Se han conocido estos días diversos fallos por los cuales empresarios azucareros tucumanos son condenados en primera instancia por temas relacionados con la contaminación ambiental. Hoy son ellos y mañana quizás algunos de otras actividades productivas. Como de seguro se sucederán apelaciones es bueno que los Tribunales Superiores y la propia opinión pública meritúen ampliamente en su momento con la debida sensatez la conducta de los involucrados para no caer en la intrepidez de ver las cosas desde un solo ángulo. En efecto, en la difícil Argentina de hoy quienes emprenden, invierten, agrandan fábricas, aumentan la producción, incrementan el PBI y la base tributaria, dan trabajo y mueven la economía son sancionados. Es obvio que la defensa del medio ambiente es un concepto a respetar a pleno y es una prioridad insoslayable, pero debe armonizarse con la generación de trabajos. Si el Obispo Colombres, Jean Nougués, Etchecopar, Wenceslao Posse, Alfredo Guzmán y tantos otros pioneros de nuestros gloriosos primeros tiempos productivos se hubieran hecho segundas preguntas y dudado de tocar bosques y montes vírgenes e incorporar rugientes maquinarias hoy viviríamos cazando pirpintos en medio de la selva intocada. No existiría el Tucumán fecundo de hoy, incluido el bioetanol. También en su tiempo Nicolás Avellaneda al traer su locomotora triunfante, cambiando la geografía del continente, fue objeto de críticas y con sabiduría les contestaba: “Oigo decir que este Tucumán poético desaparecerá en breve, porque el humo de las locomotoras espesa la atmósfera y empaña los cielos. No lo creo, un país es doblemente hermoso cuando a los maravillosos aspectos de la naturaleza se han agregado las creaciones… La naturaleza se embellece bajo la acción fertilizante de la industria…” Si posteriormente William Cross en la década del 40 se hubiera cargado de preguntas sobre sus empeños para darle alcohol carburante al pujante Tucumán, hubiese quizás encontrado límites a su afán imaginativo. Hay también en abundancia muchos más ejemplos de pioneros y hacedores a quienes la historia los va valorando en el tiempo por la inmensidad de su obra creativa. A todos ellos les llegará por fin en algún momento el justo y merecido reconocimiento por todo lo que hicieron.

Horacio Ibarreche

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