El político que pretenda alcanzar algún cargo electivo cuenta en la actualidad con muchas vías para comunicarle al elector sobre su interés. Hoy resulta común, por ejemplo, que el ciudadano se entere mediante una historia de WhatsApp, de Instagram, de Facebook, o mediante una publicidad en las redes sociales.
Pero una metodología acaso puede colgarse la cucarda de ser la primera herramienta de comunicación electoral -de la historia, y del mundo-, porque su existencia precede, incluso, a la imprenta, con la cual luego pudieron imprimirse volantes y afiches: las pintadas en los muros.
Tiempo antes de cada elección, algunas paredes de distintas ciudades de la provincia aparecen pintadas con los nombres de los candidatos a distintos cargos. En ocasiones, además, se lee un nombre o un apodo: la firma del responsable del grupo de pintores.
Uno de ellos, apodado “El 22”, suele salir con un equipo de ocho personas. “Dos blanquean las paredes; y a los cinco minutos, cuando ya se va secando, pasa el letrista, que pone la leyenda, según para quién se trabaje. De ahí, hay opciones: sombra o relleno de las letras; y algún color especial o bandera, que identifique el partido. Otras dos personas hacen el relleno. En mi caso, la mitad de la letra va en blanco; y la otra mitad, en celeste”, contó a LA GACETA.
La jornada laboral, en su caso, comienza alrededor de las 19.30 a 20. El grupo se reúne en un centro vecinal a comer algo que no requiera demasiada faena; unas hamburguesas, unos choripanes. “Mientras, vamos llenando los tachos, preparando la cal, el color azul, y viendo que no nos falte nada”, contó. Y también alistan la conservadora. “Llevamos café -en especial, cuando hace frío-; y también agua, soda o gaseosa. Antes se tomaba, no voy a mentir. Pero hace tiempo que ya no. Esto es un trabajo, y en muchas ocasiones nos cruzamos con policías que nos piden que nos identifiquemos y que digamos qué estamos haciendo y para quién laburamos; y no da hablar con un policía habiendo tomado alcohol”, afirmó “El 22”.
Hasta las 5, como máximo, su equipo recorrerá distintas partes de la ciudad. “Hasta esa hora ya tenemos que estar descargando o terminando la última pintada. La idea es que no nos vea la gente que sale a trabajar temprano, porque a veces les irrita e insultan. Ellos no saben que este es un trabajo, que esa plata va para la casa”, dice.
Los precios que se pagan varían según el rol de la persona en el equipo. “Los blanqueadores, los que rellenan y el que va moviendo la cal y alcanzado las cosas pueden cobrar entre $ 2.000 y $ 3.000 la noche. Pero el letrista... al dirigente le conviene tenerlo ‘contenido’, porque si no hablamos de $ 10.000 o $ 15.000”, precisó.
La jornada laboral incluye unas 40 pintadas. “Yo les vendo un servicio; ellos (los candidatos) dicen cuántas paredes quieren. Las pintadas pueden ser chicas o grandes; por ejemplo, un ‘Jaldo, Manzur y (el nombre del postulante a un cargo legislativo) 2023’ es una pintada”, detalló “El 22”, que tiene 48 años. El material lo poner el postulante: cal, pintura late blanca y de otro color, una cantidad importante de ferrite negro, entre otros.
Daniel Romero tenía 15 años cuando comenzó con las pintadas, en la primera mitad de la década del 80 del siglo pasado. Sus primeras pinceladas las dio en Leales, de donde era oriundo su padrino, el caudillo peronista Alberto Herrera, fallecido en 2016. “Siempre pinté para el Partido Justicialista (PJ); empezamos con las internas; no era algo común. Creo que soy uno de los pioneros”, dijo. En efecto, las pintadas políticas habían menguado hasta prácticamente desaparecer durante la dictadura; y de chico, acaso, Daniel nunca haya visto alguna.
“Luego empezamos en la Capital. Y cuando mi padrino fue electo senador provincial entré a laburar con él. Con el tiempo pinté para varios candidatos; hoy tengo 53 años, y siempre hice esto”, contó. Precisó, sin embargo, que no lo hace por la plata. “Yo laburo en una comuna, hace más de 30 años que estoy efectivo; lo hago porque soy peronista, siempre laburé para el PJ, de toda la vida”, explicó.
Mariano tampoco sale a pintar por la paga porque, de hecho, en su caso directamente no la hay. “Los compañeros que salimos a pintar y a ‘afichar’ militamos en el Polo Obrero, en distintos barrios. No cobramos; consideramos que es una de las tareas militantes en un organización a la hora de hacer una campaña electoral”, dijo. De hecho, remarcó que las listas del Frente de Izquierda y de los Trabajadores - Unidad están integradas por algunos miembros del Polo Obrero. “Muchas veces el mismo compañero candidato pinta su propio nombre”, observó.
Encuentros nocturnos
Las pintadas se realizan, mayormente, durante la noche y la madrugada, cuando la ciudad duerme. Las calles, entonces, quedan liberadas, y bien podría darse el caso en que grupos de pintores de distintos candidatos se encuentren al mismo tiempo frente a una única pared. ¿Qué sucede entonces?
“En algunas elecciones hubo problemas; pero con los años eso ha cambiado. Varios de nosotros hemos trabajado para distintos políticos, y nos conocemos. Entonces quedamos de acuerdo, para no andar peleando. Uno dice ‘mañana mi jefe tiene un acto en la zona sur, no quiero que me tapés las paredes; dejá que muestre mi trabajo, no me lo arruinés’. Entonces nosotros nos vamos hacia otra zona; es una cuestión de respeto, porque se está ganando el pan”, dijo “El 22”.
Esto no significa, precisó, que no se tapan las pintadas de otros candidatos. “Pero hay códigos; la dejás un par de días; luego la tapás. Y así pasa con la tuya: te la dejan dos o tres días, para que tu jefe la vea; y después la tapan. Y así se mantiene la paz”, admitió.
No siempre fue así. Por el contrario, “El 22” recuerda enfrentamientos graves. “Una vez, yo tenía 20 años, y andábamos ‘afichando’ cerca del hospital Padilla. Y nos cruzamos con un grupito como de 20 changos, que sacaron armas y empezaron a hacer tiros. Y otras veces hubo trompada y garrotazos. Había mucho fanatismo, pero los tiempos van cambiando; ahora si nos cruzamos con otro grupo lo hablamos, porque sabemos que debemos mostrar el trabajo”, dijo.
Daniel contó lo mismo. También él y su equipo apelan a las charlas en caso de que se crucen con otros grupos: “no es la idea terminar peleando”. No obstante, reconoció que en ocasiones se dan episodios de violencia, por lo cual toman sus recaudos. “Algunos no saben trabajar, te ven borrando una pared -cosa que uno puede hacer cuando ya pasaron algunos días- y se bajan a querer pelear; sobre todo, los changos más jóvenes, adolescentes. Entonces, además de los que estamos laburando vamos con otros cuatro o cinco muchachos que están atentos, mirando las espaldas”, señaló.
Mariano también aludió a los acuerdos tácitos que se dan en la noche. “Por supuesto que hay códigos con otros grupos, para que ninguno pinte sobre la pintada de otros esa misma noche. Nos encontramos, y nos ponemos de acuerdo, dividimos las paredes”, precisó.
Pasión
“El 22” se esmera en que su trabajo quede bien, prolijo, y en que resulte agradable a la vista. Reprocha esas pintadas que se hacen a las apuradas, con solo el apellido del postulante, y con trazos descuidados. “Para mí las pintadas son una pasión; me meto mucho en el papel, lo hago con el corazón. Me siento orgulloso de lo que aprendí de este trabajo durante mi vida. Y así yo trato de enseñar; pero algunos chicos no entienden. Vienen como si fuese una obligación. Por eso me fijo mucho en la gente que llevo a trabajar, trato de que se asemejen a mí, en la pasión por esto, que es parte de folclore de la política”, manifestó “El 22”.
En nombre de esa pasión, tiene sus muros preferidos. “Las paredes grandes, los paredones; ahí se luce mucho el trabajo. Cerca del canal sur hay uno de casi 400 metros. De estos, en la Capital nos están quedando tan solo cerca de San Cayetano, y por la Roca”, contó. Y remarcó que hay paredes intocables: “los murales son lindos; no nos metemos con los murales”.
Daniel también disfruta de salir a pintar. “Es lindo. Uno conoce mucha gente, y comparte lindos momentos. Pinto para mi compadre, y cuando este finalmente salió concejal fue muy lindo. Éramos chicos cuando empezamos con él a transitar este camino. Tengo millones de amigos; me encanta mi laburo, salir a pintar con los muchachos, en las buenas y en las malas”, destacó.