Cartas de lectores

12 Oct 2011
TITA MERELLO

Laura Ana Merello nació el 11 de octubre de 1904 en una humilde vecindad del barrio de San Telmo (Buenos Aires), hija de un cochero y de una planchadora. Antes de que hubiera cumplido cuatro meses, murió su padre. Condenada a una vida de miseria, a su madre no le quedó otra posibilidad que la de internarla en un orfanato. A los 13 años regresó al conventillo para vivir con su madre, con la niñez desalojada, analfabeta y pobre. En cuanto pudo dominar el vericueto de la calle debutó en teatruchos de poca relevancia y de dudosa moral en la zona del puerto. Su flacura y su voz desafinada no le eran demasiada ayuda. Sólo contaba con sus buenas piernas y la convicción de llegar de cualquier forma, siendo "bataclana" (nombre lunfardo para denominar a mujeres más cerca de la prostitución que del arte), vedette y cantante, actuando consiguió destacarse en la historia del cine y el espectáculo. Batalló contra todas las críticas y contra todos los detractores; compartió momentos históricos con otras grandes cantantes. Se la relacionó con muchos hombres; muchos de ellos, desmentidos por la propia Tita o por los implicados Se enamoró perdidamente y siempre confesó que el único y gran amor de su vida fue Luis Sandrini, por quien iba a llorar hasta el último de sus días. Con su carga de dolor y siempre desafiante, hasta con el Creador, escribió estos versos: "Le di la cara a la vida, y me la dejó marcada. En cada arruga que tengo llevo una pena guardada. Yo me jugué a cara o cruz; iba todo en la parada. Llegó el tiempo del barajo y me dejó como estaba. Si sos audaz te va mal. Si te parás te viene el mundo encima. Decime, Dios, dónde estás, que te quiero conversar... Si para algunos fui buena, otros me quieren colgar. Mientras me estoy desangrando, vivo sentada esperando el día del Juicio Final. ¡Decime, Dios, dónde estás, que me quiero arrodillar!" Falleció al mediodía del 24 de diciembre de 2002 a causa de un paro cardiorrespiratorio. El deceso ocurrió en el sanatorio de la Fundación Favaloro, donde pasó sus últimos años protegida por el doctor René Favaloro. Tenía 98 años. Sus restos descansan en el Panteón de Sadaic, en el Cementerio de la Chacarita, Buenos Aires.

Waldino T. Olea
Paraguay y Echeverría
San Miguel de Tucumán




TALLERES FERROVIARIOS

Cuando hace unos días atrás, los lectores de LA GACETA accedieron a fotos y relatos, que mostraban la cruda y triste realidad de los Talleres Ferroviarios de Tafí Viejo, accedían al paisaje cotidiano con el que convivimos los taficeños que, lejos de pensar nostálgicamente en un pasado de gloria y pujanza, miramos la potencialidad de un futuro factible y sustentable. La del doctor Raúl Alfonsín fue la única gestión que efectivizó la reapertura de los talleres, posteriormente aniquilados por el nefasto gobierno menemista y, finalmente, manipulados política y socialmente, por la gestión kirchnerista/alperovichista, que nada hicieron en estos últimos ocho años, por crear un polo industrial, teniendo en cuenta la infraestructura existente, el equipamiento, su ubicación estratégica y, principalmente, la mano de obra calificada. Mientras el negocio del transporte de carga siga en manos del sindicato de Moyano, será imposible pensar en un plan ferroviario nacional. Como alternativa, nuestros talleres podrían producir bicicletas; motocicletas; autopartes, etcétera, no para exportar -en un principio- pero sí para atender la demanda interna. Finalmente, como ciudadano de Tafí Viejo, quisiera saber cuál es el número actual de personal; qué tareas realiza; bajo qué criterios y currículum fueron seleccionados; de cuánto es la planilla salarial y de dónde proviene el presupuesto para sostenerla.

Javier E. Guardia Bosñak
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ACOSO ESCOLAR

Escribo con indignación mi reclamo por mayor seriedad en la labor de algunas maestras de la escuela Fray Cayetano Rodríguez (Tafí Viejo), que ante casos potencialmente graves de bullying (acoso) en su establecimiento responden con total intransigencia al reclamo de las preocupadas madres de los damnificados. Las invito, señoras docentes, a una profunda reflexión de lo importante que resulta su papel en la preservación y en el desarrollo de las integridades físicas y mentales del tesoro más precioso que tiene cualquier sociedad: sus niños. Antepongan el compromiso a la indiferencia y nadie tendrá que sufrir el espanto del descuido.

Mauricio Rodolfo Esquer
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PLAZOLETA INVADIDA

A diario debo pasar por la plazoleta ubicada en la intersección de avenidas Alem y Kirchner. Allí, se han instalado unos señores que se dedican a lavar autos. Al principio era uno solo y estaba las 24 horas porque hizo de un banco su techo para dormir, al poco tiempo se agregaron otros; parece un albergue de necesitados. El predio que ocupan está planificado para que el transeúnte o niños de la zona, hagan uso de sus instalaciones. Se agrega ahora que una fuente se encuentra con trastos viejos (¿de quiénes serán?) y sin cumplir las funciones para lo cual fue proyectada. El ente o responsable del mantenimiento de parques y jardines, debe proceder de inmediato a la erradicación de estas personas que han invadido una plazoleta. Su aspecto es de abandono: acumulan colchones, cajones, tachos, y cualquier otro elemento. Por ese lugar, ya nadie transita, allí viven. Dejar que invadan espacios públicos, no es de buen gobierno.

Rubén Reinoso
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EDUARDO ROSENZVAIG


Eduardo Rosenzvaig, docente, crítico de diversas situaciones, hombre amistoso, entregaba su saber a la vez que indagaba, preguntaba, investigaba. Sus modales de relevante cordialidad, su decir pausado, contumaz lector de poesía, siempre dispuesto, no tenía reparos en tomar una caja, llenarla de libros y venderlos personalmente impelido, quizás, por el afán de que su esfuerzo intelectual, frutecido en libros, llegara con su mensaje. "Y bueno, los libros son para venderse...", afirmaba con su particular gesto y una sonrisa, denotando con su actitud la falta de políticas estatales que se ocupen de la difusión y la venta para que el escritor haga sólo lo que debe hacer: escribir. No obstante, esa misma actitud lo retrataba interiormente con su templanza, serenidad y sencillez propias de una personalidad que hallaba el medio para entregar y recibir conocimientos en una interrelación que lo engrandecía. Supo capitalizar simpatías y se recordará no sólo al lúcido escritor y digno profesional, sino y esencialmente, a un hombre bueno. Desde aquí, mi respetuoso recuerdo.

Nelly Elías de Benavente
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UN BIENHECHOR

El día que se bautizó la Escuela 305 con el nombre de Victoriano Bernardo Pastoriza, bienhechor de nuestro pueblo, el equipo directivo, docente y auxiliar organizó un acto con un nivel de excelencia que merece las felicitaciones y el agradecimiento de todo Aguilares y pueblos aledaños. Nos entregaron un fascículo con la semblanza de este médico pionero, cuyo texto fue realizado por la escritora y poetisa aguilarense Carmela Corbalán. Transcribo algunos párrafos: "Tuvo este médico la oportunidad de asistir a los cambios políticos, sociales, económicos, culturales y tecnológicos del siglo XX. No fue un simple espectador sino un partícipe activo en el ámbito de la medicina y también de la filosofía. De 1914 datan dos cartas rescatadas por una de sus hijas, en medio de la vorágine del tiempo. Una de estas cartas se refiere a la que envía el estudiante de medicina al Dr. Miguel de Unamuno, con motivo de un artículo que el escritor publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires. Motivo por el cual Unamuno responde desde Salamanca, con otra carta breve pero concisa. Transcribirlas sería imposible, pero no se puede pasar por alto frases como esta: "Acabo de escribir un ensayo titulado: ?Salvar el alma en la historia?, en respuesta a su carta y a sus interrogantes, amigo Pastoriza (así se expresa Unamuno) ¿Qué dice el joven Pastoriza en su exposición? "Le entusiasma la lógica de Unamuno, tanto como la de nuestro doctor Indalecio Gómez en política y por eso expresa: si las almas de los individuos están en sus obras, me parece injusto que un joven sea llevado a la guerra y muera sin dejar atrás algo de su individualidad. Supo disfrutar del placer que brinda el campo con su típica sencillez. Amaba los libros y tenía una nutrida biblioteca. En el silencio monacal de su escritorio leía pausadamente y meditaba".

Judith Lazarte de Pinto
La Madrid 1.043
Aguilares-Tucumán




MEDICINA CARA

Los hospitales públicos son gratuitos. No se cobra por la atención en consultorios, tratamientos, cirugías, pero, ¿cuál es el gasto hasta acceder a este servicio gratuito? He observado que en el caso del Hospital de Niños, puede ser bastante caro. Para las madres con sus niños en brazos puede ser desgastante hasta la desesperación lograr una atención satisfactoria. Si el asunto se soluciona en el CAPS, no hay problema. Pero si se requiere el hospital, se necesita dinero, paciencia y estado físico. Un caso emblemático: Un niño de un año sufre una convulsión. Ida al CAPS (5 km) para atención de urgencia. Derivación al Hospital de Niños para interconsulta; ida a este (8 km) para solicitar turno de neurología. No dan turno allí, sólo en los CAPS. Vuelta (8 km). Ida al CAPS para pedir turno al hospital (5 km). En el CAPS no está la enfermera que solicita los turnos. Vuelta a casa (5 km). El niño sufre una nueva convulsión. Ida al Hospital para rogar por una atención de urgencia (8 km). Respuesta: debe volver dentro de dos semanas para recibir el turno (turno para turno). Vuelta a casa sin nada (8 km). Decepcionada, cansada, ofuscada, sin plata, y lo principal: el niño sin atender. Resultado: Consulta de urgencia en sanatorio privado (atención inmediata). Una profesión noble y casi olvidada podría facilitar la tarea de médicos y atenuar angustias de madres: las asistentes sociales. Como siempre fue, en la primera línea de atención de la salud y de otros problemas de la comunidad.

Roberto Cuello
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AGUA EN UNA ESQUINA

Por la cuneta enfrente de la linda sede de Sadop, Las Piedras al 700, hay casi en forma permanente agua que se junta en la esquina noreste de Ayacucho. Carece también de rampas, lo cual genera problemas a los discapacitados. Alguna autoridad debería apiadarse de ellos.

Mónica Viviana Vera
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