En la zona del Mercofrut se encuentra la escuela El San Salvador, ubicada en avenida de Circunvalación y avenida Américo Vespucio. Esta acoge a 600 alumnos provenientes de los barrios Autopista Sur, San Cayetano, Las Piedritas y El Salvador, el establecimiento funciona como comedor e institución.
Durante el paso por la educación formal los alumnos de la escuela, según sus docentes, conviven con problemas de índole social y económica, emocionales, familiares, interpersonales, relacionados con el aprendizaje que viene de padres no alfabetizados y con la convivencia con situaciones de violencia, abusos y roces con adicciones, lo que en algunos casos llevan al fracaso escolar. “Si bien las clases comenzaron el día miércoles, nosotros dimos inicio a nuestro ciclo el jueves porque hubo una gran adhesión de docentes al paro y, como es automático, al haber paro los papás decidieron no mandar a los niños a la escuela”, explicó el director de la escuela, Francisco Gutiérrez.
“La característica de la zona es que los alumnos terminan de reintegrarse a las aulas en mayo y durante estos meses se puede ver las filas de papás para matricular a sus hijos”. En esta línea Margarita Cruz, vicedirectora, detalló: “pese a que tuvimos una política de preinscripción fuerte, desde noviembre seguimos viendo esta demora”. El docente Ariel añadió que “luego de la cosecha de la uva, que termina en abril, vemos el retorno de un gran alumnado, porque muchas familias trabajan en la cosecha desde temprana edad”.
Noelia Mariana Gil, preceptora, también dijo que “la situación económica está afectando bastante, algunos no tienen el dinero para inscribirse, vienen a avisar a la escuela que están haciendo ‘changuitas’ para cubrir los gastos escolares y entonces la labor educativa se hace muy transcendental”.
Familias numerosas
En cuanto a las familias de niños que asisten a la escuela, los directivos comentan que son numerosas, de 14 a 15 hermanos, de diferentes apellidos, y que durante el año también suelen modificar sus apellidos.
Al respecto, Griselda Correa, mamá de alumnos, comentó: “somos 13 en mi casa; compartimos todo con mis hijos, mi hijo con mi nuera y sus tres hijos, mi hija casada que vive en el fondo de mi casa. Todos mis hijos fueron a la escuela, inclusive hoy vine acompañada de mi hija, ex alumna del establecimiento, que está estudiando Trabajo Social y forma parte de la Secretaría de Adicciones de la Provincia”.
“Existe un acompañamiento continuo en la escuela; nosotros pasamos a formar parte de su familia y conocemos todo tipo de realidades. Hay familias disfuncionales, hay alumnos que trabajan en el mercado”, detalló la preceptora Noelia Gil. “Enseñar acá no es para cualquiera; los docentes son comprometidos y muy dedicados, hay que ponerse al lado del alumno y ayudarlos a salir hay situaciones que pasan de lo pedagógico, hablamos de drogadicción, disgregación familiar –añade Rosalía, docente y tutora-. No solo vemos el rendimiento académico sino con quién vive, cómo vive y si cobra asignación; también interferimos en algunas situaciones que los papás no pueden resolver”.
Sobre la propuesta educativa y social, Gutiérrez mencionó: “Nosotros somos una institución muy participativa, tenemos muchos viajes; la escuela siempre encuentra la forma de juntar los fondos y al papá le sale menos del 50% del viaje. Eso también se tomó como incentivo en matrícula porque la última promoción viajó a Camboriú”. La vice Cruz añadió: “imagínate, para un joven del Mercofrut, conocer la playa, chicos que son changarines, toparse con una cultura diferente fue impactante, así que pensamos este año sostener ese viaje pero todo girará en torno a la inflación”.
En la escuela es central la comida para los chicos. “Si bien el comedor es absorbente y nos abocamos a eso, buscamos precios; cuando no hay cocineros los profes cocinan y tratamos de crear un hábito de comer con el alumnado sin interrumpir clases, por lo cual se los llama una hora antes”, mencionó Gutiérrez.
El desafío del futuro
En tanto que sobre los desafíos en este nuevo año lectivo, Gutiérrez dijo que “desde el año pasado nos pusimos como objetivo que el alumno termine la secundaria, que es un pensamiento que en la zona es muy complejo, porque para la familia, luego de salir de la escuela primaria, culturalmente deben comenzar a trabajar. Pero aun pese a que son menos, es un orgullo que muchos chicos están terminando la secundaria, inclusive continúan con sus estudios universitarios”.
Cruz detalló: “tenemos profesionales; enfermeros, abogados y algunos interesados en el ingreso a la Policía, la Armada y Gendarmería”. Eso sí, el profesor Ariel aclara los tantos: “de 130 alumnos que entran en primer año de la secundaria sólo egresan entre 35 y 45”. Pero esos 35 a 45 se hacen valer.
Emilce, ex alumna de la institución, que fue a acompañar a su mamá a matricular a sus hermanos, dijo: “fui a la primaria y secundaria en esta escuela, que convive con la droga, con la inseguridad y quizás el olvido; desde acá puede educarme y el comedor ha ayudado a eso”. (Producción periodística: Emilse Valerio)