Durante el segundo semestre del año pasado, 61 firmas del Reino Unido redujeron un 20% las horas de trabajo de sus empleados, sin afectar su salario. Los resultados de la prueba, monitoreada por científicos de la Universidad de Cambridge -junto con académicos del Boston College (Estados Unidos), entre otros-, revelaron una significativa reducción del estrés y de las enfermedades entre los trabajadores. Los ingresos de las firmas casi no se modificaron; y de hecho aumentaron un 1,4%, en promedio. Directivos de 56 de las 61 empresas -el 92%- adelantaron su intención de mantener la semana laboral de cuatro días; y 18 de estos, incluso, dijeron que dejarán ese sistema en forma permanente.

La semana que viene, en el Congreso nacional comenzarán a debatirse tres proyectos de ley para reducir la jornada laboral. Dos en la Cámara Baja; provenientes de diputados vinculados al sindicalismo: uno, del ex secretario general de la Central de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) Hugo Yasky; el otro, de dirigentes de la Asociación Bancaria: la secretaria de Derechos Humanos, Género e Igualdad, Claudia Ormachea, y el secretario de Administración, el tucumano Carlos Cisneros. Y uno en el Senado, firmado por el ex presidente de Aerolíneas Argentinas Mariano Recalde.

El de Yasky plantea una jornada laboral de 40 horas, similar al caso de Chile. El país trasandino había aprobado una reducción de 48 horas semanales a 45, en una primera etapa; y a 40 ahora, en una segunda instancia. La iniciativa de los bancarios propone directamente una disminución a 36 horas por semana. El docente confía en que ambos proyectos se unificarán durante los debates en la comisión de Trabajo. En el Senado, Recalde también impulsa una reducción a 36 horas de trabajo semanales.

La clave familiar

“La reducción de la jornada laboral de 44 o de 48 horas semanales demostró ser muy positiva, tanto en la productividad como en la vida personal del trabajador, posibilitando una mayor integración familiar y el desarrollo de aptitudes extralaborales. Una jornada máxima de 35 horas semanales es bienvenida, siempre y cuando el proyecto no esconda afectaciones perjudiciales a la remuneración y a los demás derechos que el trabajador tiene en el régimen legal del contrato de trabajo”, puntualizó Oscar Ramón Cano, referente del Sindicato de Empleados y Obreros del Comercio (SEOC).

El dirigente recordó que en Tucumán el gremio viene planteando hace tiempo la necesidad de que el comercio trabaje en horario corrido; y en ese sentido, recordó la negativa de los empresarios. “Si se aprueba esta ley se debe evitar que disminuyan el salario; porque podrían llegar a decir que menos horas implican menos remuneración”, indicó.

El secretario general de la Federación Argentina de Agentes de Propaganda Médica, Salvador Agliano, remarcó que la reducción de la jornada de trabajo forma parte de la agenda de la Organización Internacional del Trabajo desde hace casi un siglo. Contó que dentro de América latina, la jornada máxima legal de la Argentina es superior a la de Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Venezuela.

Y subrayó que el caso de Chile no es aislado. “En Colombia se aprobó recientemente una ley que implicará una reducción progresiva de 48 a 42 horas semanales; y en países como Alemania, España, Francia y México se han impulsado debates y experiencias similares”, afirmó el también titular de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) Autónoma de Tucumán. Consideró que el momento para dar este debate en el país es muy propicio. “La tasa de desempleo se encuentra en niveles históricamente bajos, pero ello se debe a un crecimiento del empleo informal y del trabajo por cuenta propia. La reducción de la jornada permitiría lograr una mejor distribución del empleo formal entre los trabajadores y de las ganancias de productividad desde los empleadores a los trabajadores”, señaló. Los proyectos que se debatirán en el Congreso no obligan, sin embargo, a la cobertura, mediante nuevos empleados, de las horas liberadas.

Agliano también echó mano a los avances técnicos de las últimas décadas para argumentar en favor de la disminución de las horas de trabajo. “Es posible avanzar en una reducción de la jornada laboral y en un reparto del trabajo sin necesidad de reducir los salarios, modificando el patrón de distribución de los aumentos de la productividad que desde comienzos de los 80 han sido apropiados con exclusividad por los empleadores”, dijo.

“Electoral”

El presidente de la Federación Económica de Tucumán (FET), Héctor Viñuales, remarcó el momento en el cual ven la luz proyectos de esta naturaleza: “responde a necesidades de tipo electoral”. Viñuales desechó que una iniciativa de estas características pueda favorecer al aumento de la producción, en medio de otro marco legal que rige esta actividad económica. “Sería muy difícil, con los convenios (colectivos de trabajo -CCT-) que están en vigencia en la Argentina. Y eso cualquier persona -empresario o no- lo entiende”, señaló Viñuales.

A su criterio, se debe empezar a debatir cómo modernizar los CCT para ver cómo aumentar la productividad. “Con los que están hoy, es casi imposible pensar en que vamos a tener mayor productividad si alguien trabaja cuatro días en vez de cinco”, puntualizó.

A contrario de Agliano, Viñuales descree que la reducción de horas de trabajo redundará en la toma de nuevos trabajadores. “Con la problemática y el gran peso laboral que tenemos hoy no veo que se vaya a generar más empleo porque se reduzca la jornada laboral. Es muy difícil”, afirmó.

Según remarcó, los empresarios consideran que para aumentar la productividad se debe trabajar sobre la modernización de los CCT. “A partir de ahí hay que empezar a trabajar con otro tipo de modalidades. Pero hoy, como están planteados, es muy difícil llevarlo a cabo”.