El miércoles pasado, casi 400.000 chicos retornaron a clases y, desde entonces, circular por algunas zonas, especialmente las cercanas a los establecimientos educativos, se ha vuelto un problema. Un inconveniente del que nos olvidamos fácilmente en diciembre, pero que vuelve a sorprender en marzo. Esto, obviamente, pone en evidencia numerosas situaciones vinculadas con la vida urbana que en algún momento deberán ser analizadas en profundidad por las autoridades. En estas líneas es imposible abordarlas a todas, pero vamos a intentar ocuparnos de algunas de ellas.

Es cada vez más claro (en esto coinciden urbanistas y dirigentes políticos) que en la zona oeste es necesario pensar alguna alternativa para mejorar la circulación de un sector que ha crecido de forma exponencial. Nos referimos al eje que integran Yerba Buena, Cebil Redondo, Villa Carmela y Tafí Viejo. Por allí corre el obsoleto Camino del Perú, que está al borde del colapso. A lo largo de esta ruta hay varios puntos críticos que se potencian los días de clases. Los más importantes se encuentran en los sectores en los que funcionan establecimientos educativos, como la escuela Justiniano Frías, en San José, y la Islas Malvinas y el colegio III Milenio, ambos en Villa Carmela, entre otros. Si bien suele haber inspectores de tránsito ordenando la circulación en los horarios de entrada y salida, los riesgos siguen siendo altos: no hay que olvidarse que esta es una ruta fue cercada por un crecimiento urbano desordenado y las banquinas hoy son utilizadas como veredas.

Un lugar especialmente crítico es aquel en el que está emplazada la plazoleta San Cayetano. Allí, el Camino del Perú se divide en dos: un tramo continúa hacia Villa Carmela por la denominada “Curva de los Vega” y el otro se encamina hacia Lomas de Tafí pasando por los barrios Congreso y Casino. Este punto merece un tratamiento urgente: el caos vehicular que se genera no puede ser resuelto simplemente con varitas (que, por cierto , aparecen unas pocas horas al día durante la semana). Hace falta pensar en otros sistemas. Quizás sean semáforos o, tal vez, alguna obra de envergadura que permita ordenar una circulación que se vuelve cada día más anárquica.

El escenario caótico que se produce en los alrededores de las escuelas en los horarios de entrada y salida de los chicos no es patrimonio exclusivo de la zona oeste, claro está. Ocurre en toda la capital y el Gran San Miguel, inclusive en las cercanías de los poquísimos colegios que cuentan con playas de estacionamiento propio. Desde el microcentro hasta las afueras de la ciudad. Eso no hace más que reflejar que las medidas que se han tomado hasta ahora para intentar mejorar la situación han fracasado. Y no sólo es culpa de las autoridades municipales que no supieron hacerlas cumplir, sino también del desinterés de miles de padres por los derechos de sus conciudadanos: para muchos es más fácil estacionar en triple fila en la puerta del colegio que dejar el auto algunas cuadras más adelante y acompañar a pie a sus hijos a la puerta del establecimiento.

Frente a este panorama, los conductores van buscando alternativas para llegar a sus destinos y evitar el pandemonium en el que suele convertirse el centro en los horarios pico. Para quienes se mueven por la zona norte del Gran San Miguel, la avenida Francisco de Aguirre se ha transformado en una buena alternativa que les permite circular con relativa agilidad de este a oeste y viceversa, y tomar calles que los llevan directo hacia la zona central (o que los saquen de ella). Creemos que es importante que, dado el incremento notable de caudal de tráfico de todo tipo, sea repavimentada en toda su extensión. Porque hoy, tal como está, constituye una amenaza para los trenes delanteros.