La vida en una palabra

La vida en una palabra

Por Roberto Espinosa - Redacción LA GACETA.

"El mayor capital que uno puede tener es la confianza de otro hombre. Ser un hombre público no me da la posibilidad de hacer y de decir lo que quiera impunemente. Ser bueno es fácil. Lo difícil es ser justo", afirmaba Roberto Sánchez. Don Vicente, su padre, quiso anotarlo en el Registro Civil como Sandro ese 19 de agosto de 1945, pero no lo dejaron porque el nombre figuraba entre los aceptados. Con el tiempo, el cachorro se desdoblaría en el tiempo y haría realidad los deseos paternos de "ser alguien en la vida" en la piel de Sandro y de "ser decente ante todo", a través de Roberto.  Comprendió con los años que "nunca hay que comprarse lo que uno vende, porque más importante que el artista es el hombre".
Sigue siendo un misterio por qué el público idolatra a un artista o a una persona. En su caso, tal vez pueda conjeturarse que ello se debió a su profesionalismo que se reflejó en el respeto por la gente, a la total entrega, a una conducta coherente arriba y abajo del escenario, a la simpatía, a la seducción, pero principalmente a vivir la canción que es lo que conduce a una comunicación plena. "No hay nada prefabricado. Vivo la canción, la siento... Lo principal creo que es la personalidad y el interés que el artista despierta en cada presentación", decía Sandro.

Nadie lo detuvo

En el humilde hogar de Valentín Alsina, donde transcurrió su infancia y su adolescencia, Sandro despertó a dos pasiones: la guitarra y el dibujo. Al comenzar la década del 50 la desenfadada figura de Elvis Presley irrumpió en la música popular internacional con el rock and roll, pero también Bill Halley y Eddie Pequenino. Tal vez en forma premonitoria, a los 12 años, Sandro personificó en la escuela a Presley y sintió que se le abría una ventana a la música. Surgieron los primeros conjuntos, en los que se limitaba sólo a tocar la guitarra. Por disfonía del vocalista, el 6 de mayo de 1962, Sandro debutó como cantante y desde entonces nadie lo detuvo. Luego vendrían los primeros discos y éxitos, giras por el país y el exterior, películas.
De un estilo frenético en los comienzos, se volcó luego a la balada romántica y sus canciones no tardaron en aferrarse al corazón de miles de admiradoras: "quiero encerrar a tu mirada entre mis manos, luego abrazarte, llenarte de calor, para que el frío de los años no te dañe, y conservarte como a una bella flor...", dice en "Quiero llenarme de ti" o "la noche se perdió en tu pelo/ la luna se aferró a tu piel/ y el mar se sintió celoso/ y quiso en tus ojos estar él también", escribe en "Penumbras".

Amores silenciosos
Hombre de profunda religiosidad -no necesariamente religioso- y de trabajo, Sandro guardó celosamente sus amores en sus silencios y pese a la fama, supo preservar su intimidad afectiva, separando siempre a Roberto Sánchez de Sandro. "Mi pensamiento me llevar a agradecer. No me cansaré de repetir esta palabra. Mi permanencia se la debo a la gente. Tengo la suerte de permanecer porque ellos me eligieron. Mi balance se compone de una palabra: gracias", afirmaba.
Ayer partió ese Gitano que quería vivir, dejándoles a sus "nenas" un pañuelo mojado de ternura y un escrito en el viento: "este amor es fuego abrazador y es manantial, es algo que se toma y que se da, sin exigir con inquietud descontralada. Este amor refugio de alegria y de dolor es unico en la historia de amor porque es total? este amor nació con el deber de perdurar por siglos de los siglos como el mar que habita desde siempre nuestra tierra. Este amor más grande que el deseo de vivir; jamás podría nadie destruir nuestro amor?"

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