El 50% de los jóvenes no terminan el secundario, mientras que un 16% lo culmina en tiempo y forma y el 34% termina adeudando materias o repitiendo cursos. La repetición escolar se puede definir como el proceso de cursar nuevamente el mismo año académico, cuando no se alcanzan los logros propuestos para el mismo. A menos de una semana de comenzar el ciclo lectivo 2023, el gobierno de la provincia de Buenos Aires generó una polémica al anunciar los avances de un proyecto que permitiría que los alumnos bonaerenses puedan “llevarse” numerosas materias de un año al otro, lo que en los hechos significaría terminar con la repitencia, iniciativa que el oficialismo defendió para que “los chicos no abandonen la escuela”.

El argumento principal es que la repitencia empuja a la deserción. El ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyk, respaldó la reforma y aseguró que hay evidencia científica que prueba que no es útil que alumnos vuelvan a cursar contenidos ya aprobados. “Tenemos que lograr una escuela a la que vayan todos, que sea más exigente, pero que todos aprendan y encuentren allí su proyecto de vida”, sostuvo.

Las críticas al proyecto llegaron rápidamente, principalmente por la oportunidad de presentarlo, y por ello se postergó el tratamiento. “Vamos a seguir trabajándolo aunque hemos dejado la discusión en el Consejo General”, dijo Alberto Sileoni, director general de Cultura y Educación bonaerense.

La deserción escolar un problema mayor. Los dos años de pandemia, en donde se cursó con interrupciones de la normalidad escolar, dejaron a 198.000 alumnos sin escuela. En 2022 ese número no se había reducido. “Los chicos no aprenden todo lo que tienen que aprender y no logramos vincular la escuela al mundo del trabajo”, aseguró Perczyk.

La pandemia trajo grandes modificaciones en el régimen escolar primario y secundario. Las calificaciones, el esfuerzo, ir en contra del mérito, las reglas de juego de la escuela y las sanciones se modificaron y, según algunos especialistas en Educación, este nuevo proyecto bonaerense sigue restando herramientas a las escuelas y a los directores que deben poner límites en la adolescencia. ¿Cómo se debe hacer para demarcar esos límites como sociedad? ¿No es acaso la escuela el primer lugar donde se aprende a socializar y a convivir, a seguir reglas y pautas –y también a cuestionarlas? Si no explicamos en la escuela esas pautas, ¿dónde lo haremos?

El foco debe ser puesto en el aprendizaje. La oferta educativa es importante y también lo es el tiempo que los chicos pasan en la escuela, que se incrementó en una quinta hora en este último año y que debería ir en aumento hasta una escolaridad de jornada completa. No está mal que se planteen la reformas, pero se debe tener en cuenta el momento de discutir y planificar políticas educativas, y además estas no pueden ser sectoriales y circunscriptas a una sola provincia, sino analizadas en el marco global del país.