Un total de 90 vacantes entre los centros judiciales Capital, del Este, Concepción y Monteros serán cubiertas a partir de la finalización de los exámenes del Concurso para Personas con Discapacidad, convocado por la Corte Suprema de Justicia en diciembre pasado de los que participaron más de 350 aspirantes.

“Este concurso -explicó el Presidente de la Corte, Daniel Leiva- fue llevado adelante en el marco de la Convención Internacional de las Personas con Discapacidad y teniendo en cuenta el ajuste de procedimientos que se deben realizar para que las personas con discapacidad participen en igualdad de condiciones y de oportunidades en los concursos abiertos, democráticos e inclusivos”. Leiva destacó además que se trata del sexto concurso de estas características que se realiza en el Poder Judicial de Tucumán. “Esto nos posiciona en la vanguardia de las buenas prácticas para que las personas con discapacidad puedan acceder a un trabajo en la Justicia”, dijo.

El proceso del concurso se organizó por etapas, según explicó Teresita Comolli, directora de Recursos Humanos del Poder Judicial, quien advirtió que fueron pensadas para que todos los participantes pudieran atravesarlas sin dificultades.

La primera de estas etapas, el período de inscripciones, se realizó  en febrero. La Corte encomendó a las distintas oficinas técnicas la elaboración de material de apoyo para los aspirantes, como la reelaboración de los contenidos de estudio para el examen de ingreso, con el fin de adecuar esos materiales al lenguaje claro. Así, elaboraron manuales en lenguaje comprensible, que se pusieron en la página web, en formato PDF y Audio. Por otro lado, también se pusieron a disposición 16 videos subtitulados y en lengua de señas, en los cuales las y los especialistas de las distintas áreas del Poder Judicial explican el contenido del material de estudio.

Entre marzo y abril se realizaron entrevistas interdisciplinarias, de las cuales participaron 352 aspirantes, para detectar las necesidades de los concursantes y garantizar que cada uno de ellos llegara al examen en igualdad de condiciones, contemplando los ajustes que cada persona requiera en su singularidad. “Nos concentramos en conversar con todos los inscriptos para saber qué necesidades particulares tenían y así pudimos detectar, por ejemplo, si alguien necesitaba alguna silla especial, o adaptar la altura de un escritorio, o la intervención de un intérprete”, explicó Comolli. “Hemos trabajado con un modelo social, para conocer qué clase de apoyo necesitaba cada uno de los aspirantes y hemos adaptado los exámenes para que todos pudieran rendir en igualdad de condiciones”, agregó.

Finalizadas las entrevistas, se dispusieron clases de consulta optativas para el examen, en las que se recorrieron los manuales de estudio y las personas pudieron realizar todas las consultas necesarias en base al material explicado en los manuales y videos. Los aspirantes pudieron participar de manera presencial o por zoom, de acuerdo a la preferencia de cada uno.

Finalmente se realizó la etapa de los exámenes, que se organizó por turnos y teniendo en cuenta los distintos tipos de discapacidad de los aspirantes. En el caso de las personas con dificultades en la audición, por ejemplo, se utilizó aros magnéticos y también estuvieron presentes intérpretes de lengua de señas. Para la situación de los no videntes, las personas concursantes rindieron con un software lector de pantalla, con el lector Nvda  y/o con amplificador. Las personas con problemas de movilidad, en tanto, contaron con escritorios y sillas adaptados a sus necesidades.