Hace pocos días fallecieron en Santiago del Estero dos niños de origen tucumano en un accidente de tránsito. Los menores, de 8 y 9 años, iban en la caja de una camioneta cuando el vehículo fue embestido por otro auto. En milésimas de segundos, los niños salieron despedidos y perdieron la vida. Y no es un caso aislado: las lesiones producidas por el tránsito son la principal causa externa de muerte entre niños de 1 a 15 años. Se cobran -según datos del Ministerio de Salud de la Nación- cinco vidas de menores por semana.
Las razones son muchas. Según un informe de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) hay varios factores que influyen en estos números. “Entre los principales factores de riesgo que ocasionan víctimas fatales por el tránsito en Argentina, se encuentran la falta de uso de cinturón de seguridad y sistemas de retención infantil (SRI), los factores de distracción, siendo el principal el uso del celular, la falta de uso de casco, en motos y bicicletas, el consumo de alcohol y otras sustancias, el exceso de velocidad, la falta de legislación uniforme y aplicación efectiva y la falta de inversión en infraestructura”, describió Lucas Navarro, médico pediatra, secretario consultor del Comité Nacional de Prevención de Lesiones de la SAP.
Los números muestran que esto es una realidad: entre 2010 y 2019 hubo un promedio de 266 muertes de niños por año. De hecho -alertan en la SAP- en 2019 murieron 32 niños por meningitis, mientras que 181 fueron víctimas del tránsito. Y no deben ser llamados accidentes -advierten- porque con medidas concretas se pueden predecir y reducir.
Preocupación
El choque en Rapelli -que también se cobró la vida de un adulto, además de varios heridos- puso sobre la mesa otra vez la irresponsabilidad de algunos conductores al volante. ¿Por qué hay tanta muerte de infantes en accidentes?. “Existe una percepción de escaso nivel de control. Mucha gente cree que no va a haber consecuencias si rompe las reglas de tránsito, entonces circula sin elementos de seguridad o habiendo consumido sustancias. Además, existe una disparidad en la normativa legal a lo largo del país, todos elementos que atentan contra una vía pública segura para todos”, consideró el pediatra Rubén Zabala, también de la SAP.
LA GACETA intentó contactarse con el Hospital del Niño Jesús, a fin de tener datos actualizados sobre la situación en la provincia, pero no hubo respuesta. Según informes realizados con anterioridad, la cuestión toma más gravedad con el paso de los años: en 2015, el número de menores heridos en accidentes se había multiplicado por 10, y el 70 % de las muertes de chicos en la capital era por traumatismo. Las motos -claro está- tienen la mayor incidencia.
Se calcula - dice la SAP- que solamente el 55% de los conductores utiliza el cinturón y 1 de cada 5 pasajeros de asientos traseros lo hace. Además, solo 1 de cada 4 (26,4%) de los menores de 10 años circula con el elemento de seguridad necesario. Por otra parte, solo 4 de cada 10 (42%) menores de 4 años viajan con un sistema de retención infantil, las “sillitas del auto”, y por si fuera poco el 85% de estos sistemas está instalado incorrectamente.
“Corregir estos factores salva vidas: no hay manera más clara de decirlo. Usar el cinturón e instalar correctamente la sillita para los menores puede cambiar el destino de nuestros hijos, sobrinos y nietos. Existe una falta de percepción del riesgo a la hora de subirnos al auto, pero la realidad es que, por más de que uno sea prudente al volante, las colisiones pueden existir y los elementos de seguridad pueden salvarnos la vida y prevenir lesiones graves y, en ocasiones, irreversibles”, aseveró el Osvaldo Aymo, médico pediatra.
Medidas
En la SAP consideran que existen cinco estrategias para prevenir los accidentes, que definen como un problema de salud pública. La primera medida es lograr que exista una legislación actualizada, uniforme y de aplicación efectiva. “Los países desarrollados ya demostraron que los controles efectivos, sostenidos en el tiempo y al azar aumentan el uso de cinturón, casco, SRI y evitan el exceso de velocidad, los factores de distracción y el consumo de sustancias”, advierten. En segunda instancia, es necesario conseguir incentivos e infraestructura. hay que “fomentar el uso de modos más seguros, saludables y sostenibles de desplazarse”. Como antecedente, citan el caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). “La construcción de ciclovías y los créditos de 50 cuotas del Banco Ciudad de Buenos Aires lograron que los viajes en bicicleta pasaran del 0,4% en 2009 a representar el 4% del total de viajes que se realizaron el 2019”.
En cuarto lugar -advierten- se hace imprescindible lentificar el tránsito. Sería clave (en algunos municipios de Tucumán esto ya existe) lograr la reducción de la velocidad en zonas urbanas a 30 kilómetros por hora, con señalización y con radarización. En último lugar, la SAP considera que sreía de gran validez lograr la existencia de un programa de seguridad vial infantil que “debe tener un objetivo claro, medible; sus acciones deben ser guiadas por las prioridades que dicten las estadísticas actualizadas y, fundamentalmente, basadas en la evidencia. Deben aunar esfuerzos y articular estrategias los organismos estatales oficiales, Ministerio de Salud y organizaciones civiles afines a la prevención de lesiones y muertes ocasionadas por el tránsito”, indican.