros es que aprendemos Filosofía; eso está muy bueno porque podemos opinar, debatimos temas que nos interesan a todos", añade Noelia.

Esta es una de las casi 40 secundarias denominados de Nuevo Formato, cuya organización institucional y curricular es diferente a la escuela tradicional. Fue diseñada por la Dirección de Nivel Secundaria, a cargo de Silvia Núñez de Laks, y desde 2010, año de su creación, los locales se multiplican en barrios y zonas socio-económicamente vulnerables.

Más horas con los chicos
Los docentes son designados por cargo, y así están más tiempo en la misma escuela, y dictan clases al mismo grupo de chicos a lo largo de tres años que dura el ciclo básico o el orientado. Fueron designados mediante una entrevista, además del puntaje obtenido en la Junta de Clasificación.

"En este tipo de escuelas, el perfil del docente es decisivo. Si bien es importante el afecto en la enseñanza, tiene su centralidad en el conocimiento, aquí lo importante es que el chico aprenda, se lo acompañe no desde la carencia sino de lo que puede aprender y hacer, en sus fortalezas", sostuvo Teresita Lucero, asesora pedagógica que junto a la directora Emma Zamora, conducen la escuela desde hace tres años bajo estos parámetros. ¿ Resultados?, se le pregunta. "Hablen con los chicos", desafía.

Los chicos por su nombre
Rostros que van y vienen, pero que tienen nombres. Otra particularidad de este tipo de escuelas: los docentes y todo el personal llaman a los alumnos por su nombre. "Hola Manolo", le dice Lucero a un chico de 18 años que la besa como todos los días antes de ingresar aula. Hay un vínculo especial con cada uno de ellos. Y los chicos lo saben y lo viven.

"Manolo podría estar -por la edad- en una escuela para adultos. "El llegó aquí a los 16 odiando al mundo, muy agresivo, con muy mala conducta, apenas leía y escribía, como la mayoría. Vio a su padre suicidarse. La madre nos pidió ayuda. Y aquí está, cursa el 5° año y no falta nunca", detallan de él, con orgullo. Al igual que respecto de Gimena (19), que casi abandona la escuela. Alfredo, un personaje tierno y comprador, es uno de los locutores de la radio abierta. Líder nato, pasó por graves problemas de adicción. Cuando ingresó, apenas sabía escribir.

Hoy, su performance lo enorgullece. "Si veo peleas, me da como pena, no quiero que la escuela tenga mala fama", le dice a LA GACETA. Cuenta que trabaja en un carro haciendo changas, cocina y mantiene a su familia. "pero no falto nunca", asegura.

Más de 1.000 estudiantes se van recuperando para la vida en estas nuevas escuelas.

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