En su “Historia del Espejo” (Edhasa, 2014), Sarine Melchior-Bonnet, titular del Colegio de Francia y miembro de la cátedra de Historia de las mentalidades en el Occidente moderno, recorre las dos maneras en las que ese objeto, nacido para reflejar, fue considerado a través de las épocas.
Ha habido, por un lado, concepciones laudatorias. Llegó a ser una metáfora de lo divino. Durante el Medioevo, una de las representaciones de Dios era de la de un “espejo perfecto”: tan “reluciente que se refleja a sí mismo”. De entre los “Padres de la Iglesia”, San Agustín -recuerda este libro- sostenía que la Biblia era un espejo del esplendor de Dios y la miseria del hombre.
Por otro lado, las categorizaciones negativas. El cristianismo también lo demonizó: lo consideró herramienta de la vanidad. En el filme “Constantine” (2005) Keanu Reeves practica un exorcismo con un espejo: el demonio que había poseído a una joven termina embelesado y atrapado en él.
“El espejo era un objeto peligroso”, advierte en el prefacio de la obra el historiador Jean Delumeau. “En la duplicación siempre se desliza una diferencia”. Por ejemplo, describió, la mano izquierda se convierte, dentro del espejo, en la mano derecha del que mira.
Esa circunstancia torna al espejo en un oscuro objeto de deseo: el hecho de que esa creación humana, que se limita a reproducir lo que se coloque delante de ella, devuelva una imagen que muestre esa realidad y no otra, pero cambiada. Una duplicación de lo que es, pero invertida.
En este punto, quien más aguda y poéticamente advirtió la cuestión fue el matemático inglés Charles Ludwidge Dodgson. Mejor conocido como Lewis Carroll. En el primer capítulo de “Alicia a través del espejo” (Ediciones del Sur, 2004, página 10), la protagonista se imagina que puede cruzar el espejo hasta la casa reflejada. “Alicia inventa un universo más allá de las apariencias, más bello que el universo cotidiano, y que sin embargo se le parece”, describe Melchior-Bonnet en su “Historia del Espejo” (391). Alicia se imagina la habitación del otro lado: “Bueno, en todo caso, sus libros se parecen a los nuestros, pero tienen las palabras escritas al revés”.
Esa ficción literaria, reflejada en el espejo de la política nacional, es la más pura realidad de la Argentina. En esta primera semana de marzo, nunca se vio tan nítidamente al “relato” oficial como el reflejo invertido de la realidad. Los discursos del Presidente de la Nación lo testimonian.
Palabras al revés
El Centro Cultural Kirchner, en CABA, fue el viernes pasado el escenario de una ceremonia cuasi inadvertida. Desde el día anterior, la Argentina era una de las malas noticias del mundo, y Rosario la mala noticia de la Argentina, por las amenazas contra la familia de Lionel Messi.
En medio de ese estrépito, Alberto Fernández encabezó la jornada “Un país, una respuesta”, organizada por la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, para recordar que hacía tres años, el 3 de marzo de 2020, se registraba el primer caso de covid-19 en la Argentina.
“Gobernar en la pandemia es como andar en un pantano. Uno nunca sabe dónde pisa y se hunde”, dijo para iniciar su mensaje el jefe de Estado. Y de inmediato comenzó a espejar la realidad, devolviendo un reflejo invertido de lo que fueron los años duros del coronavirus.
“De lo que nadie habla es de que fueron atendidos por la salud pública 10 millones de personas que se curaron en la salud pública”, aseveró el mandatario nacional. En verdad, tal vez los argentinos no tuvieron la cifra, pero de la gesta de los trabajadores de la salud los argentinos no sólo hablaban: también ovacionaban. Mientras que en países como México se discriminaba a los médicos, y hasta se los exiliaba de los edificios donde residían, aquí los balcones y los patíos se poblaban de aplausos para honrar a los que ponían sus vidas en juego para sanar vidas ajenas.
Es en el cuarto gobierno “K” donde nadie habla de las razones por las cuales la pandemia fue el apogeo y también la caída de la imagen presidencial. No fue magia, ni fue un pantano.
“Estamos todos en el mismo barco. ‘Aquí nadie se salva solo’, recordaba una y otra vez, parafraseando al Papa Francisco. Y no nos salvamos solos”, dijo el titular del Poder Ejecutivo mientras los ministros de Salud lo vitoreaban. Pero resulta que lo ocurrido fue al revés.
El cuarto gobierno “K” montó un “Vacunatorio VIP”. En diciembre de 2020 comenzaron a llegar las primeras dosis de vacunas a la Argentina. La prioridad era para el personal de Salud, pero Ministerio de Salud de la Nación inmunizaba de manera paralela a funcionarios, a sus familiares y amigos, y a sindicalistas. El hecho se conoció por un periodista respetado por los “K”: Horacio Verbitsky. Por ese escándalo, el Presidente echó a Ginés González García como ministro de Salud. Pero el viernes, en su discurso de realidad inversa, lo reivindicó.
A la pandemia “le pusimos el pecho, le pusimos toda la fuerza, toda la garra, para que no se llevara las vidas que no debía llevarse de la Argentina”, manifestó al auditorio de Ministros de Salud de las provincias. Lo que ocurrió fue distinto, aunque se le parece. Lo que hizo el Gobierno fue ponerle vacunas, cuando no correspondía, a un selecto listado de personas: esos son los argentinos que el oficialismo decidió que el coronavirus no se llevaría. Según una denuncia de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas, 1.205 fueron los elegidos para “quedarse”. Los inmunizaron en hospitales en CABA, Quilmes, Mercedes, Lomas de Zamora y Morón.
Lo que el Presidente no dice es que él mismo minimizó el hecho. El 23 de febrero de 2021, cuatro días después de echar a Ginés, declaró en México su enojo contra el Poder Judicial (para el kirchnerismo, los jueces siempre tienen la culpa de todo). “Terminemos con la payasada. Yo les pido a los fiscales y a los jueces que hagan lo que deben (…). No hay ningún tipo penal en Argentina que diga ‘será castigado el que vacune a otro que se adelantó en la fila’”.
Luego, no debiera extrañar el orgullo del procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Zannini, quien logró prioridad para inmunizarse como “Personal de Salud”. “Me arrepiento de no haberme sacado la foto”, fue todo su mea culpa. Se refería a los jóvenes de La Cámpora que también conseguían vacunas anticipadas y sonreían para la cámara con los dedos en “V”.
“No es momento de celebración, es momento de recordar”, abundó Alberto en el CCK. En rigor, él ya tuvo su celebración. El 14 de julio de 2020, cuando estaba vigente la cuarentena dura, el mandatario participó de una fiesta en Olivos por el cumpleaños de la primera dama. “El brindis” para “la querida Fabiola” se había celebrado mientras regía la prohibición de las reuniones sociales y mientras millones de compatriotas se encerraban durante meses, resignando afectos en momentos críticos, y también relegando la posibilidad de trabajar para ganarse el sustento.
¿El “momento de recordar” estará referido en la demora para comprar vacunas de Pfizer (el país tenía prioridad porque el laboratorio había testeado aquí el producto) y la obsesión por adquirir sólo vacunas chinas y rusas, como si la ideología fuese más importante que la inmunización?
Lo de hacer memoria de la pandemia es tan incómodo para el oficialismo que la anfitriona de las jornadas, la ministra Vizzotti, realizó a la prensa, ese viernes, declaraciones confusas, aunque reveladoras. “Es muy necesario hablar no sólo para ver lo que fuimos capaces de hacer sino también para tener memoria hacia adelante”. El cuarto gobierno “K” quiere recuerdos del futuro: los de hace un par de años le deben resultar insoportables…
“Hubo un estado presente que les dio los insumos para que ustedes pudieran trabajar”, concluyó el Presidente en su mensaje a los ministros de Salud de las provincias. Se olvidaron, eso sí, de ese insumo indispensable que es un salario digno. Para hablar de Tucumán durante esos años evocados por el jefe de Estado, en 2020 el aumento salarial para los trabajadores de la salud fue del 0% (sí: cero por ciento), mientras que la inflación fue del 36%. Al año siguiente les dieron una suba del 30%, mientras que la inflación fue del 51%. Hoy, tal y como reclama el Sindicato de Trabajadores Autoconvocados de la Salud (Sitas), en ese sector, tan homenajeado en los discursos presidenciales, se cobran aquí sueldos por debajo de la línea de pobreza.
Imágenes invertidas
El “relato” oficialista actúa como un espejo que devuelve una imagen invertida del país. El miércoles pasado, en la apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso, el discurso del mandatario nacional fue un libro de palabras escritas al revés.
La vicepresidenta Cristina Kirchner, tras afrontar un juicio ante jueces y fiscales de la democracia designados en anteriores gobiernos “K”, es “perseguida”. La condena en su contra por administración fraudulenta, que no está firme porque es de primera instancia, es “proscripción”.
La Ciudad de Buenos Aires, según la Ley 23.548, debe recibir un porcentaje de la Coparticipación Federal de Impuestos “de la parte que le corresponde a la Nación”. Pero según Alberto Fernández, no figura en el convenio de coparticipación, no tiene derecho a esos fondos, y lo que se le destina a la CABA se le quita a las provincias.
Finalmente, aunque el kirchnerismo reformó dos veces el Consejo de la Magistratura en su intento por coparlo (en 2006 con la Ley 26.080 y en 2013 con la Ley 26.855), es la Corte Suprema de Justicia de la Nación la que intenta tomar ese organismo por asalto.
Lewis Carroll también se ocupó de ello en “Alicia a través del espejo”. En el capítulo VI (página 88), la protagonista mantiene una discusión:
- Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.
- La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
- La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…
El “relato” otra vez enfrenta el espejo. Según el artículo 99 de la Constitución Nacional, el Presidente: “Es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país”. Pero la política nacional devuelve una imagen diferente…