Por César Chelala - Columnista invitado

El acuerdo entre Israel y el Líbano para demarcar su frontera marítima es un logro histórico entre dos países en conflicto, que podría dar paso a acuerdos adicionales sobre otros temas; una potente estrategia que podría disipar siglos de desconfianza. A principios de 1900, Tucumán recibió numerosos inmigrantes de países árabes, entre ellos mi padre que emigró del Líbano. Tucumán también fue el hogar de una numerosa población judía que había huido de la persecución previa a la Segunda Guerra Mundial. Allí presencié, siendo adolescente, un microcosmos de convivencia pacífica y colaboración entre árabes y judíos. Docenas de negocios de árabes y judíos se alineaban en el centro comercial de la ciudad. Muchos de estos negocios continúan coexistiendo hoy.

Sin embargo, los diplomáticos estadounidenses y los funcionarios árabes e israelíes han demostrado ser ineficaces y unilaterales en su enfoque para resolver el largo conflicto entre palestinos e israelíes. Creo que si en mi ciudad natal se podía encontrar una narrativa común basada en intereses comerciales compartidos, lo mismo podría ocurrir ahora para promover la paz entre árabes y judíos.

Si bien las iniciativas de salud por sí solas no garantizan la paz, particularmente donde abundan las tensiones políticas, culturales, psicológicas y religiosas, a menudo sirven como un punto de contacto útil entre las partes en conflicto. Durante la década de 1980 en América Latina, los violentos enfrentamientos entre los contras de Nicaragua y los sandinistas despertaron el interés de la Organización Panamericana de la Salud, la oficina regional de la Organización Mundial de la Salud. Como resultado, la OPS implementó la estrategia “La salud como puente para la paz” para brindar atención médica a las poblaciones que vivían en zonas devastadas por la guerra. Su trabajo resultó en los llamados Días de Tranquilidad en El Salvador y Perú, durante los cuales miles de niños fueron vacunados contra la poliomielitis, la difteria, la tos ferina, el tétanos y el sarampión. Lo notable: las actividades de la OPS contaron con el respaldo de funcionarios gubernamentales y fuerzas guerrilleras rebeldes. La preocupación por la salud pública era un terreno común.

El mismo enfoque se ha utilizado en Oriente Medio. Desde su fundación en 1988, la Asociación de Médicos Israelí-Palestinos por los Derechos Humanos creó dos fondos para abordar el abandono sanitario de los hijos de los trabajadores inmigrantes palestinos: el Fondo de Atención Médica para Niños Palestinos y el Fondo Médico para Niños de Trabajadores Extranjeros. También lleva a cabo actividades de capacitación para profesionales palestinos de la salud y se ha convertido en una destacada defensora de la salud y de los Derechos Humanos en la región. Desde los Acuerdos de Oslo de 1993, se crearon varios grupos de salud que brindaron servicios de salud a los palestinos.

En 1995, el difunto rey Hussein de Jordania invitó a funcionarios del Programa de Intercambio Científico Internacional de Canadá para fomentar una mejor colaboración entre médicos árabes e israelíes. Canadá, Israel y Jordania han disfrutado de un excelente intercambio académico, e israelíes y palestinos han trabajado juntos en publicaciones y simposios científicos.

La cooperación no se limita al campo médico. En música, dos orquestas formadas por músicos árabes e israelíes se han presentado en varios países: una, la Orquesta por la Paz, creada por el fallecido músico argentino Miguel Ángel Estrella, y la otra, la Orquesta West-Eastern Divan, cofundada por Daniel Barenboim, el pianista y director de orquesta israelí nacido en Argentina y Edward Said, el difunto profesor palestino-estadounidense. A esos esfuerzos de paz contribuye el trabajo que se lleva a cabo en la escuela Tabeetha, la única escuela de la Iglesia de Escocia en el mundo. La escuela, ubicada a cuarenta millas de la Franja de Gaza, en el puerto israelí de Jaffa, da la bienvenida a todos los niños, independientemente de su raza, nacionalidad, género o religión. “No importa de qué religión provengan”, dijo Margaret MacDonald, directora de la escuela, “no se puede saber si los niños son judíos, musulmanes, o son no creyentes; todos reciben exactamente el mismo trato.”

Se ha gastado tanto dinero intentando, en vano, castigar a la otra parte, cuando se podría dedicar un esfuerzo menor a crear un ambiente propicio para la paz que tendría repercusiones en todos los países de la región. El reciente acuerdo entre Israel y Líbano es una pequeña pero valiosa contribución a la paz en la región.

La paz entre israelíes y palestinos no se logrará de la noche a la mañana, pero solo a través de un esfuerzo masivo que involucre a la ciudadanía desde distintas perspectivas se podrá lograr la reconciliación entre ambos pueblos. En una región azotada por la desconfianza, el miedo arraigado y la violencia, tender puentes de entendimiento y colaboración son los mejores antídotos contra la guerra y el odio. Este tipo de acciones, por sí mismas, no traerán una solución permanente al conflicto, pero crearán las condiciones que harán que la paz en el Medio Oriente no solo sea posible sino inevitable.