Me enteré de que Alfredo Lepera (uno de los letristas de Gardel) visitó en Francia un cementerio donde yacían los restos de los caídos en la primera guerra mundial (por ese entonces se la conocía como “La gran guerra”: obviamente nadie sabía que habría otra igual de dramática). Notó que había cinco tumbas grabadas con un mismo apellido, y supuso que se trataba de cinco hermanos. Eso le inspiró para componer la letra del tango “Silencio”. La letra estremece: trata de una mujer que pierde lo más amado que consiguió en su vida: nada menos que todos sus hijos. Es lo que generan las guerras. Los líderes del mundo, que con caprichosa e inconsciente arrogancia consideran a los demás mortales como meros peones de ajedrez, deberían escuchar ese tango. Debemos promover a Lepera aunque parezca pasado de moda, precisamente porque no debería estarlo. Debemos exaltarlo más que a Maradona o a Messi; no porque Lepera fuera argentino (en realidad nació en Brasil, pero nadie es perfecto). Sé que sería ingenuo de mi parte pretender que mi reclamo sea atendido por líderes como Putin, pero ¡quién sabe! quizás un futuro líder lea esto.
Ricardo Manai
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