Cuando la mujer empezó a litigar

Entrevista a la doctora Elsa Villagra de Billone.

14 Mar 2006
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LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ

En la actualidad, las mujeres ocupan un lugar destacado en el Poder Judicial. En esta capital, por ejemplo, en el fuero de Familia y Sucesiones, hay magistradas al frente de cinco de los siete juzgados y ellas ocupan tres de las cuatro vocalías de la Cámara. Esto, que hoy es tan normal, era impensable hace 60 años, cuando Elsa Villagra de Billone comenzó a estudiar Abogacía, como alumna condicional (aún le faltaban algunas materias para recibirse de bachiller en la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento) en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Era la única mujer y también lo fue por algunos años en Tribunales porque en 1950, cuando se graduó con apenas 22 años y empezó a ejercer, todos los letrados, funcionarios y jueces eran varones (antes se había graduado otra abogada, que se dedicó a la docencia). Cinco años después se convirtió en la primera magistrada mujer (otras dos colegas que se habían recibido después que ella fueron designadas defensoras), ya que integró la Cámara de Paz Letrada, el equivalente a los actuales juzgados en Documentos y Locaciones. Hoy se siente un poco pionera de la avanzada femenina.

-¿Cómo fue su irrupción en un mundo de hombres?
-En la Facultad me hice rápidamente de un grupo de amigos. Uno de ellos, Rubén David, hoy está en el Tribunal de La Haya en reemplazo de Carmen Argibay. Ellos no se sorprendían, me protegían. Pero sí había prejuicios. El profesor Miguel Aráoz (Derecho Constitucional), por ejemplo, me aconsejaba que me cambiara de carrera. En tono gracioso, me decía que estudiara Geografía o Historia, porque eso sí era para mujeres.

-¿Qué pasó cuando llegó la hora de ir a Tribunales?
-Acompañaba a mi hermano a las audiencias (Felipe Alberto Villagra), como para ir aprendiendo, pero esperé como cuatro meses para jurar, porque no quería verme obligada a ejercer. Pero, finalmente, lo hice. Era rarísimo, porque todos eran varones. El primer contacto con esa negativa de los hombres lo había tenido a una semana de haberme recibido. Antes no existía el Colegio de Abogados y los letrados se reunían en una confitería a cenar para despedir el año. Como me había recibido una semana antes de ese hecho, mi hermano me había comprado una tarjeta. Todos me acogieron muy amablemente, salvo por un colega muy mayor, que dijo: "yo no le confiaría a una mujer ni un pleito de $ 100". Me quedé preocupada, pero mi hermano me dijo que no debía tomar en cuenta lo que me decían, y que para ser abogado hacía falta mucha entereza y honradez.

-Los clientes ¿también se sorprendían?
-Heredé los clientes de mi hermano, quien un año después de que yo me gradué se fue a vivir a Buenos Aires. Algunos sí tenían prejuicios, pero los fui venciendo. Aún recuerdo mi primera audiencia. A uno ahora le toca litigar con profesionales a los que conoce ese mismo día. Pero antes, como éramos poco los que ejercíamos, nos conocíamos todos. A la primera audiencia fui porque mi hermano se había ido impunemente de viaje a Buenos aires (sonríe) y me dijo: "tenés que ir vos, porque también sos apoderada en la causa". Por suerte el otro abogado era un compañero de la Facultad, de apellido Jiménez Ruiz. Aunque estábamos aterrados, logramos avenir a nuestros clientes.

-¿Qué le aporta una mujer al Derecho?
-Antes, la mujer ni siquiera votaba, porque se consideraba que tenía que estar en la casa, atendiendo a los hijos y al esposo. El tiempo demostró que, además de hacer eso, puede ser una excelente profesional. En cuanto al Derecho, en asuntos de Familia, por ejemplo, la mujer tiene más sentimiento y se involucra más.

-Usted también integró el primer Consejo Asesor de la Magistratura (CAM)...
-Fue una experiencia muy rica, que hay que rescatar y perfeccionar ahora que se discute el sistema de selección de los jueces. Debería haber concurso, pero con eso no basta. Hay que saber si la orientación del postulante coincide con la del cargo por cubrir. También valoro la experiencia de vida del futuro juez. Todo tiene que ser ajeno a la política, porque una persona capaz, pero huérfana de influencias o de vinculaciones, también debe tener posibilidades, además de derecho, de acceder a la magistratura. Pienso, y no por corporativismo, que deben ser sus pares (los abogados) y aquellos que los ven litigar (jueces) quienes deben seleccionar a los candidatos. El Tribunal de Etica del Colegio de Abogados, por ejemplo, puede ser consultado, para definir si el postulante reúne el perfil intachable que debe tener un juez.



DETRAS DEL ESCRITORIO
DATOS PERSONALES: Elsa Villagra de Billone. Tiene 77 años. Es viuda, tiene seis hijos y nueve nietos.

DATOS PROFESIONALES: es la segunda mujer que se graduó y se recibió de abogada en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT. Fue vocal de la Cámara de Paz Letrada durante cuatro años. En 1991, en representación del Colegio de Abogados, integró el primer Consejo Asesor de la Magistratura (CAM).