La tragedia de la avenida de Circunvalación, ocurrida el sábado a las 6 de la mañana, ha puesto sobre el tapete, una vez más los añejos problemas derivados de la falta de iluminación y de los desafíos urbanísticos que plantea esa vía de circulación. Un conductor que circulaba en medio de la oscuridad y la llovizna chocó a una persona que cruzaba llevando una chapa, que perdió la vida. Le fue imposible evitar la tragedia, porque un vehículo que circulaba delante suyo, en el mismo sentido, había doblado bruscamente para esquivar a la persona que cruzaba. Cuando el conductor se bajó a ayudar al peatón, una camioneta embistió a la víctima, que estaba tirada en el pavimento. La doble colisión ocurrió en inmediaciones del barrio Las Piedritas de Alderetes. Quien manejaba la camioneta se retiró del lugar al ver. El conductor del auto, por su parte, fue brutalmente agredido por allegados a la persona que había fallecido.

La tragedia repite los dramas que se viven a diario en ese lugar donde parece no haber normas. “La oscuridad es la primera causante de tragedias en la autopista de Circunvalación, o al menos así lo interpretan los vecinos de los barrios Las Piedritas y Santa Teresita, que viven en las inmediaciones de la vía que constituye el principal acceso a San Miguel de Tucumán”, decía una vecina hace dos años a LA GACETA.

En efecto, accidentes de características tremendas como el del sábado son frecuentes. Baste mencionar la tragedia de un matrimonio cuyo auto chocó contra la baranda del puente de San Cayetano y cayó al vacío, a causa de haber chocado contra una rueda suelta en el pavimento en medio de la noche. Un hijo de 8 años de la pareja sobrevivió a la tragedia. En ese momento se habló también de otro asunto frecuente en los accidentes en la zona, que son los asaltos “araña” por los que malvivientes arrojan objetos o piedras en la calzada para obligar a los conductores a detener bruscamente sus vehículos o a disminuir la velocidad.

La autopista es una vía en la que se conjugan la alta velocidad, los animales sueltos, los carros de tracción a sangre, la gente que cruza obligadamente porque hay vecindarios a ambos lados de la carretera. Todo, en medio de la oscuridad, porque la iluminación -según dicen con frecuencia las autoridades- siempre es vandalizada.

Cabe pensar cuál es la salida ante esta situación, que, como se ve, cuesta vidas o bien genera conflictos tremendos. Hay muchas localidades tucumanas en cuyos accesos hay iluminación, y no hay problemas. Hay accesos principales en otras provincias que cuentan con buenas luces y no hace falta poner ejércitos para cuidar que no sean vandalizadas las luminarias.

Correspondería que las autoridades de Vialidad Nacional, las provinciales y municipales –de Alderetes y de San Miguel de Tucumán- acuerden estrategias para estudiar y resolver la forma de normalizar y mantener correctamente el acceso a la capital. No es aceptable que ocurran estas tragedias.