DEPORTES

HISTORIA DEL FÚTBOL AMATEUR EN LA ARGENTINA JORGE IWANCZUK

(Edición de autor – Buenos Aires)

Historia del fútbol amateur en la Argentina, de Jorge Iwanczuk, cuenta desde los inicios desde ese deporte hasta que se profesionalizó, en los años 30. El libro, de 405 páginas, fue publicado originalmente en diciembre de 1992. Fueron 3.000 ejemplares que se vendieron en poco tiempo. Descatalogado, dejó un hueco que se puede llenar recién ahora, que se acaba de reeditar con nuevas estadísticas, como resultados de partidos y tablas de posiciones. También hay fotos y dibujos de época. Y relatos sobre jugadores y equipos. Para actualizarlo, Iwanczuk -fundador del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF)- trabajó con un equipo de personas que le brindaron ayuda con la diagramación y la distribución. Todo a pulmón. El autor siguió adelante, lo reeditó y ahora lo vende por su cuenta a través de la web.

“El fútbol amateur es la parte de la historia que faltaba. Este libro es el trabajo de mucho tiempo. No tomar a la etapa amateur como parte de nuestra historia sólo porque no era profesional es como negar la historia de una persona antes de los 18 años porque no era mayor de edad”, analiza Iwanczuk en diálogo con LA GACETA.

Para entender más de qué se trata, el periodista especializado en deportes Ezequiel Fernández Moores escribe en el prólogo: “Tomé dimensión cabal de nuestras omisiones cuando me topé con la Historia del fútbol amateur en la Argentina, de Jorge Iwanczuk. Leyendo por primera vez sus páginas comprendí como nunca la magnitud del despropósito. La injusticia. Esa es la palabra más precisa que encuentro para definir lo que sentí al leer los informes formidables de los hermanos Brown, del Racing de Francisco Olazar, Alberto Ohaco y Juan Perinetti, del Boca cinco veces campeón de Américo Tesoriere, del Huracán cuatro veces campeón de Césareo Onzari y Guillermo ‘Filtrador’ Stábile y, entre otros, del Gimnasia y Esgrima La Plata de Francisco Varallo, campeón de 1929”.

“Este trabajo no pretende constituirse en el único y definitivo, pero sí aspira a ser un punto de partida para que otros puedan completar la tarea de búsqueda”, invita el autor en su Nota al lector.

Las 405 páginas incluyen resultados de más de 10.000 partidos “hasta hoy desconocidos”. Hay “copas, torneos inconclusos y partidos anulados”. “Varios historiadores han aportado datos para enmendarlos e incluso se han logrado obtener muchos de los 55 resultados faltantes en la primera edición. Hoy sólo restan 16”, anuncia el autor.

“En los primeros años, los británicos venían en invierno y, acostumbrados a jugar en el barro, nos daban un baile terrible”, ensaya Iwanczuk en charla con LA GACETA Literaria. Hasta que apareció Racing, “que inventa el estilo rioplatense: jugar por abajo”.

Orígenes

El libro comienza con los orígenes del juego: diferentes elementos utilizados como pelotas y en distintos ámbitos A veces hasta se jugaba con cabezas de animales, según la cultura de la que se tenga información. Después aparecieron las reglas de lo que derivó en el rugby y luego en el fútbol. Reglado, se inició en Inglaterra y trascendió sus fronteras, a fines del Siglo 19. Canadá, Sudáfrica, Australia y Estados Unidos son los países que primero lo recibieron. Aparecen las federaciones y desde ahí pasamos a la Argentina. Partidos entre ingleses y argentinos, entre equipos no británicos en Argentina, argentinos contra uruguayos y selecciones. En 1912, Argentina se adhiere a la FIFA. Hay que leer, entonces, los nombres y apellidos de quienes dieron los primeros pasos para el crecimiento del fútbol local.

En 1891 se había jugado un torneo ignorado por la AFA, que recién dio el visto bueno al de 1893. Así quedó registrado oficialmente. Los barrios y también las escuelas son fundamentales para fomentar el deporte. Los recorridos de los trenes difunden la actividad. Cerca de las estaciones se arman las canchas. Pero todo se centraliza en Buenos Aires. No hay lugar para el interior. Eso, hay que reconocerlo, llegará con el profesionalismo.

Tucumán y allá lejos

La Liga Tucumana, que hoy tiene grandes referentes a nivel nacional, fue fundada recién en 1977. Aunque los equipos también tenían ya una historia. Habrá que remontarse a 1919 para oficializar a la Federación Tucumana. Atlético y San Martín marcarán el camino. Pero lo más destacado se juega lejos.

Y allá lejos, que es Buenos Aires, aparece el famoso Alumni de los hermanos Brown. “Alumni y Brown son como sinónimos”, suelta el autor. El Southampton revoluciona todo con su visita al país, en junio de 1904. “Jóvenes vigorosos que respiran vida por los poros. Son amables, simpáticos y reparten alegría por todas partes”, recuerdan los periodistas uruguayos de su visita previa a Montevideo. Una ovación los recibió en el puerto de Buenos Aires. Se los agasaja en el Jockey Club. Ganan, gustan y golean tanto en Argentina como en Uruguay. Para 1912 se despide el legendario Alumni, “colmado de pibes del colegio que no podían competir con los otros clubes que se dedicaban cada vez más al fútbol. No había recambio”, explica Iwanczuk. Ya entonces el profesionalismo pedía cancha. Los tiempos cambiaban.

Los cinco grandes

En 1913 asciende San Lorenzo y los cinco grandes inician la hegemonía que mantienen hasta hoy. Crece el fútbol y los medios de comunicación hablan cada vez más de este deporte. Hay violencia en las canchas y en la sociedad, se lee en la contextualización del autor. River y Boca son los más populares: ganan campeonatos pero todo se ve y se lee en blanco y negro; incluso El Gráfico, que deja la información general para darle atención a los deportes. Copa Municipalidad de Buenos Aires, Copa Competencia, Copa de Honor Cusenier y Copa Jockey Club. Cada vez más torneos y más entusiasmo. Iwanczuk no escatima datos ni hallazgos. Como cuando nos dice que en 1911 existían las figuritas de futbolistas, equipos y camisetas. Algunas se vendían con los chocolates.

Viaje espectacular en el tiempo, Historia del fútbol Amateur en la Argentina es una forma de entender cuánto tiempo vivimos desmereciendo un pasado tan grande como el de nuestro fútbol.

© LA GACETA

ALEJANDRO DUCHINI.