La naturaleza fue muy generosa con el territorio de Tucumán, siendo esta provincia bastante atractiva para gente de todo el mundo que la visitaba y que llegaron a manifestar que era “El Jardín de la República”. Pero los hombres de Tucumán, en especial los políticos, borraron de este suelo todos esos atributos que teníamos que conservar: su prodigiosa flora, su cuidado del agua, la educación de su gente, la seguridad ciudadana, sus reliquias, la higiene de su ambiente, es decir todo el antiguo atractivo que supo tener. ¡Qué pena! Y seguimos ese ritmo destructivo, sin recomponer nuestras cosas que se deterioran cada vez más, como si fuera esa nuestra intención. No cuidamos nuestros diques; todos los años nos preparamos para evacuar a la gente afectada por las crecientes de los ríos en el Sur; no cuidamos la contaminación del ambiente ni el vaciado de desechos tóxicos al río Salí; no les damos solución a los residuos sólidos que abundan por doquier; no cuidamos ni mejoramos en sistema de canales de desagües; no despejamos las villas que entorpecen las vías ferroviarias; no creamos fuentes de trabajo genuinas, sigue el Estado manteniendo subsidios de poca monta; más todo lo demás que la gente observa y no tolera. Y me atrevo a decir que todo es fruto de los gobiernos que tuvimos en la Provincia, salvo pocas excepciones, como los mandatos de Miguel Campero, Juan Luis Nougués y Celestino Gelsi. ¿Cuando será el día en que la política se dedique a gobernar en serio, sin promesas ni engaños, para que comencemos, de nuevo, a alardear de la provincia que tenemos.

Enrique Julio Ortega 

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