El martes, la noticia sobre el fallecimiento del médico Juan Luna Pastore derivó en una sucesión de mensajes conmovedores por parte de sus allegados, diversos profesionales de la salud y la gente que alguna vez pasó por su consultorio.

En las redes sociales, tampoco faltaron las publicaciones con recuerdos y agradecimientos por el trabajo que realizó en nuestra provincia. En especial, al haber operado durante años a niños, jóvenes y adultos con labio leporino o fisuras de paladar sin cobrar honorarios.

“A través de sus intervenciones mucha gente logró mejorar su calidad de vida y salir de círculos de mucho dolor y discriminación por su aspecto físico y las complicaciones que aparecían con esas enfermedades. Cuando viajaba a los hospitales del interior, había incluso personas que lo esperaban por horas y cargaban sus bolsos a cuestas porque venían de otros departamentos”, comenta Juliana Mancera, madre de uno de sus antiguos pacientes.

En 2002, su hijo Ivo tuvo que ser internado de urgencia por una infección bucal; producto de un mal desarrollo de la dentadura. “Debido al labio leporino tampoco lograba comunicarse bien y por varios años tuvo que asistir a una fonoaudióloga. El doctor fue nuestra salvación porque en ese tiempo pasábamos por problemas económicos y pagar una operación semejante implicaba dejar de comer y poner en pausa la escuela”, explica.

Inicios e historia

El especialista en otorrinolaringología nació en Asunción (Paraguay). Aunque fue allí donde arrancó la carrera de Medicina, luego se trasladó a Argentina y continuó sus estudios en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Ya con el título en mano, Luna Pastore realizó su residencia en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires.

Al regresar a la provincia, decidió abrir su propia clínica de cirugía de nariz. El espacio funciona hoy en calle San Martín 132 y contempla un equipo interdisciplinario dedicado también a la medicina estética y tratamientos de cosmiatría.

Luna Pastore obtuvo gran reconocimiento gracias al accionar social que brindó a lo largo de sus más de 27 años de carrera. En ese sentido, hubo una experiencia que lo marcó a fondo.

Hace alrededor de 20 años, conoció a un hombre que se dedicaba a la albañilería y padecía labio leporino. Ante la urgencia de tratamiento, él se ofreció a operarlo sin ningún costo extra; a excepción de los materiales quirúrgicos (por aquella época valuados en alrededor de $ 300). No obstante, su interlocutor rechazó la oferta porque le resultaba difícil conseguir el dinero y prefirió darle prioridad a las necesidades de su familia.

Movilizado por el episodio, Luna Pastore se propuso hallar alguna alternativa para que los ciudadanos de bajos recursos pudieran atenderse y acceder a las cirugías correspondientes.

En 2000 su objetivo se concretó después de reunirse con un grupo de profesionales que compartían su misma visión y obtener ayuda del Ministerio de Asuntos Sociales de la provincia: el Estado le facilitó un quirófano en el Hospital Centro de Salud Zenón Santillán y aceptó cubrir el importe de los insumos requeridos para cada intervención.

Bajo la campaña “Por la sonrisa de un niño” sus esfuerzos lograron que alrededor de 150 personas fueran operadas.

“Cuando era pasante en la Municipalidad de San Miguel de Tucumán me encontré con él en dos ocasiones. Recuerdo que solía darnos tarjetas de presentación para que, en caso de conocer a alguien con labio leporino mientras hacíamos rondas en algunos barrios de la periferia, le diéramos su contacto”, detalla la asistente social Rocío Oviedo.

De esos encuentros, ella rescata su compromiso genuino con los afectados. “Se por testimonios de amigos que en varias oportunidades pudo además conseguir alojamiento gratuito para sus pacientes del Interior y familiares en complejos deportivos o casas particulares durante la etapa de rehabilitación o el postoperatorio”, agrega.